“Qué pena que no haya sido él, ¿no?”: el caso de la viuda negra que, casada y con cuatro amantes, tramó un plan para “liberarse”

Maje Moreno Cantó tenía 26 años cuando en 2017 convenció a Salvador, uno de sus cuatro amantes, para que la salvara del infierno que vivía en su casa. El antes y el después en la vida de una mujer joven, bella, hija de una estricta familia católica y adicta al sexo que cayó en la trampa de los investigadores cuando escuchó la frase “la policía ya tiene el nombre y apellido del asesino”

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Maje Moreno Cantó con hombre de traje oscuro, se abrazan y sostienen figura de novios. Pastel de bodas y niña en el fondo de una celebración
María Jesús Moreno Cantó, conocida como Maje, nació en Novelda y dejó su entorno católico para estudiar Enfermería y radicarse en Barcelona y luego en Valencia

Joven, dueña de un cuerpo escultural y una cara angelical con una larga melena castaña, María Jesús Moreno Cantó, -Maje para todos desde ahora en adelante- no solo era bella, también era encantadora. Amable y de modos educados, creció entre mandamientos y crucifijos en su casa familiar y entre las monjas de su colegio parroquial. A nadie se le ocurrió que su dulzura fuera impostada y que el lado B de su personalidad encajara dentro de los calificativos omnipotente, maníaca del sexo, narcisista y manipuladora. Desde que adquirió conciencia de su poder de seducción, Maje lo ejerció sin remilgos sobre el séquito de hombres que fue coleccionando y a quienes les prometía amor incondicional.

Su voracidad por vivir, el desenfreno sexual y el anteponerse ella a todo y a todos, fue lo que al final la terminó hundiendo.

Maje tenía solamente 26 años, y corría el año 2017, cuando su costado oscuro terminó por descarrilar.

La inofensiva chica de pueblo

Maje nació en Novelda, Alicante, España, el 6 de septiembre de 1990, dentro de una familia católica sumamente estricta y con un pasar económico respetable. Antonio y María Dolores Moreno Cantó tuvieron cinco hijos: tres varones y dos mujeres. La penúltima en llegar a la familia fue ella.

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Cursó el colegio en el instituto Santa María Magdalena de las Carmelitas. Allí conservan un buen recuerdo de ella: era una chica inteligente, de excelentes modales, coqueta en extremo y un poco manipuladora. Como anécdota la superiora contó que desde chica había pedido que no la llamaran María Jesús, se sentía más cómoda con que le dijesen simplemente Maje. Resultó una alumna aplicada y obediente que amaba los bailes escolares y los disfraces.

Terminado el colegio, informó que había decidido estudiar enfermería. Para ello se instaló en Barcelona. Fue entonces que decidió para sí misma que al pueblo no volvería jamás, le parecía una cárcel. Le gustaba la gran ciudad, el frenesí de las salidas por las noches.

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Antonio Navarro Cerdán era un joven del mismo pueblo que ella, de Novelda, y había sido compañero de estudios de Víctor Moreno Cantó, hermano de Maje, que estudiaba Arquitectura en la Universidad de Alicante. Si bien Antonio estaba en la carrera de Ingeniería, coincidió con Víctor en un par de materias y se hicieron íntimos amigos. Sus familias se conocían y eran del mismo lugar. Tenían mucho en común. Así fue que en la casa de los Moreno Cantó un día Antonio conoció a la hermana menor de Víctor, Maje. Quedó encantado. La invitó a salir y pronto se pusieron de novios. Corría el año 2011, Antonio tenía 30 y ella 21. Maje calculó que era un muy buen partido: era mayor que ella, tenía buenos trabajos fuera de Novelda y una carrera de prestigio como es Ingeniería. Fingió enamorarse, aunque en realidad solo se amaba a sí misma. Lo más importante es que este novio la sacaría del pueblo que odiaba.

