
La diabetes ha experimentado un crecimiento sin precedentes en las últimas décadas, impulsada por cambios globales en los hábitos alimentarios y el estilo de vida, lo que ha derivado en un desafío urgente para los sistemas de salud de todo el mundo. Más de 800 millones de adultos tienen esta enfermedad crónica en la actualidad, cifra que cuadruplica la registrada en 1990.
El abordaje temprano y el seguimiento constante se presentan hoy como factores decisivos para limitar sus complicaciones y mejorar la calidad de vida de quienes la padecen, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
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El avance de la diabetes tipo 2, que representa aproximadamente el 90% de los casos, se debe principalmente al aumento sostenido de la obesidad, el sedentarismo y la prevalencia de una alimentación basada en productos ultraprocesados.
De acuerdo con la OMS, la prevalencia de diabetes tipo 2 ha aumentado más aceleradamente en países de ingresos bajos y medios, aunque todos los países han visto crecer la incidencia. En la Región de las Américas, por ejemplo, 112 millones de adultos viven actualmente con diabetes, una cifra que se ha triplicado desde 1990, sostiene el organismo sanitario.
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Con la mirada puesta en la gestión integral de la enfermedad, el doctor Pedro Cagliari, auditor médico en diabetes de Helios Salud, subrayó la importancia capital de la atención interdisciplinaria: “Calidad de vida y diabetes es posible. Pero requiere un abordaje completo, educación constante y acceso a profesionales que trabajen en equipo”.
La diabetes en números
El fenómeno no se limita a adultos ni a países desarrollados. La OMS informa que, en menos de treinta años, la enfermedad ha afectado a más de cuatro veces la cantidad de personas que padecían la patología en 1990. Cagliari aporta una postal del panorama argentino: “Uno de cada diez argentinos adultos, mayores de 18 años, en este momento en Argentina tiene diabetes. Además, hay otros cuatro de cada diez que no lo saben”, afirmó Cagliari a Infobae. Esto significa que el subdiagnóstico persiste y la diabetes mantiene un carácter silencioso que dificulta la intervención temprana.
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En este sentido, la OMS enfatiza que el diagnóstico precoz es vital para limitar el impacto de la enfermedad a largo plazo. Cuanto mayor sea el tiempo transcurrido entre la aparición de la diabetes y su detección, peores serán las consecuencias para la salud integral del paciente. Por ello, el acceso a pruebas básicas de glucosa en sangre en la atención primaria resulta indispensable.
La diabetes tipo 1, también conocida como insulinodependiente o juvenil, sigue siendo más común en la infancia o adolescencia, y responde a un componente genético que desencadena la destrucción de las células del páncreas productoras de insulina. La tipo 2, en cambio, históricamente asociada a adultos, está manifestándose cada vez más en niños y adolescentes, situación inédita derivada de los patrones alimentarios, la inactividad física y la obesidad infantil.
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Según Cagliari, “con el cambio de hábitos que estamos teniendo a nivel mundial, no solo en Argentina, el escenario ha variado y cada vez hay más jóvenes que son diabéticos. Principalmente, esto se debe a la obesidad, la falta de actividad y el tipo de alimentación que llevamos”, informó.
Diagnóstico, síntomas y recomendaciones para la detección precoz
La diabetes es una enfermedad metabólica crónica marcada por valores elevados de glucosa en sangre, resultado de una falla en la producción o el uso de la insulina. Si no es adecuadamente controlada, puede provocar daño en órganos como los ojos, riñones, nervios y vasos sanguíneos, y aumentar de forma significativa el riesgo de cardiopatía.
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Según la OMS, el inicio de la diabetes tipo 2 está vinculado a factores modifiables. La entidad distingue tres tipologías principales: tipo 1 (autoinmune, frecuente en menores), tipo 2 (relacionada al estilo de vida, más común en adultos, pero en aumento en jóvenes) y diabetes gestacional (aparece por primera vez durante el embarazo y puede dejar secuelas tanto en la madre como en el recién nacido).
Cagliari remarcó que los pacientes deben estar atentos a lo que denomina las “3P” como señales tempranas de alarma: poliuria (orinar en exceso), polidipsia (sed persistente) y polifagia (aumento desproporcionado del apetito, sin saciedad). Ante uno o varios de estos síntomas, el especialista recomienda acudir rápidamente al laboratorio y al consultorio: “Estas son las primeras pautas silenciosas de que algo relacionado a la diabetes está sucediendo”, alertó Cagliari.
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El proceso de diagnóstico implica establecer no sólo la presencia de la enfermedad, sino identificar el tipo y el momento evolutivo. Cagliari recomendó que, en la población mayor de 35 años, basta con realizar un análisis de sangre cada tres años si el resultado es normal, aunque aclaró que en menores de 35 se debe intensificar la búsqueda cuando existen factores como sobrepeso, obesidad, hipertensión arterial o triglicéridos superiores a 250 mg/dl: “Todos esos factores en un menor de 35 años llevan a que se deba evaluar el azúcar en sangre, la glucemia, para determinar en qué situación se encuentra”, explicó a Infobae.
Previo incluso al diagnóstico formal, existe un estadio intermedio denominado prediabetes, identificado por la OMS como un punto crítico de intervención potencial. La prediabetes posibilita la aplicación de medidas dietéticas, incremento de la actividad física y la adopción de hábitos saludables para no alcanzar el umbral patológico. “Uno puede implementar medidas dietéticas, actividad física, buen descanso y cambios en la alimentación, sin tener que llegar a la instancia de la medicación”, describió Cagliari.
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La dimensión genética y la realidad de la diabetes tipo 1
En opinión de la OMS, la diabetes tipo 1 continúa siendo indivisible de su base genética, afectando de manera prioritaria a la población infanto-juvenil. “Este componente genético, lamentablemente, destruye las células del páncreas que producen insulina, por lo que el paciente se queda sin insulina y comienza el aumento de glucosa en sangre”, detalló Cagliari a Infobae.

