
Durante años, la perimenopausia fue una etapa silenciosa, subestimada y, en muchos casos, directamente ignorada. Así lo plantean la ginecóloga Mary Claire Haver y la psicóloga Becky Kennedy, quienes advirtieron en el pódcast Good Inside que miles de mujeres atraviesan síntomas intensos sin saber realmente qué les está pasando.
Desde su experiencia clínica y personal, ambas especialistas describen un patrón que se repite: cambios físicos y emocionales que se acumulan durante años, sin diagnóstico ni información clara, hasta que finalmente un profesional logra ponerle nombre a lo que parecía inexplicable. Esa falta de reconocimiento no solo retrasa el abordaje, sino que también profundiza la sensación de desconcierto.
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La perimenopausia —la etapa previa a la menopausia— puede extenderse entre siete y diez años y presentar un abanico de síntomas mucho más amplio de lo que se suele creer: ansiedad, insomnio, depresión, niebla mental, alteraciones en la piel y el cabello, cambios de ánimo y dificultades cognitivas. El desafío es que estas señales suelen aparecer en momentos de alta demanda personal y familiar —como el cuidado de hijos adolescentes o padres mayores—, lo que vuelve aún más difícil identificarlas y buscar ayuda médica a tiempo.

Qué es la perimenopausia y cómo afecta a las mujeres
La Dra. Kennedy detalla que la perimenopausia inicia cuando las señales cerebrales ya no estimulan a los ovarios como antes: es un proceso gradual y acumulativo. En ese sentido, explica que pueden aparecer periodos de inestabilidad en los mecanismos que antes permitían gestionar la vida cotidiana.
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Haver añade que gran parte de las personas relaciona la menopausia solo con la última menstruación o los sofocos, pero en mujeres de 40 años la perimenopausia suele confundirse con estrés o trastornos del ánimo. Para ella, esta fase es prolongada y está marcada por alteraciones en el sueño, la irritabilidad, la agudeza emocional y la concentración.
La especialista remarca que la convivencia familiar puede ser especialmente desafiante para las mujeres en perimenopausia: pueden confluir hijos en plena pubertad y adultos mayores en el hogar.
Según Kennedy, durante estos siete a diez años, los niveles hormonales como el estrógeno fluctúan de manera abrupta, llegando a picos semejantes al embarazo y luego cayendo sin aviso. “Los síntomas suelen presentarse antes de que haya cambios notorios en el sangrado o la frecuencia del periodo”, enfatiza Haver. Esto dificulta aún más el reconocimiento temprano de esta etapa.
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Estudios citados por Kennedy y publicados por la Asociación Americana de Psiquiatría en 2023 han medido de forma sistemática la percepción de “no sentirse a sí misma”, reportada por miles de mujeres pasando por la perimenopausia.
El análisis indicó una prevalencia clara de niebla mental, menor flexibilidad emocional y pérdida de satisfacción, síntomas que corresponden a los cambios en neurotransmisores provocados por los movimientos de estrógenos y progesterona.

El desconocimiento y los desafíos en el diagnóstico
La falta de visibilidad de la perimenopausia comienza ya en la formación académica de la salud. “En toda la carrera solo tuvimos unas seis clases de una hora sobre menopausia”, relata Haver, puntualizando que no había módulos dedicados a perimenopausia ni a su impacto cotidiano.
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Asimismo, indica que tradicionalmente se presentaba apenas como una leve declinación de la función ovárica, sin profundizar en los efectos diarios ni el desajuste hormonal que implica.
Kennedy coincide y recuerda cómo se asumía que los síntomas tenían un origen psicosomático. La práctica convencional tendía a atribuirlos al estrés o la edad, y rara vez a factores hormonales. Esto dificultaba un diagnóstico certero. También sostiene que la falta de educación profesional aún impacta en la calidad del trato actual.
La estigmatización también actúa: muchas pacientes retrasan la consulta médica o no reconocen el verdadero alcance de sus molestias. “Se nos educa para no molestar y para no admitir que necesitamos ayuda. Si nadie lo nombra, creemos que es un problema propio”, enfatiza Kennedy.
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Por su parte, Haver sostiene que gracias a la divulgación en redes y literatura médica reciente, hay una mejora progresiva en este aspecto.

Claves para afrontar la perimenopausia y buscar apoyo
Si aparecen síntomas como ansiedad, insomnio, alteraciones en la piel o el cabello, pérdida de libido o falta de satisfacción general, Haver recomienda considerar la perimenopausia como causa probable, sobre todo si no existen factores externos identificables. Recomienda consultar a profesionales con certificación específica en menopausia y cambiar de especialista si el abordaje recibido no resulta satisfactorio.
La ginecóloga subraya que la terapia hormonal ha recuperado validez a partir de evidencia clínica reciente. También indica que estabilizar las hormonas puede ser más eficaz que iniciar antidepresivos, especialmente si los síntomas de ansiedad o depresión son recientes.
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No obstante, advierte que actualmente solo el 4% de las mujeres accede hoy a una terapia hormonal aprobada (dato recopilado en el informe anual 2023 de la Asociación Americana de Menopausia), lo que evidencia barreras de información y persistencia de temores previos.
Haver insiste en que toda decisión médica debe considerar riesgos y beneficios, ya que el impacto de la perimenopausia involucra no solo el ámbito emocional sino también la salud ósea, muscular y cardiovascular.
Además, ambas especialistas recomiendan priorizar el descanso nocturno: “La falta de sueño eleva el riesgo de enfermedades como obesidad, cardiopatías y diabetes”.
Sugieren también verificar por anticipado que el profesional consultado posea capacitación específica, y apoyarse en redes y recursos digitales avalados para localizar especialistas confiables.

El impacto de la perimenopausia en la vida cotidiana
La perimenopausia suele coincidir con desafíos familiares y laborales acumulados. “No se trata de un fallo de carácter ni de un problema irreal; es consecuencia de transformaciones fisiológicas profundas”, explica Kennedy, quien señala que reconocer el carácter fisiológico de los síntomas marca el primer paso para recibir ayuda.
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Esta etapa, además, suele implicar sobrellevar al mismo tiempo hijos adolescentes, padres que envejecen y crecimiento profesional, lo que amplifica los niveles de estrés y fatiga si el apoyo médico y social es limitado.
Haver subraya la importancia de aportar herramientas clínicas a las pacientes y afirma: “No puedo evitar que tus hijos pongan a prueba límites o que debas cuidar a padres mayores, pero sí puedo ayudarte a recuperar energía y bienestar si la causa es hormonal”.
Ambas enfatizan el valor de las redes de información y contención, desde grupos de apoyo presenciales hasta recursos virtuales actualizados.
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