El 4 de noviembre de 1993 Raúl Alfonsín y Carlos Menem se reunieron en la casa de Dante Caputo, en la localidad bonaerense de Olivos (NA)
El 4 de noviembre de 1993 Raúl Alfonsín y Carlos Menem se reunieron en la casa de Dante Caputo, en la localidad bonaerense de Olivos (NA)

El ex presidente Raúl Alfonsín llegó temprano la mañana del jueves 4 de noviembre de 1993 a la casa de quien había sido su canciller, Dante Caputo, en Olivos, a poca distancia de la quinta presidencial que hacía poco más de cuatro años ocupaba el riojano Carlos Menem.

El Calabrés, como le decían sus correligionarios a Caputo, no estaba en su casa sino en Chipre, donde había un contingente argentino de Cascos Azules por el largo conflicto de aquel país isleño. Caputo estaba allá integrando una misión de Naciones Unidas. Por eso, Alfonsín fue recibido por Anne Morel -la esposa de Caputo – y se sentó en la cocina.

Alfonsín no estaba solo. Lo acompañaba Mario Losada, por entonces presidente de la Convención Nacional de la Unión Cívica Radical, que le traspasaría ese cargo al propio Alfonsín apenas un mes después. También estaba con él una figura clave no sólo del partido sino de los armados políticos en la Argentina: Enrique Coti Nosiglia, la principal espada política de Alfonsín en situaciones de crisis.

Esperaban a un visitante importante: a tomar mate con ellos iba nada menos que Carlos Menem. El entonces presidente llegó acompañado por el el mendocino Eduardo Bauzá -secretario general de la Presidencia-, un Eduardo Duhalde que había sido avisado a último momento (era por entonces gobernador bonaerense) y otra figura clave para lo que se iba a cocinar ese jueves 4 de noviembre: Luis Barrionuevo, líder de los Gastronómicos, de fluido trato y acuerdos con Nosiglia. Es más, sin estos dos hombres, es difícil pensar en ese desayuno.

Menem no andaba con vueltas: quería la reelección en los comicios de 1995. Había asumido cinco meses antes de lo establecido (en julio de 1989 y no en diciembre, por la crisis de la hiperinflación que adelantó las elecciones y la entrega del mando) y sentía que contaba con el apoyo popular para un nuevo mandato.

Dante Caputo no estuvo presente pero ofreció su casa para el encuentro
Dante Caputo no estuvo presente pero ofreció su casa para el encuentro

Eran muchos los indicadores que avalaban su estrategia reeleccionista. En efecto, ese 1993 terminaba con una inflación de menos de dos dígitos. Aunque parezca una película de terror conviene recordar que 1989 y 1990 batieron récords: más de 3000% y más de 2000% respectivamente. En cambio, 1991 empezó con la novedad de que un dólar valía un peso y entonces los precios empezaron a bajar: ese año la inflación fue del 84%, en 1992 del 17,5% y en 1993 bajaba a 7,4%.

Por otra parte, las elecciones legislativas de ese 1993 le habían sonreído a Menem, un 42,5% en Diputados, a los que el riojano aspiraba agregar los votos del Modin (Aldo Rico, 5,8%) y los de los Alsogaray (Ucede, 2,6%). Los radicales habían obtenido un digno 30%, una cifra insuficiente para frenar la ola reeleccionista que, además, iba acompañada de una reforma constitucional.

Esa mañana primaveral en la cocina de Caputo, Anne Morel dejó solos a los invitados que no necesitaban ollas y sartenes para elaborar un producto que marcaría los próximos años de la Argentina.

El propio Alfonsín había planteado una modificación de la Carta Magna en un organismo creado durante su gobierno: el Consejo de Consolidación de la Democracia. En abril de 1986, el entonces presidente se despachó ante un auditorio aliado con que quería trasladar la capital a Viedma y reformar la Constitución para que la Argentina fuera más parlamentarista que presidencialista, a tono con las ideas socialdemócratas.

Eso sí, Alfonsín advirtió en ese momento que de reformarse la Carta Magna el mandato presidencial debía ser de cuatro años con derecho a un período más. Aclaró, de modo enfático, que eso no regiría para él, que no podía ser el que cambiara las reglas en beneficio propio.

Alfonsín había fracasado en el intento, por problemas en sus propias filas además de la negativa de la oposición. Pero ahora el panorama parecía haber cambiado: los gobernadores de Chubut, Carlos Maestro, y de Río Negro, Horacio Massaccesi –muy cercano a Nosiglia-, estaban de acuerdo en ir por el camino del cambio. Pero Eduardo Angeloz, gobernador de la estratégica provincia de Córdoba, se declaraba prescindente.

