Por qué el ejercicio físico protege la vista: las evidencias para prevenir el glaucoma y la degeneración macular

Investigaciones de la Academia Americana de Oftalmología y la Universidad de Harvard confirman que la actividad aeróbica moderada mejora el flujo sanguíneo hacia la retina, disminuye la presión ocular y reduce la inflamación de los tejidos del ojo

Ilustración de un ojo con extremidades que levanta pesas, junto a pesas rusas, bandas elásticas, una botella de agua y una toalla.
La actividad física regular se asocia con beneficios potenciales para la salud ocular, la retina y la presión intraocular (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La salud ocular permite realizar tareas cotidianas, orientarse en distintos entornos y conservar una visión funcional a lo largo del tiempo. Sin embargo, el ojo puede verse afectado por infecciones, alteraciones de la superficie ocular y enfermedades que comprometen estructuras como la retina, el cristalino, el nervio óptico o la mácula. Algunos de estos cuadros pueden provocar molestias transitorias, mientras que otros se asocian con deterioro visual progresivo o irreversible.

Cuidar la visión requiere atención médica ante síntomas o diagnósticos oculares, especialmente en enfermedades como el glaucoma, la retinopatía diabética y la degeneración macular asociada a la edad. También implica considerar factores generales de salud, como el control de la diabetes y la presión arterial, además del nivel de actividad física.

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En ese marco, la actividad física podría ocupar un lugar relevante como complemento de otros hábitos de cuidado. La evidencia disponible sugiere asociaciones entre la actividad física regular y un menor riesgo o una progresión más lenta de algunas afecciones oculares, además de mecanismos potenciales relacionados con la circulación sanguínea, la inflamación y el estrés oxidativo.

Primer plano de un ojo humano con iris azul, verde y marrón, pupilas negras y pestañas largas. Hay una luz reflejada en el ojo.
La salud cardiovascular puede influir en la retina y la mácula porque el flujo sanguíneo aporta oxígeno y nutrientes al ojo (Imagen Ilustrativa Infobae)

La relación entre el ejercicio y la salud ocular

Una revisión de Frontiers in Medicine analiza estudios sobre ojo seco, miopía, cataratas, glaucoma, retinopatía diabética y degeneración macular asociada a la edad. Los autores indicaron que la actividad física puede influir de manera directa e indirecta sobre la fisiología ocular, con efectos potenciales sobre la presión intraocular, el flujo sanguíneo de la retina, la glucosa en sangre y los procesos inflamatorios.

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La retina es el tejido sensible a la luz situado en la parte posterior del ojo y necesita un aporte continuo de sangre, oxígeno y nutrientes para funcionar. De acuerdo con Verywell Health, Phillip Yuhas, profesor adjunto de la Facultad de Optometría de la Universidad Estatal de Ohio, explicó que la salud cardiovascular puede relacionarse con un menor riesgo de enfermedades oculares, ya que los problemas que reducen el flujo sanguíneo pueden limitar el aporte a la retina y la mácula.

La mácula es la zona central de la retina responsable de la visión nítida. La degeneración macular asociada a la edad puede comprometer esa función.

La Academia Americana de Oftalmología informó que, en un estudio experimental, dos grupos de seis ratones fueron observados durante cuatro semanas, con acceso o no a una rueda de ejercicio. Luego de un tratamiento láser diseñado para provocar alteraciones similares a las asociadas con la pérdida visual relacionada con la edad, los ratones activos presentaron hasta un 45% menos de daño ocular que los inactivos.

Un hombre con camiseta gris camina en un gimnasio mientras sostiene una mancuerna negra en cada mano.
La evidencia científica vincula el ejercicio físico con menor riesgo o progresión más lenta de glaucoma, retinopatía diabética y degeneración macular (Imagen Ilustrativa Infobae)

Ese experimento permite observar cambios biológicos en animales, pero no demuestra por sí solo el mismo efecto en seres humanos. J. Kevin McKinney, oftalmólogo y vocero de la Academia Americana de Oftalmología, afirmó que el estudio respalda investigaciones previas que sugieren una relación entre la actividad física y un menor riesgo de degeneración macular asociada a la edad.

