
El sol no da tregua en la Avenida 9 de Julio. Menos en el punto donde esa emblemática calle porteña se une con la Avenida de Mayo. Es que ese fue el lugar elegido por numerosas organizaciones sociales que decidieron marchar desde allí hasta el Congreso de la Nación en el Día Internacional de las Mujeres. Un grupo de adolescentes levanta los brazos para hacerle señas a una joven desorientada. Un grupo de mujeres, con paraguas en las manos, protege bajo la sombra escasa a bebés y niños pequeños. De fondo se oyen los primeros cantitos ("abajo el patriarcado, se va a caer, se va a caer") y el ruido de los tambores. Varios, en una fila rigurosa, se encolumnan detrás de una pancarta gigante de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP).
Hasta esa zona llegaron Noelia y Micaela, quienes junto a otras compañeras decidieron viajar desde Moreno hasta el centro porteño para no perderse una jornada histórica. Mientras esperan para encontrarse con otras amigas, hacen sonar sus bombos, con sus caras pintadas, los pañuelos verdes de la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito y brillo sobre los ojos. No bien dan los primeros golpes, se empiezan a acercar distintas personas para bailar al ritmo imponente de la murga que recién empieza.
Todas ellas forman parte de distintos espacios como el Centro Cultural Hugo Chávez, el merendero Bichitos de Haras y el Centro Cultural La Chicharra, en una de las localidades más castigadas del conurbano bonaerense. En diálogo con Infobae, cuentan las motivaciones que las llevaron a ser parte de la movilización.

"Venimos a la calle para decirle basta al machismo. Que nos vean, que nosotras trabajamos al igual que los hombres y a veces todavía más. Porque no nos reconocen como trabajo muchas cosas que hacemos. Nosotras trabajamos, llegamos a la casa y seguimos trabajando", relata Micaela, quien, como su compañera, forma parte de un centro cultural e integra el Movimiento Evita.
"Las mujeres de los sectores populares somos las más afectadas, las mujeres pobres somos las que menos tenemos acceso a la educación, a los trabajos en blanco, en el sistema formal", agrega Noelia.
Como ocurre ante distintas manifestaciones, la logística para quienes no viven en la ciudad de Buenos Aires implica organización. En este caso, cuentan que varios grupos hicieron colectas para pagar los colectivos que las dejaron en el centro y pintaron y estamparon las remeras que lucen hoy. Además, dado que todas las jóvenes manifestantes trabajan en comedores y merenderos que dan de comer a cientos de personas, en su mayoría niños, tuvieron que prever todavía más.
"Muchas de nosotras participamos de comedores, merenderos y centros culturales que sí o sí tienen que quedar abiertos hoy. Entonces eso fue parte de la organización durante la última semana: que nuestros compañeros varones hoy se organicen para quedarse y ocuparse de esos espacios. Más allá de que es importante que el paro de hoy sea efectivo, necesitamos garantizar que esos servicios que brindan cada uno de los comedores no se interrumpan", explica la joven, quien también agrega que durante los últimos meses participó de distintas asambleas y reuniones para explicar a otras mujeres los motivos de la movilización.
"Yo soy de Moreno Sur y formo parte del Frente de Mujeres del Evita de Moreno. Allá venimos haciendo asambleas con distintas fuerzas, de distintos partidos políticos. Nos venimos juntando. Nosotras al interior del Evita venimos haciendo asambleas en cada uno de los barrios. Se vienen haciendo charlas para contar por qué nos organizamos, junto a otras mujeres, venimos haciendo charlas sobre género, salud sexual", explica.

Sobre la decisión de manifestarse con bombos, las caras pintadas y haciendo pasos de murga, explicó: "De alguna manera esto forma parte de nuestra identidad. Pertenecemos a una organización que es peronista, entonces nos identificamos con el bombo, por ejemplo, o con distintos instrumentos de percusión. Además muchas de las chicas integran murgas en sus barrios. Eso que muchos llaman 'la mística peronista' lo tenemos muy impregnado. Y para eso también nos venimos preparando. Porque muchas chicas integran murgas pero no tocan los bombos, que por lo general tocan varones. Entonces también fue todo un paso organizarnos y aprender a tocar. Moreno es enorme y somos de barrios muy distantes entre sí. Algunas estamos a más de 30 kilómetros de la otra, pero pudimos poner días para ensayar y para ir aprendiendo. Lo nuestro es la percusión, la 'percu' feminista", concluye.
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