En julio de 1989, cinco meses antes de lo previsto, se produjo el traspaso de mando entre Alfonsín y Menem (NA)
En julio de 1989, cinco meses antes de lo previsto, se produjo el traspaso de mando entre Alfonsín y Menem (NA)

Para Menem no era fácil sumar dos tercios de las dos cámaras, número imprescindible para que se llamara a una Constituyente. Pero el riojano tejía fino: en Diputados, el aliado de Menem Francisco Durañona y Vedia (de la Ucedé) había presentado un proyecto para que la votación se hiciera con los dos tercios de los presentes y no del total de las cámaras. Sabía, desde ya, que el abstencionismo de Angeloz dejaría muchas bancas vacías. Y si con ese armado no alcanzaba, Menem ya había puesto en marcha un plebiscito para cambiar las reglas de juego que le permitieran competir por un segundo mandato en 1995.

Todo fue a fuego rápido

El mundo había cambiado mucho. No tanto porque las socialdemocracias estaban en baja sino porque la caída del Muro de Berlín (unos meses después de la asunción de Menem), seguida por el descalabro de la Unión Soviética, le dieron a Estados Unidos un poderío mundial sin precedentes. Domingo Cavallo se había hecho cargo de la cartera de Economía y la Cancillería era ocupada por Guido Di Tella, quien hablaba de relaciones carnales con Washington.

Alfonsín fue esa mañana de jueves a lo de Caputo a sabiendas de que sellaría un pacto beneficioso para Menem. Una década después, en el libro de su autoría Memoria Política (y ratificado en una entrevista con el periodista Pepe Eliaschev) Alfonsín sostuvo que cambió de posición de modo radical: había hecho campaña contra la reelección de Menem y, sin embargo, ante tantos datos en contra, consultó con el jefe del bloque radical de Diputados, Raúl Baglini, quien le dijo que no daban los números para mantener esa posición.

Menem y Alfonsín, durante el traspaso de mando
Menem y Alfonsín, durante el traspaso de mando

Entre mates y cafés con leche, Menem, Alfonsín y sus consejeros quedaron en fijar un nuevo encuentro antes de que terminara ese noviembre. La información era más que reservada. Pero como siempre, hubo filtraciones que llegaron a la prensa: el lunes 8, apenas cuatro días después, Ámbito Financiero, el diario del Pelado Julio Ramos largaba la bomba. Otro hombre de poco pelo, buenas fuentes y gran pluma escribía la nota con todos los ingredientes. Se trataba de un joven Carlos Pagni.

El domingo 14 de noviembre, el rumor se transformó en noticia confirmada: un acuerdo entre los dos partidos mayoritarios en la Argentina para modificar la Constitución.

La voz de Suárez Lastra

Facundo Suárez Lastra es abogado y radical desde la cuna. Su padre, Facundo Suárez, era de la generación de Alfonsín y fervoroso miembro de Renovación y Cambio, la línea liderada por el hombre de Chascomús. Suárez Lastra es diputado nacional y dialogó con Infobae.

"La reforma de la Constitución del 94 –dice- en términos del papel de Alfonsín y del resultado me parece que fue un acierto estratégico para la Argentina pero, al mismo tiempo, resultó un golpe duro a la credibilidad y la fortaleza del radicalismo. Alfonsín hizo una gran contribución haciendo de la debilidad fortaleza. Todo iba a una reforma unilateral del peronismo que estaba forzando la posibilidad de la reforma con dos tercios de los miembros del Congreso presentes como para tratar la ley que aprobara la reforma. Esto llevaba a una doble situación: en primer lugar, que hubiera una Constitución a la medida de lo que lograra el peronismo, sin límites; y, en segundo lugar, que iba a reiterar la impronta de las constituciones argentinas que siempre fueron constituciones de facción, como fue la del 49″. (N. de R.: primer gobierno de Perón. En aquel momento, el radicalismo logró la segunda minoría en la Asamblea Constituyente, asistió a la primera sesión y se retiró, sin votar la nueva Constitución. El argumento del radicalismo era la constituyente había sido votada por los dos tercios "presentes". Esa constitución fue derogada por el golpe cívico militar de 1955 del que formaron parte los radicales).