El noviazgo no fue sencillo. Pusieron fecha de boda, pero Maje siguió saliendo con cuanto tipo le dio la gana. Antonio la pescó en una de esas infidelidades. Ella pidió perdón llorando a mares, prometió cambiar y él cedió. El casamiento siguió adelante. El final previsible llegó el 3 de septiembre de 2016: frente a un altar dijeron “Sí, quiero”. Un beso y muchas sonrisas cerraron el supuesto pacto de amor.

Unos días después Maje cumplió los 26 años y se instalaron en Valencia. Una ciudad con movida.

Maje Moreno Cantó y un hombre sonríen a cámara sentados en una zona de descanso junto a una piscina exterior por la noche. La mujer sostiene una bebida
Maje se casó con Antonio Navarro en 2016 y poco después comenzó a rechazar la vida matrimonial mientras trabajaba como enfermera en el Hospital Casa de la Salud

Sexo clandestino

Para furia de Maje, Antonio quería volver a Novelda los fines de semana. Cumpleaños, visitas a familiares y amigos. A él le tiraba el pago. Ella ya trabajaba como enfermera en el Hospital Casa de la Salud y se le plantó: ni pensaba regresar al pueblo con frecuencia. Entonces, Antonio empezó a recorrer esos 145 kilómetros solo. Ella se quedaba haciendo doble turno en el trabajo. Eso decía, pero en realidad lo hacía para salir de juerga hasta la madrugada con sus amigas.

Rápidamente Maje se cansa de su marido. Es un estorbo para la vida que desea. Entre sus muchos amantes hay uno que viene de tiempo atrás, desde antes del casamiento con Antonio. Salvador Rodrigo Lapiedra trabaja con ella en el hospital. Lo conoció en septiembre de 2015, cuando ella tenía 25 y él 46. Salvador está casado con Inmaculada, una supervisora del tercer piso del hospital, con quien tiene una hija de 19 años.

Con sus flirteos Maje logra enloquecerlo. Sus roces, sus insinuaciones. A su edad, sin grandes atractivos, le cuesta comprender cómo ha conquistado a esta mujer. La lujuria que le despierta y el sexo clandestino le nublan la mente y el cuerpo. Un poco infantil, un poco inseguro, Salvador cae sin remedio bajo los tentáculos de Maje. A ella no le cuesta nada convertirlo en su esclavo a cambio de un poco de cuerpos transpirados.

Ella juega y le escribe cartas de amor con corazones. Se las mete en el bolsillo cuando se cruzan por los pasillos del hospital: “Lo vi. Allí estaba. Sonriente, con los ojos brillantes desde el control de enfermería de la tercera planta (...) Me gustaba, me atraía, ¡¡¡lo deseaba!!! (...) Su olor, su presencia (… ) Es la historia de amor más auténtica y apasionante que he vivido y que la gente pueda escuchar” y, en otro papel garabateado, le confiesa: “Esta carta es una declaración de amor hacia ti, te quiero por encima de cualquier obstáculo, de cualquier inconveniente, te quiero porque me llenas de vida y me haces sentir la mujer más importante del mundo. Tu Maje, tu bruja, tu fea... ¡Pero al fin y al cabo... tuya!”.

En poco tiempo, él se ha convertido en su siervo y ella lo llama “mi petardo”. Hace todo lo que ella pide. La lleva en su moto, le realiza mandados o trámites, le compra regalos, se somete a sus deseos. Maje, en cambio, siente asco. Solo disfruta cuando él le hace sexo oral. Intenta esquivar las relaciones. A veces no le queda otra. A una amiga se lo dice en un mensaje telefónico: solo quiere que le proporcione buen “sexo oral”. No se preocupa nunca por satisfacer los deseos de él físicamente y la maneja diciéndole por escrito: “el mejor regalo no es algo físico, eso ya vendrá (...) voy a cuidarte y a mimarte, nunca vas a estar solo, nunca, pues yo estaré ahí. A veces físicamente, a veces espiritualmente”.

