
La NASA atraviesa una etapa de cambios profundos y ambiciones renovadas, impulsada por el liderazgo de su jefe administrador Jared Isaacman, quien asumió el cargo con la promesa de abrir puertas, acelerar el desarrollo tecnológico y situar la exploración de Marte en el centro de la agenda espacial estadounidense.
En una entrevista exclusiva a Science, junto los anuncios recientes de la agencia la NASA refleja una estrategia que busca transformar la cultura organizacional, fortalecer la cooperación público-privada y avanzar hacia una nueva misión marciana en la ventana de lanzamiento de 2028.
Isaacman, conocido por su trayectoria como empresario y astronauta comercial, llegó a la NASA respaldado por una visión pragmática y disruptiva. Su carrera, marcada por hitos como la comandancia de la misión espacial Inspiration4, el primer vuelo orbital totalmente civil, y la misión Polaris Dawn, lo posicionó como un líder familiarizado con los desafíos técnicos y el potencial de la colaboración con la industria espacial privada.
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Desde su llegada, una de sus primeras directivas fue la política de “puertas abiertas”, que simboliza su voluntad de escuchar a todos los actores del sector y de renovar la plantilla de la agencia, que había perdido cerca del 20% de su personal en el último año debido a jubilaciones anticipadas y renuncias.
Isaacman propuso reconvertir a los contratistas, que constituyen la mayoría de la fuerza laboral de la NASA, en puestos de servicio público, con la meta de fortalecer competencias internas y acelerar la toma de decisiones.

El jefe administrador no oculta su admiración por la exploración espacial y su relevancia para la humanidad. “Hemos encontrado todas las islas, todos los países, hemos escalado todas las montañas, hemos cruzado todos los mares. Y si lo piensas en el contexto de nuestro Sistema Solar, por no hablar de la galaxia que nos rodea y el universo, apenas estamos empezando”, reflexionó Isaacman en la entrevista.
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Para él, la NASA debe concentrar su energía y recursos en “los objetivos más importantes que ninguna otra agencia u organización es capaz de lograr”.
En este contexto, la misión a Marte para 2028 adquiere un peso estratégico. La ventana de lanzamiento, que coincide con una alineación favorable entre la Tierra y el planeta rojo, abre la posibilidad de enviar no solo un orbitador de comunicaciones y el rover Rosalind Franklin de la Agencia Espacial Europea, sino también una tercera misión que podría marcar un salto cualitativo en la investigación planetaria.

Isaacman confirmó que la NASA ya discute con la administración presidencial la hoja de ruta para aprovechar esta oportunidad, señalando: “Estoy muy convencido de que lo aprovecharemos. También tenemos a la misión Rosalind Franklin, en quien la NASA tiene un papel importante, incluyendo el lanzamiento y algunos instrumentos. Pero sospecho que también habrá un tercero”.
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La apuesta de Isaacman incluye acelerar los programas de ciencia lunar, fortalecer el programa Artemis y multiplicar la frecuencia de lanzamientos del Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS) con el objetivo de llevar astronautas a la Luna en 2028.
Sin embargo, el foco sobre Marte no se limita solo a la exploración robótica o tripulada; también abarca el desarrollo de tecnología, la reducción de costes y la colaboración con la industria para hacer sostenible la presencia humana más allá de la órbita terrestre.