Alfonsín fue esa mañana de jueves a lo de Caputo a sabiendas de que sellaría un pacto beneficioso para Menem. Una década después, en el libro de su autoría Memoria Política (y ratificado en una entrevista con el periodista Pepe Eliaschev) Alfonsín sostuvo que cambió de posición de modo radical: había hecho campaña contra la reelección de Menem y, sin embargo, ante tantos datos en contra, consultó con el jefe del bloque radical de Diputados, Raúl Baglini, quien le dijo que no daban los números para mantener esa posición

Suárez Lastra define también a la reforma de 1957 como "facciosa". Fue aprobada durante la dictadura de Pedro Aramburu y con el peronismo proscripto. Tal fue el rechazo ciudadano que los votos en blanco –llamamiento del peronismo- superaron a los votos positivos.

"Siempre fueron constituciones impuestas por un sector de la sociedad –continúa Suárez Lastra-, a contramano de otro sector de la sociedad. Procurar un acuerdo que garantizara conceptos en los cuales Alfonsín había trabajado en el Consejo de Consolidación de la Democracia y también los acuerdos llegados entre Alfonsín y (Antonio) Cafiero cuando este presidía el Justicialismo, eran precedentes de diálogo entre ambas fuerzas políticas para lograr una Constitución que pudiera representar al conjunto".

Por entonces Domingo Cavallo se había hecho cargo de la cartera de Economía en el gobierno de Menem (AFP)
Por entonces Domingo Cavallo se había hecho cargo de la cartera de Economía en el gobierno de Menem (AFP)

El precio que pagó el radicalismo

"Fue un gran aporte de Alfonsín al logro de una mejor Constitución –dice Suárez Lastra-. Pero fue un costo enorme para el radicalismo y para el sistema político, un sistema históricamente bipartidista. En efecto, el más claro síntoma fue el resultado de la elección de convencionales constituyentes, donde el peronismo sacó el 38%, el radicalismo el 20% y el Frente Grande sacó el 13%, más el 13% que sacaron las distintas fuerzas. Así el radicalismo quedó muy disminuido en su capacidad electoral y también muy dividido en lo interno. Hubo dirigentes muy representativos –desde Fernando de la Rúa y Raúl Vanossi hasta Juan Manuel Casella o Federico Storani– que se opusieron de manera abierta a la estrategia de Alfonsín. Sin embargo, esta estrategia fue legitimada por la Convención Nacional que debatió y finalmente afirmó la propuesta de Alfonsín".

"En aquel momento yo estaba muy cerca de Alfonsín –sigue diciendo Suárez Lastra- y acompañaba la impronta y el proyecto. Además, presencié muchos de los debates. Creo que a Alfonsín -un experto en relaciones personales, diálogo y también en promover alianzas- le faltó una conversación previa antes de hacer los anuncios con De la Rúa, con Storani, con Vanossi y Casella, entre otros. Hubo errores de práctica política que lo hubieran dejado a Alfonsín más entero en el debate. Las fuertes diferencias en el radicalismo, más la irrupción del Frente Grande, le generaron una debilidad muy fuerte al alfonsinismo y al radicalismo en general que dejó de ser la segunda fuerza política, aunque recuperará después protagonismo haciendo alianzas".

“La reforma de la Constitución del 94 en términos del papel de Alfonsín y del resultado me parece que fue un acierto estratégico para la Argentina pero, al mismo tiempo, resultó un golpe duro a la credibilidad y la fortaleza del radicalismo”, asegura Facundo Suárez Lastra
“La reforma de la Constitución del 94 en términos del papel de Alfonsín y del resultado me parece que fue un acierto estratégico para la Argentina pero, al mismo tiempo, resultó un golpe duro a la credibilidad y la fortaleza del radicalismo”, asegura Facundo Suárez Lastra

Constitución y después

El análisis de la Convención Constituyente y la propia Constitución de 1994 –muy interesante- es ajeno a esta crónica. Sin embargo, vale señalar que ese 1994 fue el del atentado a la AMIA y su espantosa investigación, que fue el de la crisis del Tequila a fin de año y que golpeó a la Argentina llevando la desocupación al 15%.

En 1995, el escándalo de las armas enviadas de modo ilegal a Croacia y a Ecuador golpeó duramente a Menem.

A pesar de eso, el domingo 14 de mayo de 1995, el riojano fue reelecto por cuatro años más con el 49,94% de los sufragios. La fórmula de José Octavio Bordón y Carlos Chacho Álvarez (líder del Frente Grande) quedó segunda con el 29,33%. El radicalismo, con Horacio Massacessi de candidato, salió tercero con el 16,99% de los votos.

Tras este resultado, Carlos Menem se convirtió en el presidente que más tiempo continuado estuvo en la Casa Rosada: diez años y cinco meses.

Seguí leyendo