Ya está casi preparado el escenario para el gran pedido que Maje quiere hacerle. Salvador se ha rendido, hará lo que sea por ella.

Un hombre con traje oscuro y corbata roja sonríe junto a una mujer con vestido negro y cabello largo frente a un fondo de vegetación verde y césped
La relación entre Maje y Salvador se desarrolló en el Hospital Casa de la Salud y derivó en un vínculo clandestino que ella utilizó para manipularlo

Supuestos maltratos para un crimen

Cuando Maje le anunció a Salvador que iba a casarse con Antonio, le prometió que podrían seguir siendo amigos con derechos. Él queda desolado, pero entiende que siga con su vida. Le responde con una carta: “Es el momento más doloroso de mi vida (…) me vas a tener ahí, a tu lado, siempre que me necesites, ayudándote, apoyándote, escuchándote. Siempre tuyo, tu brujo, tu petardo, simplemente, Salva”.

Continúa bajo el embrujo de Maje.

A comienzos de 2017 hubo un accidente en el trabajo de Antonio donde murieron dos de sus compañeros. Queda impactado con la pérdida. Maje finge dolor con cara de espanto, pero piensa que es una lástima que en ese lugar no haya estado su marido. Le hubiera ahorrado tanto. A su amante Salvador le confiesa en el pasillo del hospital: Qué pena que no haya sido mi marido el que haya estado ahí dentro, ¿no?. Ante Salvador justifica sus deseos por los continuos maltratos que dice recibir de su marido. Eso enoja a Salvador, no entiende cómo alguien puede ser tan malvado con esa maravillosa mujer que tiene enfrente. Ella repite una y otra vez que si el malvado Antonio muriera, podría estar enteramente a disposición para él. Eso lo convence.

A otro de sus amantes simultáneos, Tomás, Maje le dice sobre su marido en esos días: Me satura, me agobia, lo odio, quiero que se muera, no le aguanto, esto lo va a pagar caro, he pensado en acabar con su vida”. Tomás no se deja atrapar por ella y por sus ideas. A Maje no le importa porque la estrategia ha funcionado con Salvador, quien está dispuesto a salvarla y hacer honor a su nombre aunque para ello deba cometer algo que jamás había estado en sus planes de vida. Un asesinato “a sangre caliente”.

Maje elabora el plan minucioso: el asesinato ocurrirá dentro del garaje del edificio donde vivía con Antonio, cuando el bajara para subirse a su auto. En el lugar no hay una sola cámara. Será en el caluroso mes de agosto, cuando la mayoría de los habitantes del edificio se encuentra de vacaciones.

El jueves 3 de agosto de 2017 deciden cuándo morirá Antonio. Ocurrirá la mañana del miércoles 16.

El plan arranca ese mismo día con un mensaje de Maje a su marido donde le anuncia que la noche del 14 no tiene turno de enfermería porque se lo han trasladado a la noche del martes 15. La previa al crimen ella no estará con él y quiere dejar registro que estará de guardia, trabajando. Buena coartada.

Su última noche de vida Antonio durmió solo, ajeno a su destino. Salvador pasó esas horas maquinando el crimen que está por acometer por amor a esa joven maltratada. En cambio, Maje la pasó disfrutando del sexo con un amante. No está en el hospital como le dijo a su marido, sino en el Paseo de la Alameda de Valencia, en la casa de José, un publicista que ha conocido por ahí y que la cree soltera.

Desde la cama de la infidelidad Maje inyecta adrenalina a su plan: le manda un mensaje a su esposo diciéndole que le ha dejado la cena lista. Escribe sin pruritos: “Puxi. Ya en el hospital. Goza esa empanada hecha con amor”.

El cinismo pintado en letras de una mujer que solo quiere conseguir con rapidez el título de “viuda negra”.

