
Un equipo de la Universidad de Washington en San Luis, referente en investigación biomédica, identificó el momento preciso en que el reloj biológico comienza a funcionar y se sincroniza en fetos de mamíferos. Este descubrimiento abre nuevas perspectivas para comprender cómo se establecen los ritmos circadianos incluso antes del nacimiento.
El reloj biológico fetal se activa durante el embarazo y se ajusta al entorno a través de señales transmitidas por la placenta. Científicos de la Universidad de Washington, mediante estudios en ratones modificados genéticamente, insertaron una proteína luminiscente en los fetos que permitió detectar la actividad del reloj biológico mediante destellos de luz registrados por cámaras sensibles.
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Los resultados demostraron que los ritmos diarios se ponen en marcha antes de que el feto perciba la luz exterior, sugiriendo una sincronización directa transmitida por la madre durante el desarrollo. Así, se observaron patrones rítmicos fetales alineados con el ciclo de descanso y actividad materna.

Los experimentos, que incluyeron la observación de ratones durante la última semana de gestación —periodo equivalente al tercer trimestre en humanos—, revelaron ritmos diarios definidos ajustados al comportamiento materno.
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Nikhil Lokesh, autor principal del estudio, afirmó: “Observamos claras diferencias de día y noche en las crías, sincronizadas con el ciclo materno en la fase final del embarazo”.
El equipo concluyó que el engranaje del reloj circadiano aparece en etapas tempranas y comienza a percibir señales ambientales antes del nacimiento.
El reloj biológico fetal se sincroniza antes de nacer
Erik Herzog, profesor distinguido de biología y coautor del estudio en la Universidad de Washington en San Luis, explicó que los ritmos diarios atraviesan la placenta desde la madre antes de que el feto haya desarrollado su capacidad para percibir luz. Esta transferencia revela que la sincronización fetal se inicia en el útero por mecanismos distintos a la exposición lumínica habitual.
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Las mediciones en ratones demostraron que este intercambio de información a través de la placenta permite que madre e hijo coincidan temporalmente en fases avanzadas del embarazo. Esta sintonía facilita que el recién nacido se adapte a los ritmos externos tras el parto.
Glucocorticoides y señales maternas en la sincronización del reloj biológico
Más allá de los cambios de luz o la actividad diaria, los científicos de la Universidad de Washington en San Luis identificaron el papel central de los glucocorticoides. Estas hormonas, reguladas por el reloj interno materno y asociadas al estrés, cruzan diariamente la placenta y marcan tiempos para el feto.
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En ese sentido, el estudio evidenció que “la administración diaria de glucocorticoides a las madres aceleraba la puesta en hora del reloj circadiano” en los fetos.
La administración habitual de glucocorticoides sintéticos en el embarazo —práctica común en contextos de riesgo— no suele considerar el ritmo natural de estas hormonas. Los hallazgos sugieren que el ajuste en el horario de su administración podría favorecer el desarrollo circadiano de los neonatos.
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Salud fetal y recomendaciones clínicas sobre ritmos circadianos

La alteración de los ritmos circadianos durante el embarazo preocupa especialmente al equipo de la Universidad de Washington en San Luis. Nikhil Lokesh advirtió que los cambios en estos ritmos durante la gestación influyen en el desarrollo del sueño y las rutinas del bebé, y que alteraciones tempranas podrían incrementar el riesgo de trastornos como ansiedad o depresión.
El estudio señala que la exposición a luz artificial nocturna —que afecta a más del 80% de la población mundial— puede desestabilizar los ritmos maternos y, en consecuencia, impactar en la salud futura del recién nacido. Mantener ciclos naturales estables es una recomendación clave para la protección y bienestar del bebé.
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Identificar con precisión cuándo y cómo se activa el reloj biológico permite orientar la investigación biomédica y mejorar las prácticas clínicas en favor de la salud circadiana desde el embarazo. Según la Universidad de Washington en San Luis, estos avances pueden guiar la innovación en los tratamientos y el diseño de políticas públicas para proteger la salud de los recién nacidos.
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