Cuáles son los efectos de adoptar una dieta vegana durante un mes, según un estudio

Cada vez más personas adoptan una alimentación basada en plantas en un contexto que combina beneficios potenciales, dudas nutricionales y una necesidad creciente de planificación

Camino de hojas verdes con símbolos de corazón, célula, vitamina B12, balanza y sol sobre fondo terracota con figuras de vegetales.
La dieta vegana ganó presencia como alternativa de alimentación basada en plantas por motivos de salud, ambientales y éticos (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Cada vez más personas prueban esquemas de alimentación basados en plantas por motivos de salud, ambientales o éticos. En ese movimiento, la dieta vegana ocupa un lugar central, en parte porque dejó de ser una práctica minoritaria y pasó a formar parte de una conversación cotidiana sobre bienestar, prevención y calidad de vida. La expansión de productos específicos y una mayor circulación de información sobre nutrición ayudaron a instalarla como una alternativa posible.

Ese crecimiento, de todos modos, convive con un debate que sigue abierto. La literatura científica acumuló datos que asocian estos planes alimenticios con mejoras en algunos marcadores cardiometabólicos, pero también advirtió sobre el riesgo de déficits de micronutrientes cuando la transición no se acompaña de una organización adecuada. En ese escenario, la discusión ya no pasa solo por quitar alimentos de origen animal, sino por entender qué reemplazos se hacen, con qué calidad nutricional y bajo qué condiciones.

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En ese contexto, un nuevo trabajo volvió a poner el foco en qué puede cambiar en el organismo tras apenas cuatro semanas de una dieta vegana, según una investigación liderada por dos universidades que analizó los efectos del régimen en un mes.

La dieta vegana en solo cuatro semanas

Un estudio publicado en agosto de 2026 en la revista MedComm—liderado por investigadores de la Universidad de California en San Diego y la Universidad de Friburgo— analizó qué puede cambiar en el organismo tras apenas un mes de alimentación vegana.

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El trabajo examinó a 48 adultos sanos que, tras una semana con una alimentación estandarizada, fueron asignados al azar a una dieta vegana o a una dieta rica en carne durante un mes. Ambos planes aportaban una cantidad similar de calorías, con el objetivo de aislar el efecto de la composición de los alimentos y no el de una eventual baja de peso.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
La dieta vegana mostró cambios en más de 800.000 sitios de metilación del ADN vinculados con metabolismo, función inmune y reparación del ADN (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los investigadores examinaron más de 800.000 sitios de metilación (proceso químico natural por el que el organismo regula qué genes se activan o se silencian) del ADN antes y después de la intervención. Se trata de un mecanismo epigenético, una modificación química que no altera la secuencia genética, pero sí puede influir en la actividad de los genes.

En el grupo que siguió la dieta vegana aparecieron cambios en vías vinculadas con la respuesta inmune, el metabolismo, el crecimiento celular, la forma en que el cuerpo procesa la insulina, la reparación del ADN y la respuesta al estrés celular.

Esos cambios también se asociaron con un perfil del sistema inmune compatible con un estado menos inflamatorio, según la Universidad de California. En concreto, los análisis estimaron una menor proporción de neutrófilos —glóbulos blancos cuya activación sostenida puede vincularse con procesos inflamatorios persistentes— y una mayor proporción de células T CD4, que son las encargadas de coordinar y regular la respuesta defensiva del organismo frente a amenazas externas.

El trabajo también evaluó los llamados relojes epigenéticos: algoritmos que estiman la edad biológica de una persona a partir de los patrones de metilación del ADN, y que permiten comparar cuánto envejece el cuerpo en términos moleculares respecto de los años vividos.

Dos de esas mediciones sugirieron una desaceleración del envejecimiento biológico durante el mes de intervención en quienes siguieron la dieta vegana. Un tercer reloj, diseñado para predecir la edad cronológica en lugar de resultados de salud, mostró una señal distinta —un dato que, de acuerdo con los autores, refuerza que no todas las métricas capturan el mismo aspecto del envejecimiento.

Cambiar carne y lácteos por plantas reduce 51% la huella de carbono, según un ensayo clínico
Algunas mediciones de edad biológica sugieren una desaceleración del envejecimiento biológico tras un mes de dieta vegana (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las advertencias sobre el alcance de estos resultados ocupan un lugar central. Michelle Routhenstein, nutricionista especializada en salud cardiovascular, afirmó en declaraciones a Medical News Today que los cambios observados son marcadores biológicos, no una prueba de que una persona envejezca más lento o vaya a vivir más.

Esos hallazgos se alinean con los de una investigación anterior de la Universidad de Stanford, publicada en BMC Medicine, que encontró resultados en la misma dirección en ocho semanas: mejoras en varios indicadores epigenéticos en quienes siguieron una dieta vegana frente a una omnívora saludable, con un grupo de estudio formado por gemelos idénticos para controlar las diferencias genéticas individuales.

Otra pieza útil surge de una revisión observacional publicada en Nutrients. Ese trabajo encontró que un plan alimentario sin carne, por cuatro semanas en personas omnívoras, redujo de forma significativa la ingesta de ácidos grasos saturados, colesterol, vitamina B12 e yodo. El resultado muestra que un mismo cambio alimentario puede asociarse con mejoras en algunos componentes del patrón de consumo y, al mismo tiempo, con una menor ingesta de micronutrientes que requieren atención específica.

Nutrientes críticos y por qué la planificación sigue siendo central

La vitamina B12 ocupa un lugar clave en esa discusión porque se encuentra de forma natural en alimentos de origen animal. Un metaanálisis de Cureus señaló señaló que una baja ingesta de este nutriente se asocia con problemas neurológicos y hematológicos, y sostuvo que las personas veganas deben controlar sus niveles y cubrir sus necesidades con suplementos o alimentos fortificados.

Ese mismo artículo repasó además posibles déficits de hierro, zinc, calcio, vitamina D y selenio, con especial atención en grupos vulnerables como niños, adolescentes, embarazadas y mujeres en lactancia.

Manos de una persona lavan hojas verdes bajo el grifo de una cocina. En primer plano, se ven tomates, pimientos y una berenjena sobre una superficie.
La vitamina B12, el hierro, el zinc, el calcio, la vitamina D y el selenio son nutrientes críticos en la dieta vegana si no hay planificación (Imagen Ilustrativa Infobae)

La profesora de nutrición y dietética Sophie Medlin, para The Conversation, planteó que los cambios iniciales pueden incluir más fibra, variaciones en el tránsito intestinal y, si la alimentación está bien organizada, una mejora del perfil general de la dieta.

Al mismo tiempo, indicó que nutrientes exigen vigilancia a medida que pasan los meses, ya que una exclusión de alimentos animales sin reemplazos adecuados puede afectar reservas y aumentar riesgos nutricionales.

En tanto, Routhenstein señaló a Medical News Today que la calidad de la dieta importa incluso dentro del veganismo y que no hace falta adoptar un esquema completamente vegano para incrementar la cantidad y variedad de alimentos vegetales.

Gardner también afirmó al mismo medio que una dieta vegana de buena calidad suele componerse de alimentos recomendados y minimiza productos de menor valor nutricional.

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