La otra mitad de la empanada gallega que cocinó esa tarde, se la llevó a José y la devoraron juntos después de tener relaciones sexuales.

El estómago de Maje es de hierro.

Maje Moreno Cantó y un hombre sonríen, vestidos de novia y novio, de pie frente a un coche. Se ve un ramo, vegetación y luces nocturnas
Maje Moreno Cantó y su pareja, vestidos con traje nupcial, posan sonrientes en el exterior junto a un vehículo decorado para la celebración.

El día de la “liberación”

La mañana del miércoles 16 de agosto de 2017, Antonio Navarro (35) arranca su vida como siempre. Desayuna y sale de su departamento para ir a trabajar. Baja al garaje de su edificio, en el número 14 de la calle Calamocha, en el barrio de Patraix, Valencia, para subirse a su auto.

Por su parte, Salvador Rodrigo Lapiedra, de 47 años, llega al edificio a las 7.30 en su moto. Ingresa con las llaves del garaje que le dio Maje, se coloca los guantes de látex que habían comprado y se dispone a esperar, agachado entre los autos, a que llegue su presa. Tiene en sus manos un cuchillo de carnicero de hoja fuerte y grande, de punta afilada, comprado en una ferretería. Pocos minutos después, aparece Antonio, pero el joven no llega a subir a su Peugeot 208 blanco. Es atacado por la espalda por Salvador. Lo atraviesan seis puñaladas salvajes: cuatro cuchilladas en el hemitórax izquierdo que le parten el corazón y el pulmón de ese costado y, velozmente, el homicida da dos más del otro lado, haciendo colapsar también su pulmón derecho. Muere en pocos minutos.

El reloj marca las 7.40 cuando Salvador escapa del estacionamiento.

Un vecino encontrará el cuerpo recién a las 15.20.

Mientras tanto, Salvador se pierde por las calles de la ciudad sin que nadie se haya percatado de nada. Prende su celular y cambia su estado de WhatsApp. Esa es la señal convenida con Maje para indicarle que el plan se ha llevado a cabo con éxito.

La reciente viuda lo ve y siente placer. Ahora, es libre. Se despereza en la cama de su nuevo amante y no resiste la tentación de llamar a Salvador para saber bien cómo ha sido. Quedan en verse esa misma tarde, a las tres en la casa de la hermana de Maje que está de vacaciones.

Antes de encontrarse con ella, Salvador se cambia de ropa en una baulera, arroja las prendas salpicadas de rojo en un contenedor cualquiera, y conduce hasta una propiedad que tiene en Ribarroja, donde descarta el arma en el pozo ciego. Listo.

A las tres en punto de la tarde, los amantes asesinos se encuentran. Ella no sueña ningún futuro con Salvador, él solo ha sido la herramienta para sus deseos. Llora ante él como desconsolada y le dice, como excusa para evitarlo, que deberán cuidarse, no pueden verlos juntos. Sería peligroso. Él acepta sumiso las precauciones, lo que dice ella es palabra santa. Pero sigue soñando con concretar algo con ella. Maje se lo saca de encima rápidamente y mientras, por el teléfono celular, concreta una cita para tener sexo con José para esa misma noche. Es insaciable y no experimenta remordimientos. El sábado 19 de agosto, en el funeral de Antonio, la viuda, imbuida en su mejor papel toma el micrófono en la iglesia de San Pedro Apóstol, de Novelda. Lee una carta de despedida a su gran amor que hace llorar a la multitud acongojada por el espanto del crimen.

La master mind asesina también simula llantos.

María José Moreno Cantó
Maje presentó a Antonio Navarro ante Salvador como un marido violento y usó esos supuestos maltratos para impulsar el plan del crimen

Audios y tretas cruciales

En los audios de WhatsApp que la policía recupera para analizar encuentran miles de mensajes. Entre ellos unos intercambiados entre Antonio y Maje. Allí él le recrimina que ella le haya pegado. Le dice que no quiere que nunca más le ponga una mano encima. Es curioso, resulta que el maltratado era él.

