
La diabetes tipo 2 es una enfermedad metabólica que crece de manera sostenida en todo el mundo. Sin embargo, la evidencia científica indica que hasta un tercio de los casos podrían prevenirse si se adoptan cambios en la alimentación y el estilo de vida. Entre ellos, uno de los factores que inciden y puede modificarse es la ingesta excesiva de productos industrializados ultraprocesados.
Una amplia investigación realizada en Francia mostró que el consumo elevado de ciertos conservantes presentes en alimentos ultraprocesados y bebidas industriales se asocia con un aumento en el riesgo de diabetes tipo 2.
El estudio, basado en la cohorte NutriNet-Santé con más de 100.000 adultos seguidos durante un periodo superior a 10 años, encontró que quienes registraron los niveles más altos de consumo de conservantes presentaron un aumento del 47% en el riesgo de desarrollar la enfermedad metabólica.
Según los hallazgos, la ingesta elevada tanto de conservantes antioxidantes como no antioxidantes se relaciona con un incremento de casos de diabetes tipo 2.

El estudio fue desarrollado por un equipo multidisciplinario del Instituto Nacional de la Salud y la Investigación Médica de Francia (INSERM), el Instituto Nacional de Investigación para la Alimentación y el Medio Ambiente (INRAE), la Universidad Sorbonne Paris Nord, la Universidad Paris Cité y el Conservatorio Nacional de Artes y Oficios (Cnam), dentro del Equipo de Investigación en Epidemiología Nutricional (CRESS-EREN). Los resultados se publicaron en la revista Nature Communications.
Algunos de los ultraprocesados más habituales son las bebidas azucaradas, panes de producción industrial, cereales con alto contenido de azúcar, snacks salados, embutidos, platos listos para consumir, galletas, helados y bebidas energizantes.
Ante la consulta de Infobae, la doctora Pilar Quevedo, jefa de la División Nutrición del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), explicó que el consumo elevado de ultraprocesados “promueve una alimentación de baja calidad nutricional, rica en azúcares simples, grasas saturadas y sodio, y pobre en fibra y micronutrientes”, lo que favorece el aumento de peso y la obesidad, factores clave en la aparición de la enfermedad.

“Ciertos aditivos y conservantes pueden alterar la microbiota intestinal y los mecanismos de regulación del apetito e insulina. A diferencia de la diabetes tipo 1, que es autoinmune, la tipo 2 se instala de manera progresiva: la glucemia se eleva lentamente, el cuerpo se adapta, y muchas personas no presentan síntomas al inicio, por lo que el diagnóstico suele demorarse varios años", completó la especialista.
En tanto, la licenciada Cecilia Martinelli, nutricionista y directora académica de la diplomatura en Nutrición y Diabetes de la Universidad de Belgrano, señaló a Infobae que “hay muchos estudios que han mostrado una asociación entre el incremento en el consumo de ultraprocesados y el riesgo de diabetes tipo 2, pero no tanto por la relación con los aditivos sino con la relación más directa se da con el exceso de peso que estos productos favorecen, especialmente en entornos donde la actividad física es baja y la oferta de estos alimentos es alta”.
Martinelli remarcó que el consumo excesivo de ultraprocesados —ricos en azúcares, sodio y grasas de mala calidad, y pobres en fibra— contribuye al aumento de tejido adiposo, lo que incrementa el riesgo de diabetes tipo 2, incluso en edades cada vez más tempranas.
Dos tipos de conservantes

El estudio francés clasificó los conservantes en dos grandes categorías: los antioxidantes, diseñados para retrasar el deterioro causado por la oxidación, y los no antioxidantes, utilizados principalmente para inhibir el crecimiento microbiano o para frenar cambios químicos en alimentos.
Se registraron 58 conservantes diferentes en la dieta de los participantes del estudio, de los cuales 33 eran conservantes estrictos y 27 antioxidantes.
Estos aditivos se identifican en el etiquetado de los alimentos procesados con los códigos europeos E200 a E299 para conservantes en sentido estricto y E300 a E399 para antioxidantes.
Los investigadores analizaron de manera individual 17 conservantes consumidos por, al menos, el 10% de la muestra. En doce de esos casos, los niveles elevados de consumo se vincularon a un mayor riesgo de diabetes tipo 2.
Los conservantes asociados a mayor riesgo de diabetes tipo 2

