
Un estudio internacional mostró que la combinación de ejercicio aeróbico y entrenamiento de intervalos de alta intensidad logra reducir la presión arterial en personas con hipertensión en apenas 24 horas.
La investigación, publicada en la revista científica British Journal of Sports Medicine, analizó datos de más de 1.300 pacientes y aporta una perspectiva actualizada sobre el potencial de la actividad física como herramienta para enfrentar este problema de salud.
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La hipertensión se mantiene como uno de los principales factores de riesgo para desarrollar enfermedades cardiovasculares y renales. De acuerdo con el Dr. Cliff Berger, jefe de cardiología del Hospital Beth Israel Deaconess-Needham en Massachusetts e instructor en la Facultad de Medicina de Harvard, “afecta a cerca del 45 % de los adultos en Estados Unidos”.
Menos de la mitad de quienes conviven con este diagnóstico consigue un control adecuado, según reportó la revista especializada en salud Prevention. La falta de control de la presión arterial incrementa el riesgo de infarto, accidente cerebrovascular y enfermedad renal.
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Un estudio que cambia el enfoque sobre el ejercicio y la hipertensión

El estudio publicado revisó 31 investigaciones previas y unificó los datos de 1.345 personas con hipertensión. El propósito fue comparar el efecto de distintas formas de ejercicio, entre ellas el entrenamiento aeróbico, los intervalos de alta intensidad (HIIT), el entrenamiento combinado y pilates, sobre los valores de presión arterial.
Los resultados evidenciaron que el ejercicio aeróbico junto con el entrenamiento de resistencia, así como el HIIT, fueron los métodos más efectivos para reducir la presión arterial sistólica y diastólica en un período de 24 horas. Según el doctor Berger, “este estudio simplemente confirmó los beneficios del ejercicio para la hipertensión”.
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Además, destacó que “la novedad reside en que el análisis evaluó el efecto durante un día completo, lo que ofrece una perspectiva más realista que la obtenida con una sola medición en el consultorio”.
Por su parte, el médico estadounidense Amar Shere, especialista en cardiología no invasiva en el Hackensack University Medical Center de Nueva Jersey, coincidió en la relevancia de los hallazgos. Subrayó que “la evidencia es ahora más sólida para recomendar rutinas específicas de ejercicio en el tratamiento de la presión arterial alta”.
¿Cómo ayuda el ejercicio a controlar la presión arterial?
El doctor Shere explicó que el ejercicio físico favorece la salud vascular por diversos mecanismos. “Mejora la flexibilidad de los vasos sanguíneos, permitiendo que la sangre fluya con mayor facilidad y reduciendo la presión en las arterias”, detalló el especialista en declaraciones citadas por la revista Prevention.
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Además, el entrenamiento físico contribuye a regular el sistema nervioso, lo que también favorece el control de la presión arterial. El movimiento intencional, como levantar pesas o caminar a paso rápido, puede producir mejoras en la sensibilidad a la insulina, reducir la inflamación y el daño oxidativo, agregó el doctor Berger.
Para quienes padecen hipertensión, el estudio sugiere que realizar rutinas de entrenamiento aeróbico y de intervalos de alta intensidad durante al menos cuatro semanas puede generar descensos sostenidos tanto en la presión sistólica como en la diastólica.
La importancia de adaptar el ejercicio y otras medidas complementarias

Aunque los resultados respaldan la eficacia de estas rutinas, los especialistas consultados enfatizaron que toda actividad física aporta beneficios para la salud cardiovascular. “Lo más importante es encontrar un tipo de ejercicio que disfrutes y puedas realizar de manera constante”, recomendó el doctor Shere.
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Además de la práctica regular de ejercicio, existen otras intervenciones no farmacológicas que han mostrado utilidad en el control de la hipertensión arterial. Entre ellas, destacan mantener una dieta baja en sodio, moderar el consumo de alcohol, mejorar la calidad del sueño y reducir la exposición a ruidos y contaminación ambiental. El doctor Berger sugirió que cada persona consulte con su médico para definir el conjunto de medidas más apropiado, en función de sus necesidades y condiciones particulares.
La investigación publicada en el British Journal of Sports Medicine refuerza la importancia de la actividad física como estrategia central para el control de la presión arterial, aportando nuevas orientaciones a quienes buscan alternativas o complementos a los tratamientos farmacológicos.
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