Al día siguiente del asesinato, Maje es interrogada. Los detectives la notan demasiado pendiente de su celular. La hipótesis del robo no existe. La violencia del hecho habla de otra cosa y apunta a que sea un varón quien lo haya llevado a cabo por la fuerza que requirió el hecho. Antonio no tiene deudas, ni amantes. Aunque Maje señala a los albañiles, que estaban haciendo la reforma en su departamento, y a una compañera de trabajo de su marido, no encuentran nada en estas pistas.

La policía solicita a la justicia permiso para grabar las conversaciones de todos los protagonistas del caso. Esta maniobra será clave: las intervenciones de los teléfonos celulares permiten descubrir las múltiples caras de Maje. Se muestra llorosa y angustiada con familiares, pero feliz y alegre con sus amigas de parranda o con sus amantes. Escuchan sus planes de tener un hijo con José, de viajar a Italia con él y de mudarse. Es un posible sospechoso, pero tiene coartada. Además, avanzan en las escuchas y en una del 8 de noviembre de 2017 descubren su relación con Salvador. Cuando le preguntan a Maje, esta suelta una carta peligrosa: Salvador estaba obsesionado con ella y él le había contado de una pelea con Antonio en el garaje de su casa. No les contó nada porque simplemente se acobardó, les dice muy suelta. No le creen, hay más conversaciones. En una han quedado retratados por lo que son.

Salvador: Me ha venido a la cabeza que es verdad, que tu madre tiene razón, que tendrás que desconectar de tu casa (…) y en cierta medida también tendrás que desconectar de mí porque yo te lo voy a recordar cada día que me veas. (…) Me ha dado un bajón bestial (…) y el otro día llamé a la policía…

Maje (grita nerviosa): ¡¡¡Qué dices!!! ¡Salva por Dios no hagas locuras!

(Salvador procede a tranquilizarla y le aclara que no es que ha confesado, que lo que hizo fue hablar con un amigo que es policía para saber cómo iban las investigaciones. Y que fue esa persona quien le contó que ella tiene un nuevo novio llamado José y que también le dijo que se irán a Italia. Salvador está celoso y se lo hace saber)

Salvador: Hay otra persona que no sé quién es, un tal José Antonio...

Maje: Sí, sí, el publicista. También te hablé de él. ¿Te acuerdas del publicista?

Salvador: Sí… y me ha dicho mi amigo que te vas con él a Italia.

(Salvador llora, ella guarda silencio unos instantes).

Maje: Pero escúchame, entonces ¿me están investigando a mí?

Salvador: A ti o a él… lo saben.

Maje: Hostia.

(Salvador quiere saber más de la relación de Maje con José y le reprocha que no le haya contado que tiene nuevo novio. Ella le dice que, después de todo, él sigue casado y que ella puede hacer lo que le dé la gana)

Maje: Igual que tú tienes una familia, o sea… y te jodes, pues… me jodo. Pues ya está. O sea, es así, no voy a estar sola esperándote. Es así.(...) Eso no quita que me hagas feliz o no, que igual que tienes una familia y disfrutas de tu hija, yo no puedo estar esperando a que…

Hombre sentado con gafas, suéter negro con cremallera, brazos cruzados, y un reloj en la muñeca izquierda. Hay una mesa y un fondo amarillo
El asesinato de Antonio Navarro ocurrió el 16 de agosto de 2017 en el garaje de su edificio de Patraix, donde Salvador (foto) lo apuñaló con llaves y coartada facilitadas por Maje

Todo está implícito. Pero necesitan pruebas. El 28 de diciembre los investigadores preparan una trampa. Le piden ayuda a Vicente Navarro, hermano de Antonio. Vicente se presta al juego y habla con su cuñada por el tema de la herencia. De hecho ella y su madre María Dolores lo han llamado hasta doce veces en un mismo día por asuntos de dinero. Se comunica y, luego de un par de intercambios, le desliza un comentario previamente pactado con los detectives: “La policía ya tiene el nombre y apellido del asesino”. Maje se sorprende, cae en la trampa. Histérica corta la llamada y llama de inmediato a Salvador. Todo queda registrado. Él intenta calmarla, le explica que nadie lo ha llamado para ser interrogado.