Entre los conservantes relacionados con el mayor riesgo figuran el sorbato de potasio (E202), metabisulfito de potasio (E224), nitrito de sodio (E250), ácido acético (E260), acetatos de sodio (E262), propionato de calcio (E282), ascorbato de sodio (E301), alfa-tocoferol (E307), eritorbato de sodio (E316), ácido cítrico (E330), ácido fosfórico (E338) y extractos de romero (E392).
A nivel global, más de 700.000 productos de los 3,5 millones registrados en la base Open Food Facts contienen al menos un conservante alimentario. El aumento del riesgo calculado fue del 49% para los conservantes no antioxidantes y del 40% para los antioxidantes, según los datos de la investigación francesa.
Mathilde Touvier, directora de investigación del INSERM y coordinadora del trabajo: “Este es el primer estudio en el mundo sobre la relación entre conservantes y diabetes tipo 2”.
Sin embargo, los investigadores advirtieron que estos resultados reflejan una asociación estadística y no establecen una relación causal definitiva. Es decir, no se puede confirmar que los conservantes sean los responsables directos del aumento de casos de diabetes tipo 2, y podrían existir factores adicionales en juego.
Diabetes: qué cambios en la dieta recomiendan los especialistas

Según la doctora Quevedo, uno de los mayores desafíos para quienes viven con diabetes es diferenciar entre el control glucémico y la calidad global de la alimentación: “Muchas personas se enfocan solo en evitar el azúcar o contar hidratos, pero los ultraprocesados aunque sean ‘sin azúcar’ o ‘light’ pueden aportar exceso de sodio, grasas de mala calidad y aditivos que, en conjunto, impactan en el metabolismo y la salud cardiometabólica”, explicó la jefa de la División Nutrición del Hospital de Clínicas.
La especialista aconsejó priorizar una alimentación casera, variada y basada en productos frescos, organizar comidas que incluyan todos los grupos de alimentos y optar por métodos de cocción saludables. “Trabajar sobre el entorno alimentario y los hábitos, promoviendo un consumo ocasional y planificado de ultraprocesados en lugar de prohibiciones absolutas, permite mejorar la calidad de la dieta y reducir el riesgo de diabetes tipo 2 a largo plazo”, concluyó.
En tanto, la licenciada Martinelli destacó a Infobae la utilidad del sistema NOVA, una clasificación de alimentos según su grado de procesamiento adoptada por las guías alimentarias de Brasil y Canadá.

“La recomendación es que más del 90% de la alimentación diaria esté compuesta por alimentos naturales o mínimamente procesados, como frutas, verduras, legumbres, carnes, pescados, huevos, frutos secos y cereales integrales. Los alimentos ultraprocesados tienen bajo aporte de fibra, exceso de sodio y azúcares, y están diseñados para estimular los sistemas de recompensa del cerebro, dificultando el control de la ingesta”, explicó la especialista.
Como estrategia cotidiana, Martinelli sugirió que cada comida principal esté compuesta por alimentos frescos y mínimamente procesados: “Un desayuno con frutas, huevos y yogur natural, y almuerzos o cenas con proteínas no procesadas, granos integrales y verduras frescas, garantizan mayor saciedad y mejor calidad nutricional”.
Además, subrayó la importancia de llevar una vida activa, gestionar el estrés, dormir bien y priorizar el consumo de agua frente a bebidas azucaradas: “No solo la alimentación determina el riesgo de diabetes tipo 2, sino un conjunto de factores que incluye la actividad física y el bienestar emocional”.
Los alimentos ultraprocesados y el riesgo cardiovascular

Más de 100 estudios internacionales identificaron una relación entre el consumo elevado de alimentos ultraprocesados y el aumento de enfermedades crónicas como diabetes tipo 2, patologías cardíacas y muerte prematura, según una extensa revisión publicada en The Lancet.
El informe destacó que, en países como Estados Unidos y el Reino Unido, estos productos representan más del 50 % de las calorías de la dieta diaria, mientras que en México y Brasil ese porcentaje pasó del 10 % a más del 20 % en las últimas décadas.
De acuerdo con el panel de 43 expertos internacionales, el avance de los ultraprocesados responde al “creciente poder económico y político de la industria”, que prioriza la rentabilidad y adopta estrategias para bloquear regulaciones, influir en legislaciones y financiar investigaciones que generan incertidumbre sobre el impacto en la salud pública.
Entre los ultraprocesados más comunes figuran refrescos, panes industriales, cereales azucarados, snacks, fiambres, comidas preparadas, galletitas, helados y bebidas energéticas.

Según el epidemiólogo brasileño Carlos Monteiro, creador del término UPF, estos alimentos “modifican la estructura química y desmantelan la matriz natural que regula la digestión y la saciedad”, derivados muchas veces de ingredientes de bajo costo, aditivos y combinaciones imposibles de reproducir en una cocina convencional.
Un análisis de 104 estudios longitudinales reveló que 92 encontraron una vinculación directa entre dietas ricas en ultraprocesados y al menos una condición como obesidad, enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 o depresión.
“Este cuerpo de evidencia refuerza la necesidad de una respuesta urgente en salud pública”, advirtió la epidemióloga Touvier que participó tanto de la revisión en The Lancet como del estudio publicado ayer por el Inserm de Francia.
“Hay evidencias claras de que al menos algunos UPF elevan el riesgo de ciertas enfermedades. Aunque no puede decirse que todos sean peligrosos, el exceso es alarmante”, concluyó el profesor Kevin McConway, de The Open University.
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