El ejercicio y los entornos enriquecidos plantean un nuevo enfoque para proteger el cerebro frente al estrés, según la ciencia

Un estudio internacional revela cómo la actividad física y la estimulación social preservan la barrera cerebral, abriendo perspectivas inéditas para la prevención de la depresión y la ansiedad bajo presión prolongada

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El ejercicio y la estimulación
El ejercicio y la estimulación social son estrategias prometedoras para la prevención de la depresión y trastornos ligados al estrés, según el equipo de investigación (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un estudio de la Universidad de Laval en Quebec, publicado en la revista Nature Communications, reveló que tanto el ejercicio físico como los entornos socialmente enriquecidos ayudan a preservar la barrera hematoencefálica frente al estrés crónico, uno de los principales factores de riesgo para la depresión.

La investigación, liderada por Caroline Ménard, profesora de la Facultad de Medicina de la Universidad de Laval e investigadora en el CERVO Brain Research Center, analizó el impacto del estrés crónico sobre la barrera hematoencefálica en ratones expuestos a la convivencia con un macho dominante.

Los animales se dividieron en tres grupos: uno accedió a un entorno enriquecido con juguetes y refugio, otro contó con una rueda para ejercicio y el grupo control no dispuso de estímulos adicionales.

Además, el entorno enriquecido aportó estímulos sensoriales y sociales que imitan situaciones de interacción en la naturaleza.

La investigación asocia el mantenimiento
La investigación asocia el mantenimiento de la integridad de la barrera hematoencefálica con la reducción de conductas depresivas producto del estrés (Imagen Ilustrativa Infobae)

Ménard explicó que la barrera hematoencefálica protege el cerebro mediante varias capas celulares cuya integridad depende de la proteína claudina-5. Y añadió: “Cierra los espacios entre las células en la primera línea de defensa. Sin ella, la barrera pierde su integridad”.

El equipo comprobó que los ratones sometidos a estrés crónico y sin acceso a estímulos perdieron un 50% de la proteína claudina-5 en el cerebro, lo que debilitó la barrera y facilitó la aparición de conductas de ansiedad y depresión.

En cambio, los animales con entorno enriquecido o ejercicio mantuvieron estables los niveles de claudina-5 y mostraron menos signos de malestar. “Observamos una reducción del 50% en la claudina-5 en los ratones estresados del grupo control, mientras que los ratones con entorno enriquecido o acceso a rueda de ejercicio perdieron poca o nada de claudina-5”, puntualizó Ménard.

Relación entre proteínas cerebrales y resiliencia al estrés

La proteína cerebral Fgf2 se
La proteína cerebral Fgf2 se vincula con la resiliencia al estrés, ya que su mayor presencia reduce el aislamiento y la ansiedad (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio también analizó la relación entre la resiliencia al estrés y la cantidad de la proteína Fgf2 en el cerebro. Tras manipular el gen responsable de esta proteína, se detectó que los ratones que producían más Fgf2 evitaban el aislamiento y resultaban menos propensos a la ansiedad.

Por el contrario, aquellos en los que se redujo la producción mostraron mayor vulnerabilidad al estrés. Ménard expuso: “Los ratones que producían más Fgf2 no se aislaban, mostrando mayor resiliencia y menos ansiedad”.

Fgf2 en humanos y su potencial como biomarcador

Para explorar la posible utilidad clínica de la Fgf2, el equipo midió su presencia en muestras de sangre humana del Institut universitaire en santé mentale de Montréal.

En alrededor de 100 muestras, constataron que los niveles de Fgf2 aumentan con la gravedad de la depresión y que factores como empleo y educación pueden incidir en estos valores, lo que sugiere la influencia de variables socioambientales en el desarrollo de los trastornos depresivos.

Los niveles de Fgf2 en
Los niveles de Fgf2 en sangre humana aumentan en casos de depresión, lo que sugiere potencial como biomarcador y la influencia de factores socioambientales (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los investigadores advierten que, aunque la Fgf2 destaca como candidato a biomarcador para evaluar la gravedad de la depresión, aún no cuenta con validación clínica definitiva.

Perspectivas futuras en la prevención y diagnóstico

La investigación sugiere que potenciar la barrera hematoencefálica mediante ejercicio y entornos enriquecidos podría convertirse en una medida preventiva ante la depresión y otras alteraciones asociadas al estrés crónico. Los expertos consideran que estos hallazgos podrían abrir nuevas líneas de investigación sobre mecanismos protectores en el cerebro.

Ratones expuestos a rutinas de
Ratones expuestos a rutinas de estimulación sensorial y social mantuvieron mejores niveles de proteínas cerebrales frente a presión prolongada (Imagen Ilustrativa Infobae)

El próximo objetivo del equipo es determinar si la proteína Fgf2 permite predecir la respuesta a tratamientos o su aplicación en el diagnóstico de otros trastornos, como la esquizofrenia.

Ejercicio, entornos enriquecidos y biomarcadores cerebrales aparecen como caminos prometedores en la prevención y evaluación de los efectos del estrés crónico en la salud mental, aportando nuevas perspectivas para la intervención temprana y el desarrollo de estrategias terapéuticas personalizadas, con potencial impacto global.