Queda clarísimo que ha sido él quien apuñaló a Antonio y que ella lo sabe perfectamente.

La mañana del 10 de enero de 2018 la policía los detiene.

Maje dice que Salvador no la atrae y que es él quien está obsesionado con ella. Aclara que le gustan los jóvenes con cuerpos musculosos y atléticos. Salvador muerto de amor asume la responsabilidad sobre el asesinato.

Los policías allanan y registran la casa de Salvador. Inmaculada entrega una mochila de su marido en cuyo interior encuentran las cartas de Maje. El detenido también les ha dicho dónde escondió el arma y dónde la compró. El 18 de enero la encuentran hundida entre los excrementos: el cuchillo tiene una hoja de 14 centímetros.

Los peritos logran hallar dos ADN justo donde encastra la hoja con el mango. Uno es del operario de la fábrica donde se hizo el cuchillo; otro, es el de Antonio.

Maje necesita que Salvador siga firme manteniendo su culpabilidad. Le manda cartas con otros detenidos. Cinco en total. Con eso mantiene su lealtad por muchos meses.

Finalmente, es la hija de Salvador quien lo hace ver la verdad: Maje nunca lo quiso, lo usó. A pedido de ella es que Salvador cambia su declaración el viernes 9 de noviembre de 2018. Ahora cuenta la verdad, que el cerebro del crimen había sido Maje:

“Maje me pidió que acabara con la vida de Antonio. (...) Me decía que no tenía que fallar, que tenía que matarlo antes del aniversario de su boda. Me pidió que no lo hiriese, que lo matase. María Jesús preparó todo. Me llamó la noche antes y me dijo que el coche de Antonio estaba en el garaje. Me dijo que tenía que ir a primera hora de la mañana y que ella no podía estar porque tenía guardia en el Hospital Casa de la Salud de Valencia”.

Eso define el futuro de la joven viuda.

María Jesús Moreno Jesús (Maje) en una foto de archivo durante el juicio celebrado en 2020 (POOL/Europa Press)
El juicio por el crimen de Antonio Navarro terminó en 2020 con la condena de Maje a 22 años de prisión y de Salvador Rodrigo Lapiedra a 17 años (POOL/Europa Press)

La “ninfómana” asesina

En los meses que rodearon al crimen, la vida sexual de Maje fue intensa. Además de Antonio, su marido, en su vida pululaban Tomás, Salvador, José y Sergio. Mentirosa patológica se las arregló para que todos le creyeran. Mientras los dos primeros sabían que estaba casada, los otros dos lo ignoraban. ¿Quién era cada uno? De Salvador ya lo sabemos casi todo. Tomás era fisioterapeuta que mantuvo con ella una relación desde mayo de 2016 hasta marzo de 2017. Se distanciaron cuando ella le dijo que no pensaba divorciarse de Antonio. Después de esa fecha solo se vieron, ocasionalmente, para tener sexo en la casa de él. Incluso una vez luego del crimen, en el mes de octubre.

En mayo de 2017, conoció en una discoteca a José con quien comenzó una nueva relación extramatrimonial. Él no tenía idea de que su compañera tenía marido. Eso fue hasta que mataron a Antonio y ella tuvo que anunciarle que la víctima que aparecía en los diarios era su odiado esposo. José no sospechó nada, siguieron saliendo y hasta planearon comprarse una casa, tener hijos y un viaje a Italia para recibir el 2018.

