Cómo el aislamiento y la distancia en la pandemia cambiaron para siempre la forma en que las personas se relacionan

Expertos en neurociencias y salud mental analizan el impacto de la falta de cercanía física sobre las emociones y los vínculos sociales, y advierten que las huellas persisten en distintos grupos etarios

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Dos manos, una con camisa azul y otra con camisa marrón, se alzan sobre una mesa de madera clara con luz natural. Están cerca pero sin tocarse.
La privación de contacto físico ganó atención como problema de salud tras la pandemia y expertos advierten que alteró las relaciones y la regulación emocional (Imagen Ilustrativa Infobae)

La privación de contacto físico ganó atención como asunto de salud tras la pandemia, a partir de investigaciones y testimonios de expertos reunidos por Science Focus. La falta de contacto físico deseado puede afectar la regulación emocional, activar respuestas de estrés y debilitar los vínculos sociales.

Antes del COVID-19, los estudios sobre privación de contacto se concentraban sobre todo en personas mayores aisladas. Luego de la pandemia, se ampliaron a todos los grupos de edad.

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Uno de los hallazgos que recoge la fuente es que la falta de contacto durante más de dos años afectó de forma marcada la capacidad de adolescentes y adultos jóvenes para conectar con sus pares.

La falta de contacto físico en la adolescencia deja efectos duraderos

La doctora Katalin Gothard, profesora de fisiología y neurología de la Universidad de Arizona, dijo a Science Focus que a menudo se subestimó hasta qué punto los vínculos sociales se forjan mediante la cercanía física durante la infancia y la adolescencia.

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“Quienes se vieron privados de estas experiencias parecen haber pagado un precio a largo plazo”, afirmó Gothard. También señaló que observó esas diferencias entre estudiantes universitarios que socializaron antes de la pandemia y quienes pasaron buena parte de sus años formativos en confinamiento.

“Los estudiantes aislados se inclinan menos a trabajar de forma colaborativa, tienen menos probabilidades de entablar amistades mediante actividades compartidas y también menos de participar en pequeños pero significativos gestos de contacto, como una palmada de apoyo en la espalda o un choque de manos para celebrar”, detalló.

El profesor James Coan, psicólogo clínico de la Universidad de Virginia, explicó que el cerebro y el cuerpo humano evolucionaron con la expectativa de la presencia de otras personas y del contacto físico. Cuando esa expectativa no se cumple, el organismo activa una respuesta de estrés.

El investigador Julian Packheiser de la Universidad del Ruhr de Bochum resumió ese vacío en declaraciones recogidas por Science Focus: “Si el contacto se desea pero no se recibe, aparece un estado parecido a la soledad en el que las necesidades de contacto social no están cubiertas”.

Cómo actúa el contacto físico en el cuerpo y el cerebro

Primer plano de un bebé rubio sonriendo con la boca abierta y la parte inferior derecha del rostro de un adulto sonriendo, sobre un fondo blanco
El contacto físico piel con piel resulta clave desde el nacimiento y activa mecanismos como las fibras C-táctiles y la liberación de oxitocina (Freepik)

La primera hora después del nacimiento resulta fundamental para el contacto piel con piel entre el recién nacido y su madre. Durante la infancia, este contacto sigue siendo clave para el crecimiento, el desarrollo del sistema inmunitario y la supervivencia.

Cuando un bebé recibe un abrazo o una caricia suave, se activan las fibras C-táctiles de la piel. En los adultos ocurre algo parecido con el contacto consensuado y esa señal desencadena la liberación de oxitocina tanto en quien recibe el contacto como en quien lo da.

Patricia Thomas, profesora asociada de sociología de Purdue University, vinculó ese efecto con hallazgos del Harvard Study of Adult Development, que sigue a más de 700 personas desde 1938. “Pienso en el contacto afectuoso como una forma de apoyo social, que puede reducir el impacto del estrés sobre la salud”, dijo, según Science Focus.

El contacto también se asocia con una mejora de la variabilidad de la frecuencia cardíaca, un biomarcador vinculado con la salud del sistema nervioso. La fuente añade que esto se debe a que la activación de las fibras C-táctiles ayuda a estimular la respuesta del nervio vago.

El tacto también puede intervenir en la regulación de las emociones. El texto recoge que puede calmar al reducir la actividad de la amígdala, una región cerebral implicada en el procesamiento emocional.

Gothard describió ese efecto a partir de observaciones de la actividad cerebral de monos durante el acicalamiento. “En más de 30 años, nunca he visto un solo estímulo capaz de atenuar de forma tan profunda la respuesta neuronal de la amígdala”, afirmó.

Qué usos terapéuticos se investigan y cuáles son sus límites

Hombre mayor con gorra sentado solo en un banco de madera y metal en una plaza urbana. Edificios de ladrillo y árboles sin hojas en el fondo.
El tacto consensuado puede reducir la actividad de la amígdala, mejorar la variabilidad de la frecuencia cardíaca y ayudar a regular las emociones (Imagen Ilustrativa Infobae)

A partir de esos hallazgos, algunos científicos exploran si el tacto puede servir como intervención para mejorar la salud y el bienestar. La fuente señala que incluso imaginar el abrazo de una pareja de apoyo puede generar parte de los mismos efectos en la supresión del estrés y en la actividad de la amígdala.

Otros trabajos citados apuntan a recursos como la manta con peso o el contacto con mascotas, que pueden reproducir algunas sensaciones calmantes del tacto consensuado. En hospitales y residencias, tomarle la mano a una persona puede calmarla y reducir la necesidad de sedantes u otras formas de manejo del dolor.

Packheiser sostuvo que no siempre hacen falta intervenciones largas. “Los abrazos breves pueden ser útiles en la misma medida que un masaje largo”, afirmó. El contacto no afecta igual a todo el mundo y nunca debe invadir el espacio personal.

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