
El uso de relojes inteligentes y aplicaciones para monitorear la actividad física modificó la forma en que millones de personas practican ejercicio y gestionan su bienestar diario. En muchas ciudades, grupos de corredores se multiplicaron alentados por plataformas que facilitan el registro digital de rutinas y progresos.
Sin embargo, el seguimiento constante de la actividad física puede tener efectos poco visibles a primera vista. Diversas investigaciones, recopiladas por la Dra. Sahar Bakr de la Universidad de Nottingham Trent (Reino Unido) en la revista The Conversation, señalan que el monitoreo digital genera, en algunos casos, ansiedad, frustración y una percepción distorsionada tanto del propio cuerpo como de la relación con el ejercicio. Si bien la tecnología aporta incentivos y facilita el cumplimiento de metas, su impacto va más allá de los datos que muestran las pantallas y puede influir en la experiencia personal de la actividad física.
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La obsesión con los pasos y la distorsión de la actividad
El objetivo de 10.000 pasos diarios se consolidó como un estándar global, aunque su origen se remonta a una campaña publicitaria japonesa de los años 60 y carece de respaldo científico sólido, según explicó Bakr. Diversos estudios citados por la profesora señalan que 7.000 pasos diarios pueden ser suficientes para la mayoría de los adultos, aunque la meta tradicional permanece arraigada en la cultura popular.

El principal problema radica en que los dispositivos priorizan las métricas sencillas de medir, como los pasos, y suelen ignorar actividades como el ciclismo, la natación o el entrenamiento de fuerza. “Esto puede distorsionar la percepción de lo que realmente significa moverse de forma saludable”, advirtió la académica en la publicación periodística.
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Como resultado, los usuarios tienden a subestimar ejercicios valiosos que no se registran en la aplicación, lo que limita la variedad de las rutinas y puede desalentar la práctica de disciplinas menos cuantificables.
El ejercicio pierde su sentido lúdico
Mantener el hábito de la actividad física a largo plazo representa uno de los desafíos más frecuentes para quienes buscan una vida activa. El uso de aplicaciones puede convertir el ejercicio en una obligación, debilitando la motivación interna que impulsa a moverse. Según Bakr, “el disfrute ayuda a consolidar los hábitos, mientras que la presión por alcanzar métricas externas puede reducir esa motivación interna”.
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No cumplir con los objetivos diarios fijados por el dispositivo puede generar frustración y, en algunos casos, terminar en el abandono tanto de la tecnología como de las rutinas saludables. La profesora destaca que la relación con el ejercicio se ve afectada cuando la satisfacción personal se reemplaza por la necesidad de cumplir cifras. “Fracasar repetidamente puede provocar sentimientos de derrota y alejamiento de la actividad física”, explicó.

Más no siempre es mejor
Las aplicaciones y dispositivos suelen asociar la idea de que “más” implica mejor salud: más pasos, más minutos activos, más calorías quemadas. La profesora académica advirtió que esta lógica pasa por alto las diferencias individuales y los contextos personales. No todas las personas pueden ni deben cumplir con los mismos parámetros, pero los recordatorios frecuentes y las comparaciones refuerzan la presión por alcanzar esas metas.
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Enfatizó que estos dispositivos no contemplan situaciones como la recuperación tras una enfermedad, el embarazo, la edad o las condiciones socioeconómicas. Esto puede llevar a que las recomendaciones resulten poco realistas o incluso riesgosas. “Las personas pueden dejar de confiar en sus propias sensaciones y depender de lo que indica la pantalla, aunque no refleje su verdadera condición física”, señaló.
Entre la responsabilidad individual y el contexto social

La idea de que la inactividad depende únicamente de la fuerza de voluntad resulta insuficiente. Bakr subrayó que aspectos como la falta de tiempo, el acceso limitado a espacios verdes, la seguridad y las responsabilidades familiares influyen directamente en la posibilidad de realizar actividad física. Muchos usuarios experimentan presión o culpa al no alcanzar los objetivos definidos por el dispositivo, que no considera las dificultades reales del contexto.
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Para la especialista, la tecnología debe funcionar como una herramienta informativa, no como una imposición rígida. Los desarrolladores tienen la oportunidad de mejorar la experiencia al ofrecer configuraciones más inclusivas y adaptables, capaces de reconocer la diversidad de cuerpos, capacidades y situaciones personales.
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