Maje la jugaba de enamorada de José, pero seguía viéndose con Tomás cada tanto, con Salvador y mantenía relaciones con Sergio, un guardia urbano a quien conoció en un boliche. Esa primera noche le dijo a Sergio que era ginecóloga. Mentir se le daba bien, siempre le creían. Y tuvieron sexo en el lugar tres veces: en las escaleras una vez y dos más en el baño público. Solo habían pasado 23 días desde que Antonio había sido apuñalado hasta morir.

Sergio en su declaración policial sostuvo que ella era una “una depredadora sexual”.

No había pasado ni un mes del homicidio que a sus amigas les decía con desparpajo: “Cuando seamos abuelas escribiremos un libro con nuestros ligoteos. Nos gusta la movida con tíos buenos. Yo, la movida con Antonio, que en paz descanse, no la quería”. En otra conversación dijo y quedó grabado: “Yo soy feliz y voy a hacer la vida que quiero. No sé aún con quién, me da igual. Yo me la estoy pasando bien y ahora puedo hacer contigo los planes que me dé la gana”.

Salvador Rodríguez Lapiedra en una foto de archivo durante el juicio celebrado en 2020 (POOL/Europa Press)
La investigación policial del crimen de Patraix avanzó con audios, escuchas telefónicas y una llamada trampa que expuso la conexión entre Maje y Salvador (POOL/Europa Press)

Viuda negra al banquillo

En octubre de 2020 comenzó el juicio a Maje Moreno Cantó. El fiscal, Vicente Devesa, pidió para ella 22 años de prisión y 18 para Salvador.

El proceso contuvo acusaciones cruzadas entre ellos. Maje negó haber dirigido el asesinato y convencido a Salvador: “Le encubrí, pero no planifiqué nada. No es cierto que yo acordara con Salva acabar con la vida de Antonio. Sólo hablamos de problemas en mi matrimonio, pero nunca le he pedido eso. Imposible”. La acusación la apuntó: ¿si ella no había participado cómo podía ser que Salvador tuviera las llaves del garaje? Maje contraatacó alegando que se las había dado mucho tiempo antes del homicidio porque con Salvador “compartía todo, lo sabíamos todo el uno del otro”.

Irónico, el fiscal le arrojó: “¿Compartían todo menos el crimen?”. Maje recogió el guante: “Sí, todo menos el crimen (...) Y no lo denuncié porque quería pasar página, tenía que olvidar esto”.

Salvador pidió testificar: “He pedido declarar porque estoy cansado de proteger a María Jesús y de cargar con la muerte de Antonio. No puedo más. Estoy muy arrepentido y pido perdón a toda la familia. Era María Jesús quien quería matar a Antonio. Ella me comió la cabeza durante tres semanas. Me convenció de que fuera yo quien lo apuñalara y lo consiguió. Me dijo cómo tenía que matarlo y me pidió que lo acuchillara en la plaza de garaje”.

En un veredicto alcanzado por unanimidad, el jurado los declaró culpables. El magistrado José María Gómez Villora, dio a conocer su sentencia en noviembre de 2020: la pena para Maje fue de 22 años; la de Salvador, de 17.

Tanto Salvador como Maje fueron sometidos a peritajes psiquiátricos. No les encontraron patologías. De Maje dijeron que tenía una personalidad organizada, un buen coeficiente intelectual y una gran habilidad para mentir y manipular. Dedujeron que utilizaba el sexo como su arma de poder para cualquier objetivo que deseara sin experimentar empatía. ¿Por qué simplemente no se había divorciado de Antonio? Los investigadores averiguaron que Antonio Navarro era titular de dos seguros de vida de dos compañías diferentes: Mapfre y Santa Lucía. Tras su muerte, Maje había comenzado a gestionar los cobros de las pólizas con la ayuda de Salvador. Además, había pedido la pensión de viuda que ascendía a unos 1.100 euros al mes. Eso sumado al piso en el que vivían (el 80 por ciento pertenecía a Antonio y el 20 a ella) y que Maje, según dijo, había reformado con 30 mil euros de sus ahorros propios.

