
Aunque habitaron épocas distintas y vivieron en mundos opuestos, Louis Vuitton e Yves Saint Laurent son dos “nombres marca” instalados desde hace decenios en el exclusivo coto del ‘chic francés’, dos creadores visionarios que ahora se citan en las librerías con sendas biografías ilustradas sobre su figura y legado.
La guionista Loo Hui Phang, nacida en Laos y criada en Normandía (Francia), y el dibujante francés Benjamin Bachelier son los autores de Smoking: La révolution Yves Saint Laurent, una novela gráfica en la que acompañan al diseñador a lo largo de una jornada en el Nueva York de 1967, cuando estaba en lo más alto de su carrera.
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Ha sido publicada en español como La revolución Yves Saint Laurent. La historia del esmoquin (Lunwerg).

Saint Laurent acababa de sacar Le Smoking, el primero diseñado para mujeres, una osadía revolucionaria que removió los cimientos de la moda porque liberaba al cuerpo femenino del rigor de ciertas obligaciones y esclavitudes más sociales que estéticas.
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La obra no es una biografía al uso, aunque define perfectamente el carácter a contracorriente con el que el creador guió su carrera hasta fallecer, en 2008, convertido en icono de la moda, tanto por sus piezas de alta costura como por su línea más “democrática” de prêt-à-porter (Rive Gauche).
Nació en Orán en 1936 y se formó en Maison Dior antes de abrir casa propia en 1961.
En un Nueva York irreal, de acuarela, Saint Laurent y su amiga y musa, la modelo Betty Catroux, se topan con que no los dejan entrar en ningún restaurante de lujo porque ella lleva pantalones, una transgresión para los aún férreos códigos de vestimenta de la época.
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Ella llega a la cita despeinada, con gafas de sol tras una noche de fiesta y vestida con el esmoquin negro.
El pantalón vetado a las mujeres
Ese “veto” sirve de excusa para que Saint Laurent y Catroux inicien una irónica y didáctica charla sobre los orígenes del pantalón, nacido como prenda humilde de trabajo o para montar a caballo. Poco a poco se fue convirtiendo en un elemento de estatus y, sobre todo, de género, prohibido a las mujeres y contrario a todo lo que “el estilo” consideraba femenino.
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“Negarles el pantalón a las mujeres es privarlas del mismo estatus y las mismas funciones que los hombres”, le dice en un momento a su amiga el diseñador. Él también apostó por incluir bolsillos en sus creaciones también para ellas.

La charla por las calles de la Gran Manzana entre Saint Laurent y Catroux, donde se cruzan con las primeras movilizaciones feministas, sirve de licencia a los autores para incluir en la trama a nombres famosos, algunos contemporáneos, como Andy Warhol; y otros que llegan del pasado: Marcel Duchamp, Christian Dior o Coco Chanel, una mujer moderna en su día pero, curiosamente, contraria a los pantalones femeninos.
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Vuitton: lujo y funcionalidad para los viajes
Mucho más canónica resulta Louis Vuitton: The Art of Fashionable Travel (Louis Vuitton. El arte de viajar con estilo, Lunwerg), la biografía ilustrada de la australiana Megan Hess dedicada al empresario.
A mediados del siglo XIX, en plena revolución industrial y de la expansión de los viajes de placer entre las clases acomodadas, fundó en París una firma artesanal de exquisitas maletas y baúles con su nombre.
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Un equipaje funcional y elegante, recubierto con una lona donde tuvo la brillante idea de grabar sus iniciales (LV), a las que su hijo George añadiría en 1896 el famoso estampado Monogram, sinónimo visual desde entonces del lujo e identidad de la casa (una roseta gótica de cuatro pétalos y en motivos japoneses). Con ello pensaba, inocente, que evitaría las falsificaciones.

Hess, colaboradora de Prada y Christian Dior Couture, relata cómo Vuitton, nacido en una familia humilde, se formó en el taller Maréchal, donde ya despuntó gracias a los encargos para la emperatriz francesa Eugenia de Montijo, mujer de Napoleón III.
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La ilustradora opta de forma inteligente por una gama de marrones, beiges y dorados (de los cierres y herrajes), enseñas cromáticas de la marca, para recorrer el devenir familiar de la marca con los míticos bolsos del siglo XX, como el Speedy, “adoptado” por la actriz Audrey Hepburn.
Y también con su fusión, en 1987, con Moët Hennessy —de la que nació el grupo LVMH— o su paso a la alta costura, con el cambio de siglo, de la mano de Marc Jacobs y posteriormente, con Nicholas Ghesquière.
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Fuente: EFE
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