La reciente misión ESCAPADE, lanzada en noviembre de 2025, es un ejemplo de la nueva filosofía. Por primera vez, la NASA colocará dos naves gemelas en órbita alrededor de Marte para estudiar cómo el viento solar afecta la atmósfera marciana y su magnetosfera.
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El objetivo es comprender cómo Marte perdió su atmósfera y agua superficial, un conocimiento clave para planificar futuras misiones humanas y proteger sistemas tecnológicos ante el clima espacial hostil. La llegada de ESCAPADE a Marte está prevista para septiembre de 2027, y la campaña científica comenzará en 2028, precisamente durante la ventana de oportunidad para la nueva misión a Marte.
Isaacman siempre defendió la importancia de repensar la organización interna de la NASA y apostar por modelos más eficientes, inspirados en la industria aeronáutica y la colaboración con empresas como SpaceX y Blue Origin. Critica los procesos burocráticos que retrasan la toma de decisiones y encarecen los proyectos, proponiendo la “señal de demanda” como herramienta para permitir que la industria invierta y desarrolle capacidades a largo plazo.
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“Hablaremos de intentar aterrizar en la Luna cada mes durante los próximos, quién sabe, tres años. Habrá muchas oportunidades para empezar a crear plantillas para sus módulos de aterrizaje y sus exploradores, dotando a esos aparatos de capacidades de demostración científica y tecnológica”, anticipa en la entrevista.
El administrador también señaló que el enfoque comercial y la integración de expertos temporales mediante el programa “NASA Force” permitirán acelerar el desarrollo de talento, diversificar competencias y responder mejor a los desafíos de la exploración interplanetaria. “Podemos convertirlos en permanentes si lo desea. Se trata de algunos de los mejores de la industria que simplemente quieren servir a su país. Forman parte de nuestro talento”, explicó Isaacman.
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Sobre el retorno de muestras marcianas, Isaacman reconoce que se trata de una inversión multimillonaria y un desafío sin precedentes, pero considera que el Congreso dio señales de apoyo y que la sinergia entre la exploración lunar y marciana facilitará el desarrollo de la misión.

“Es mucho más fácil considerar una misión de retorno de muestras a Marte cuando existe un enfoque universal en la Luna. Mientras existió el debate sobre si enviar astronautas a Marte o no, es muy difícil comprometer X miles de millones de dólares para un retorno robótico”, admite. Pese a los costes y desafíos técnicos, el administrador se muestra convencido de que se trata de una misión “que vale muchísimo la pena”.
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En el plano cultural, Isaacman busca crear un ambiente donde los ingenieros y científicos estén motivados para superar cada programa y aspirar a proyectos cada vez más ambiciosos. “En la NASA, quiero que los mejores ingenieros y científicos del mundo piensen: ‘Voy a superar este programa porque lo que venga después de Dragonfly será diez veces más genial’. Así que lanzémoslo, busquemos los datos y construyamos algo aún más grandioso. Es una cuestión cultural en la que tenemos que trabajar”, afirma.
Uno de los desafíos históricos de la NASA fueron los sobrecostos y retrasos en las misiones científicas emblemáticas, producto de la complejidad tecnológica y la competencia interna entre centros. Isaacman reconoce estos problemas y propone una gestión más ágil y eficiente, apoyada en la confianza y la colaboración entre equipos. El caso del telescopio espacial Nancy Grace Roman, que logró mantenerse en plazo y presupuesto, es presentado como ejemplo de la nueva dirección.
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En cuanto a la investigación sobre la Tierra y el cambio climático, Isaacman sostiene que la NASA debe centrarse en “financiar los datos que benefician a toda la humanidad”, evitando posicionamientos políticos y priorizando la utilidad práctica para la agricultura, la gestión de desastres y la comprensión de los sistemas planetarios.
“Habitamos un solo planeta. Probablemente deberíamos hacer todo lo posible para comprenderlo”, remarca, aunque insiste en que la función principal de la agencia es resolver “los misterios en aire y espacio”.
La visión de Isaacman se integra en el denominado “Project Athena”, un plan estratégico que busca devolver a la NASA la capacidad de “lograr lo casi imposible” mediante la eficiencia, la innovación y la asociación con el sector privado. Entre los objetivos destacan liderar la exploración humana, impulsar la economía espacial y convertirse en un multiplicador de ciencia para el beneficio global.
Mirando hacia el futuro, la NASA prepara el terreno para una presencia constante en la Luna, la construcción de una base lunar con energía nuclear y el desarrollo de tecnologías de soporte vital, comunicaciones láser y propulsión avanzada para misiones a Marte y más allá.
La próxima ventana de lanzamiento a Marte en 2028, con la posibilidad de una misión adicional aún no revelada, será una prueba de esta nueva era en la que la agencia busca combinar la excelencia científica con la agilidad comercial.

Isaacman concluye que el verdadero valor de la exploración radica en la capacidad de la humanidad para enfrentar lo desconocido y responder preguntas fundamentales sobre el universo, la vida y nuestro lugar en el cosmos.
Bajo su liderazgo, la NASA se propone recuperar la audacia y el liderazgo global, mientras invita a la sociedad y a la industria a ser parte de un viaje que definirá el siglo XXI.
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