Estaba claro: no se había divorciado porque quería el dinero. También, porque deseaba continuar con su vida alocada.

Tráiler de 'La viuda negra', el nuevo true-crime de Netflix basado en el Crimen de Patraix

Un hijo con un asesino

El 12 de enero de 2018, Maje entró a la cárcel de Picassent, situada a unos 20 kilómetros de Valencia. La prisión alberga tanto mujeres como hombres, pero en módulos separados. Solo coinciden en algunas actividades comunes. Eso fue suficiente para que Maje siguiera haciendo de las suyas. Iba al gimnasio, era soberbia y prepotente, coqueteaba con todos los presos y utilizaba el sexo, como siempre, para conseguir privilegios. Con 27 años y esa estampa, la táctica le funcionó a la perfección.

Se tiñó de rubia y siguió coleccionando amantes. Ahora, peligrosos. Tanto o más que ella. Igual, no les tuvo miedo. En enero de 2020 mantuvo relación con un pederasta de 59 años llamado Amador Vidal Vidal. El sujeto estaba preso por haber abusado de una menor de 13 años. Siguió con otros cuatro convictos por distintos delitos. Entre ellos hubo uno que se convirtió en permanente: David M.R, de 38 años. Este recluso estaba terminando su condena a 15 años por el homicidio de un joven de 27 al que le asestó 44 puñaladas antes de arrojarlo al agua con una bombona de butano atada a los pies. Drogas y ajuste de cuentas fue el asunto. Una joyita de novio. Pero Maje siempre tiene planes y ahora pretendía un hijo. David era el elegido para esto. A los tres meses de relación, logró quedar embarazada.

El 13 de julio de 2023, en el Hospital General de Alicante, llegó al mundo su hijo Manuel. Según las leyes, ahora podría cuidar de su bebé hasta los tres años, en la unidad de madres de la prisión alicantina de Fontcalent.

Después del parto, Maje se mudó a vivir con Manuel a una construcción de 3000 metros cuadrados con otras quince mujeres. Allí tienen a disposición juegos infantiles, servicios médicos y hasta una farmacia propia. Nada mal. Por lo menos mejor que antes.

El tiempo vuela: en julio de este año Manuel cumplirá tres años y debe salir del entorno penitenciario. Ella regresará, entonces, a Picassent y se deberá decidir quién tendrá la guarda del bebé. No falta mucho, pero no ha sido informado. Se cree que será la familia de Maje la que lo haga.

María Dolores, la madre de ella, la ha visitado cada semana en la cárcel desde que nació el bebé. Por otro lado, David, el padre de la criatura, ya ha salido en libertad. Cumplió su condena. Él también visita a Maje una vez al mes para la visita íntima y cada domingo para la visita habitual. Algunas veces llegó acompañado por sus suegros.

La justicia será quien resuelva con quién se criará Manuel.

En 2025 se estrenó la película La viuda negra sobre el caso. Quien representa a Maje es la actriz Ivana Baquero y, a Salvador, el actor Tristán Ulloa.

En principio, Maje cumpliría íntegramente su condena el 4 de enero de 2040. Para entonces tendrá 49 años. Hay quienes calculan que podría pedir su libertad en julio de 2034, siempre que no tenga sanciones disciplinarias.

En todo caso, ya cabe pensar no solo en la desgracia de Antonio sino también en la vida de este bebé que Maje decidió traer al mundo entre rejas. Ser hijo de dos asesinos es una carga de hierro que nadie querría llevar. Y que tu madre sea la victimaria famosa en un filme del true crime de Netflix, menos.

Veremos qué le tiene preparado el futuro a Manuel y cómo se las arreglará para sobrellevar el oscuro pasado de sus padres.

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