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Cuál es la verdura que mostró una notable reducción de la grasa en el hígado

La intervención, publicada en Nutrients, siguió durante seis semanas a 79 adultos con MASLD y comparó cómo la dieta con este alimento afectaba la condición, en contraposición a otra sin él

Render 3D de un hígado graso humano translúcido con grandes acumulaciones de grasa dorada y ámbar iluminadas internamente, sobre fondo negro con moléculas.
Consumir tomate a diario durante seis semanas se asoció con una mayor reducción de la grasa en el hígado en adultos con MASLD (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Consumir tomate a diario durante seis semanas se asoció con una mayor reducción de la grasa acumulada en el hígado en adultos con MASLD (por su sigla en inglés), una enfermedad hepática ligada a alteraciones metabólicas, según un ensayo clínico italiano publicado en Nutrients que evaluó si un alimento concreto podía aportar un efecto propio más allá de las recomendaciones habituales de bajar de peso, mejorar la dieta y hacer actividad física.

El dato central del estudio fue la diferencia en el CAP (por su sigla en inglés de controlled attenuation parameter), un parámetro utilizado para estimar cuánta grasa hay en el hígado: en el grupo que incorporó tomate, la caída fue de 35 dB/m, mientras que en el grupo control fue de 18 dB/m. Ambos grupos mejoraron, pero la disminución fue más marcada entre quienes consumieron el alimento.

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Ese resultado fue estadísticamente significativo, de acuerdo con el trabajo. En términos prácticos, el análisis respalda que la diferencia observada dentro de este ensayo no se debió solo al azar.

Infografía con una ilustración de un hígado y cuatro tomates, texto sobre estudio de tomate y reducción de grasa hepática en adultos con MASLD, e iconos.
El ensayo clínico publicado en Nutrients comparó una dieta con tomate frente a otra sin tomate en 79 adultos con enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (Imagen Ilustrativa Infobae)

La relevancia del hallazgo también se vincula con la expansión global de esta enfermedad. Un análisis del Global Burden of Disease Study 2023 estimó que unas 1.300 millones de personas vivían con MASLD ese año y proyectó que la cifra podría crecer hasta 1.800 millones en 2050.

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Cómo se hizo el ensayo

Los 79 participantes tenían enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica, conocida como MASLD por su sigla en inglés. Se trata de personas que acumulan grasa en el hígado y que, al mismo tiempo, presentan problemas metabólicos como sobrepeso o dificultades para regular el azúcar y las grasas en sangre, sin que el alcohol sea la causa principal.

El hígado cumple funciones esenciales en el procesamiento de nutrientes, la producción de sustancias necesarias para el organismo y la eliminación de desechos. Cuando acumula demasiada grasa, puede inflamarse y, con el tiempo, sufrir daño; en algunos casos, la enfermedad progresa hacia etapas con cicatrices en el tejido hepático.

Primer plano de un racimo de tomates rojos maduros aún en la planta, con hojas y tallos verdes visibles en un entorno de huerto soleado.
Los participantes del grupo intervención consumieron 200 gramos de tomate crudo y 50 gramos de salsa de tomate por día, con indicaciones dietarias similares al grupo control (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para el ensayo, los investigadores dividieron a los participantes en dos grupos. Uno siguió una dieta sin tomate; el otro consumió 200 gramos de tomate crudo por día y 50 gramos de salsa de tomate por día durante seis semanas.

Todos recibieron indicaciones alimentarias similares y se les pidió mantener sus hábitos habituales. El objetivo era que la principal diferencia entre ambos grupos fuera la presencia o no de tomate en la dieta.

Para medir el resultado, el equipo utilizó FibroScan, un método no invasivo similar a una ecografía. La técnica permite obtener información sobre el estado del hígado sin necesidad de una biopsia.

La mejora apareció en la grasa hepática, no en el resto de los indicadores

El estudio no buscaba determinar si los participantes se sentían mejor ni si bajaban de peso, sino si el hígado mostraba menos grasa tras la intervención. La señal positiva apareció precisamente en ese indicador principal.

En cambio, no hubo diferencias importantes entre los grupos en peso corporal, circunferencia de cintura, composición corporal ni en la mayoría de los análisis de sangre. El efecto observado en el hígado no estuvo acompañado por una baja marcada de peso ni por mejoras claras en otros parámetros metabólicos.

Tampoco se detectaron cambios significativos en la rigidez hepática, un dato que se usa para estimar si el órgano presenta tejido endurecido o cicatrices. Esa distinción es relevante porque no equivale tener grasa en el hígado a tener fibrosis, que corresponde a una etapa más avanzada de daño.

Ilustración digital de un hígado humano de color rojo anaranjado, mostrando múltiples acumulaciones de grasa amarilla sobre su superficie contra un fondo azul
La reducción del CAP, un parámetro que estima la grasa en el hígado, fue de 35 dB/m en el grupo con tomate y de 18 dB/m en el grupo control (Imagen Ilustrativa Infobae)

El índice FIB-4, una herramienta que combina edad y resultados de laboratorio para orientar sobre el riesgo de fibrosis hepática, tampoco mostró modificaciones. El trabajo señala que eso no resulta extraño en un período de seis semanas, ya que los cambios estructurales del hígado suelen requerir más tiempo para aparecer o revertirse.

No se observaron diferencias claras en glucosa, insulina, colesterol, triglicéridos, enzimas hepáticas ni proteína C reactiva, un marcador de inflamación. El beneficio medible, por lo tanto, se concentró en la grasa hepática.

El estudio apunta al licopeno, pero no identifica qué compuesto explicó el efecto

Los autores del estudio mencionan como posible explicación al licopeno, el pigmento que da al tomate su color rojo y que forma parte del grupo de los carotenoides. Estas sustancias naturales presentes en frutas y verduras vienen siendo investigadas por su potencial acción frente al estrés oxidativo, un proceso que puede contribuir al daño celular y a la inflamación.

El trabajo también recuerda que el tomate contiene otros compuestos con posible efecto antiinflamatorio. En este contexto, la inflamación no alude solo a dolor o hinchazón visibles, sino a una activación persistente del sistema de defensa del organismo que puede afectar tejidos como el hígado.

Más que una fruta, el tomate y su sorprendente evolución histórica
Los autores señalaron al licopeno del tomate como posible explicación del efecto, aunque el estudio no identificó qué compuesto redujo la grasa en el hígado (Imagen ilustrativa Infobae)

Según explican los autores, el licopeno puede aprovecharse mejor cuando el tomate fue cocido o procesado, porque el calor modifica su estructura y facilita su absorción.

Aun así, el propio estudio establece límites claros. La investigación incluyó a 79 personas, duró solo seis semanas y no midió en sangre cuánto licopeno u otros compuestos del tomate absorbió cada participante.

Por esa razón, no es posible determinar con exactitud qué componente explicó la diferencia observada ni en qué medida lo hizo. El trabajo tampoco plantea el hallazgo como una solución definitiva para la enfermedad, sino como una base para ensayos más grandes y prolongados que permitan saber si el efecto se mantiene, si se repite en otros pacientes y si se traduce en beneficios clínicos más amplios.

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