
Un reciente hallazgo científico revela que el llamado ayuno intermitente no mejora la salud metabólica ni cardiovascular a menos que se produzca una disminución en el consumo de calorías.
Esta conclusión, obtenida tras analizar datos de un grupo de mujeres con sobrepeso u obesidad, responde a la creencia de que modificar exclusivamente el horario de las comidas aporta beneficios clínicos significativos en marcadores metabólicos, aunque sí se observaron alteraciones en el reloj biológico de las participantes, según los resultados publicados en Science Translational Medicine por el Instituto Alemán de Nutrición Humana Potsdam-Rehbruecke (DIfE) y la Universidad de Medicina de Berlín.
El médico legista especialista en nutrición, Martín Carrizo (MN 123.838), analizó en su cuenta de X la relevancia del enfoque usado en este estudio, resaltando que “se trata de un ensayo clínico aleatorizado y cruzado. Esto significa que no se compararon dos grupos distintos, sino que cada participante actuó como su propio control, pasando por ambos esquemas horarios (alimentación temprana vs. tardía). Esto es importante porque elimina las diferencias genéticas e interindividuales como factor de confusión”.

El diseño del estudio, denominado ChronoFast, consistió en alternar durante dos semanas dos ventanas de ingesta: una desde las 8:00 a 16:00 y otra de las 13:00 a 21:00. En ambas, la cantidad de calorías y nutrientes se mantuvo idéntica a diario para asegurar un régimen estrictamente isocalórico. Cada participante funcionó como su propio control pasando por los dos esquemas horarios, una metodología que elimina las diferencias genéticas e interindividuales como posibles factores de confusión.
Carrizo enfatizó que la investigación controló de manera rigurosa el consumo calórico: “Fue un estudio estrictamente isocalórico, o sea, los participantes consumieron exactamente la misma cantidad de calorías y nutrientes en ambas fases. De esta forma, los investigadores evitaron la variable ‘tiempo de ingesta’ de la variable ‘déficit calórico’”.
Respecto a los hallazgos en parámetros metabólicos, recalcó: “La restricción horaria (el llamado ayuno intermitente) no mejora por sí misma la sensibilidad a la insulina, la glucemia ni los marcadores inflamatorios cuando no hay pérdida de peso. En otras palabras, los beneficios metabólicos observados en estudios previos no provienen de un mecanismo intrínseco del ayuno, sino de algo mucho más simple: comer menos”.

Las claves de la investigación
El estudio involucró a 31 mujeres con sobrepeso u obesidad y evaluó los efectos del horario de las comidas sobre el peso corporal, la sensibilidad a la insulina, la glucosa, el perfil lipídico y los marcadores inflamatorios. Los investigadores recurrieron a pruebas de tolerancia a la glucosa y análisis sanguíneos exhaustivos. Tras dos semanas en cada modalidad horaria, los resultados mostraron que “cambiar únicamente el horario de ingesta no produjo mejoras relevantes en los niveles de glucosa, insulina, lípidos ni en los marcadores de inflamación”.
Hacia el final de las observaciones, el equipo dirigido por la profesora Olga Ramich detectó un desplazamiento del reloj interno en un promedio de 40 minutos dependiendo del horario asignado para la alimentación. De acuerdo con la explicación de la investigadora, los cambios en la franja horaria de las comidas influyeron tanto en la fase circadiana, medida con un método desarrollado por el profesor Achim Kramer, como en los patrones de sueño de las mujeres sometidas al protocolo. La primera autora del estudio, Beeke Peters, detalló que “el momento en que comemos funciona como una señal para nuestros ritmos biológicos, de modo similar a la luz”.
La profesora Olga Ramich explicó que los beneficios reportados en estudios anteriores probablemente se debieron a una reducción no intencionada de la ingesta calórica más que al esquema horario estricto: los trabajos preexistentes, señaló, en su mayoría no controlaban si los sujetos ingerían menos alimentos al verse restringidos por una ventana temporal más acotada.

A pesar de la ausencia de mejoras metabólicas, el equipo científico desplegó un método avanzado para el control circadiano, determinando que el único efecto claro fue el desplazamiento de los ritmos biológicos internos. Las horas de sueño variaron de acuerdo con los horarios de comida, lo cual refuerza la hipótesis de que el acto de comer también es un sincronizador del reloj interno además de la luz.
Qué es el ayuno intermitente
Según la definición de ayuno intermitente elaborada por Mayo Clinic, este patrón alimentario se basa en límites periódicos de tiempo durante los cuales se mantiene una dieta normal, seguidos de intervalos en los que se consumen muy pocas calorías o ninguna. La clínica detalla: “El ayuno intermitente es un patrón de alimentación basado en límites de tiempo. Durante una cantidad determinada de horas o días, mantienes una dieta normal. Al final del tiempo establecido pasas a consumir muy pocas calorías o ninguna, lo que se denomina ayuno”.
Mayo Clinic indica que este régimen puede administrarse de diversas maneras, con ayunos que pueden durar desde unas horas hasta jornadas completas. Describe los supuestos mecanismos biológicos: “La idea es que el ayuno intermitente hace que las células del cuerpo cambien su funcionamiento. Una alimentación programada puede hacer que las células se centren en la reparación, el uso de la energía y el equilibrio de las funciones de todo el organismo”.
Al respecto de sus efectos, Mayo Clinic menciona que “las investigaciones demuestran que el ayuno intermitente puede mejorar algunos signos de salud a corto plazo. Estos son algunos de ellos: Glucosa en la sangre. Peso. Colesterol en la sangre. Presión arterial. Inflamación crónica”. No obstante, la institución advierte que los efectos a largo plazo no están completamente claros, y varios estudios sugieren que restringir calorías en general podría conferir los mismos beneficios que el ayuno intermitente.

Las dudas en torno a la uniformidad de los efectos según el tipo de ciclo también aparecen documentadas: existen pruebas que indican que un ciclo de 16 horas de ayuno y ocho de alimentación puede aumentar el riesgo de enfermedad cardíaca en comparación con otros esquemas de restricción temporal alimentaria.
Por otra parte, Mayo alerta sobre potenciales efectos adversos: “El ayuno intermitente también puede hacer que las personas se sientan muy cansadas y mareadas. Puede afectar al control de la diabetes y causar dolores de cabeza o cambios en el estado de ánimo. El ayuno intermitente también puede causar estreñimiento y afectar al ciclo menstrual”.
Los investigadores alemanes concluyeron que muchos de los trabajos preexistentes sobre ayuno intermitente señalaban mejoras metabólicas, pero la mayoría no diferenciaba si tales beneficios derivaban únicamente de la reducción involuntaria de calorías al comer en ventanas temporales acotadas, o del régimen horario en sí mismo. Dentro de las limitaciones observadas, ChronoFast logró aislar ambas variables, ofreciendo evidencia robusta de que sin reducción calórica, controlar el horario de las comidas no incide en la mejora de indicadores metabólicos centrales, aunque sí redefine el funcionamiento del reloj biológico.
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