La diabetes tipo 1 todavía no tiene estrategia preventiva conocida y obliga a los pacientes a requerir de insulinización de por vida. La OMS indica que el acceso regular y asequible a la insulina sigue siendo una condición imprescindible para la supervivencia de quienes la padecen.
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El impacto del estilo de vida: alimentación, actividad física y prevención
La vida contemporánea, junto con el crecimiento del uso de pantallas, rutinas laborales exigentes y la proliferación de comidas industriales, afecta negativamente la salud poblacional. Según la OMS, esta tendencia ha dado lugar al aumento masivo de casos de diabetes tipo 2 —más del 90% del total— y, en paralelo, ha elevado el riesgo de obesidad, hígado graso y enfermedades cardiovasculares.
En consecuencia, expertos y autoridades sanitarias detallan una serie de recomendaciones basadas en la prevención: alimentación saludable, actividad física regular, control de peso y presión arterial, además de evitar el consumo de tabaco. Estas medidas, tanto individuales como poblacionales, han demostrado ser eficaces para prevenir la aparición de la enfermedad y sus complicaciones, resalta la OMS.

Pie diabético, una complicación que se puede evitar con control riguroso
El pie diabético representa una de las complicaciones crónicas más graves. Se origina, según Cagliari, “en pacientes con diabetes de larga evolución que no han seguido correctamente las indicaciones médicas en cuanto a alimentación y uso adecuado de la medicación”.
La persistencia de niveles altos de glucosa en sangre, advierte el especialista, primero daña los nervios (neuropatía periférica) y la circulación de los pies. Esto genera pérdida de sensibilidad y dificulta la cicatrización de heridas incluso pequeñas, que habitualmente pasan inadvertidas. “El paciente, lamentablemente, comienza a perder la sensibilidad y, al golpearse, por ejemplo, con la pata de la cama o un rincón, no percibe el dolor. Además, las heridas cicatrizan muy mal, lo que genera lesiones”, ilustró Cagliari.
El desenlace más severo ocurre cuando estas heridas no tratadas evolucionan a úlceras e infecciones profundas, lo que puede conducir eventualmente a la amputación del miembro afectado por gangrena. Por ello, tanto la OMS como los especialistas consultados insisten en la necesidad de revisar regularmente los pies, practicar una adecuada higiene y notificar rápidamente cualquier anomalía a los equipos de salud.

El mensaje de los especialistas: abordaje integral y eliminación del estigma
El acceso al tratamiento adecuado —desde la insulina y los medicamentos hasta los controles especializados— y la educación del paciente son determinantes para una vida plena pese al diagnóstico, concluyen tanto Cagliari como la OMS.
Lejos de discursos alarmistas, “no hay que demonizar la diabetes. Es una patología que, gracias a Dios, hoy tenemos las herramientas para tratar y permite que el paciente lleve una vida totalmente normal como si no fuera diabético”, expresó Cagliari.
Actualmente, la OMS refuerza que existen estrategias probadas para la prevención de la diabetes tipo 2 y la mitigación de las complicaciones en todos los tipos de la enfermedad, en el marco de un objetivo global acordado para frenar el aumento de la diabetes y la obesidad hacia el año 2025. El monitoreo continuo, la intervención temprana y el acompañamiento de profesionales en equipos interdisciplinarios son la clave para superar el impacto de la diabetes sobre la salud pública mundial.
La detección precoz, la educación permanente y el acceso garantizado a controles médicos y tratamientos se configuran como los pilares esenciales que permiten transformar una estadística preocupante en historias de vida plenas y activas, avaladas por las recomendaciones de la OMS y la experiencia clínica de especialistas como Pedro Cagliari.
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