La revisión de Frontiers in Medicine también recoge estudios observacionales en personas. Uno de ellos siguió durante hasta 5,7 años a 9.519 participantes y registró menor incidencia de glaucoma entre quienes cumplían las pautas de actividad física. Otro análisis asoció niveles más altos de actividad moderada a vigorosa con una pérdida más lenta del campo visual en pacientes con glaucoma.

El glaucoma agrupa enfermedades que dañan el nervio óptico y pueden producir pérdida irreversible de visión. La presión intraocular es uno de sus principales factores de riesgo modificables. Según la Academia Americana de Oftalmología, el ejercicio moderado puede reducir temporalmente esa presión y favorecer el flujo sanguíneo hacia la retina y el nervio óptico.

Los autores de la revisión también describieron mecanismos posibles, como la disminución del estrés oxidativo y de las respuestas inflamatorias. El estrés oxidativo ocurre cuando se acumulan moléculas reactivas capaces de dañar células y tejidos. En el caso de la retina y el cristalino, esos procesos se investigan por su relación con afecciones como las cataratas, la retinopatía diabética y la degeneración macular.

Mujer adulta con camiseta gris y pantalón corto oscuro corriendo por un camino en un parque verde. Un árbol y una bicicleta se ven a la derecha.
Estudios observacionales en personas registraron menor incidencia de glaucoma y una pérdida más lenta del campo visual entre quienes hacían actividad física (Imagen Ilustrativa Infobae)

La actividad física debe acompañar la atención oftalmológica y adaptarse a cada diagnóstico

La evidencia disponible no permite considerar el ejercicio como un tratamiento directo para enfermedades oculares. Los autores de la revisión de Frontiers in Medicine enfatizaron que la atención médica es prioritaria ante cualquier diagnóstico y que la actividad física debe evaluarse como complemento según la condición clínica, la etapa de la enfermedad y el estado general de salud.

Para la población adulta, diversas organizaciones de salud recomiendan para los adultos 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada. La Academia Americana de Oftalmología señala que esa meta puede distribuirse en aproximadamente 30 minutos diarios, cinco días por semana, mediante caminatas, ciclismo, natación, baile o jardinería activa.

Oftalmólogo, paciente, lámpara de hendidura, ojo, luz, frasco blanco de gotas para los ojos.
Los especialistas advierten que el ejercicio no reemplaza controles oftalmológicos, lentes ni tratamientos, y debe adaptarse a cada enfermedad ocular (Imagen Ilustrativa Infobae)

La intensidad importa en algunas condiciones. El estudio define como moderadas las actividades de entre 3 y 6 equivalentes metabólicos, una medida del gasto energético. En términos prácticos, entre ellas se incluyen acciones como caminar a paso rápido, bailar, nadar de manera tranquila o andar en bicicleta a ritmo moderado en terreno llano. Los especialistas observaron que buena parte de los estudios sobre salud ocular se concentra en actividades moderadas o vigorosas adaptadas a los participantes.

Harvard Health Publishing advierte, además, que los llamados ejercicios oculares no corrigen miopía, hipermetropía, astigmatismo, presbicia, glaucoma ni degeneración macular. La publicación sostiene que las pausas visuales para enfocar objetos lejanos pueden aliviar el cansancio asociado al trabajo de cerca, pero no sustituyen lentes, controles oftalmológicos ni tratamientos profesionales.

La actividad física regular puede integrarse al cuidado general de la salud y, de acuerdo con las investigaciones revisadas, tener efectos potencialmente favorables para la salud ocular. Su incorporación requiere sostener los controles indicados y ajustar la intensidad, el entorno y el tipo de ejercicio cuando exista una enfermedad ocular diagnosticada.

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