
Durante años, la ciencia relacionó el ejercicio físico con mejoras en memoria, atención y estado de ánimo. Sin embargo, la vía específica que permite que el cuerpo comunique estos beneficios al cerebro no estaba clara.
Un estudio reciente, con participación de la Universitat de les Illes Balears, aporta una explicación novedosa: las vesículas extracelulares, diminutas partículas liberadas por las células musculares durante la actividad física, viajan por el torrente sanguíneo y transportan mensajes bioquímicos hasta el cerebro.
Según el análisis de Enrico Castroflorio, neurocientífico especializado en función sináptica y lípidos de la Universitat de les Illes Balears en The Conversation, este proceso activa la formación de neuronas en el hipocampo, una región implicada en el aprendizaje y la memoria. El estudio fue publicado en la revista Brain Research.
De la actividad física a la neurogénesis: el rol de las vesículas extracelulares

Tal como explicó el neurocientífico, estas vesículas funcionan como pequeños paquetes de mensajería. Las células las liberan cargadas de proteínas y fragmentos de ARN, que circulan por la sangre y alcanzan otras células. Durante el ejercicio, los músculos y otros tejidos incrementan la liberación de estas vesículas.
El estudio demostró que algunas logran llegar al cerebro y desencadenan procesos de renovación neuronal. Los investigadores descartaron que este efecto se origine en un aumento del flujo sanguíneo o en cambios en los vasos cerebrales, identificando un mecanismo sofisticado basado en la comunicación molecular.
Para comprobar este fenómeno, los científicos realizaron un experimento con ratones: inyectaron vesículas extracelulares, extraídas de animales que habían hecho ejercicio, en ratones sedentarios. Los cerebros de estos últimos comenzaron a generar más neuronas nuevas, como si también hubieran estado físicamente activos.
El análisis de la composición de las vesículas mostró proteínas asociadas a la plasticidad sináptica y a la defensa antioxidante, lo que sugiere que estas moléculas ayudan al cerebro a adaptarse, protegerse y establecer nuevas conexiones neuronales. Lograron inducir neurogénesis en animales sedentarios solamente con este tratamiento.
El diálogo químico entre cuerpo y cerebro

Según explicó Castroflorio, el cuerpo ‘habla’ todo el tiempo con el cerebro, que no es el único que manda en esta relación. El especialista indicó que, al moverse, el ser humano no solo quema calorías, sino que también libera señales químicas que influyen en el funcionamiento del sistema nervioso central.
Pese a estos avances, el estudio deja preguntas abiertas. No se sabe con exactitud cómo las vesículas extracelulares atraviesan la barrera hematoencefálica ni qué moléculas específicas provocan el efecto observado.
Los investigadores identificaron proteínas relacionadas con la plasticidad y la protección cerebral, pero el reto sigue siendo determinar cuál o qué combinación tiene el mayor impacto. Determinar cuál de estas moléculas, o combinación de ellas, tiene el efecto más potente es el gran desafío actual, señaló Castroflorio en The Conversation.
Otra incógnita es si las vesículas actúan directamente sobre el cerebro o si antes desencadenan respuestas en órganos como el hígado o el sistema inmunitario, las cuales posteriormente repercuten en el sistema nervioso. Además, todavía no se sabe cuántas de estas partículas consiguen llegar efectivamente al tejido cerebral, ya que la barrera hematoencefálica filtra la mayoría de las sustancias presentes en la sangre.
Mantenerse activos: clave para la salud cerebral

Si bien los experimentos se realizaron en ratones, las implicaciones para la salud humana son prometedoras. En el futuro, los científicos contemplan la posibilidad de desarrollar tratamientos con vesículas extracelulares modificadas, capaces de llevar los beneficios del ejercicio al cerebro de personas con limitaciones físicas o enfermedades que afectan la neurogénesis, como el alzhéimer o la depresión. Sin embargo, la aplicación clínica de estos hallazgos requerirá más investigación y ensayos en humanos.
Por ahora, las recomendaciones insisten en la importancia de mantener una vida activa. Cada paseo, carrera o sesión de natación activa un diálogo entre los músculos y las neuronas que favorece la salud cerebral.
Gracias a estas pequeñas “bolitas mensajeras”, el cuerpo envía señales al cerebro para renovarse, lo que también contribuye a fortalecer el corazón, mejorar el estado de ánimo y reducir el estrés. Es probable que estos efectos positivos se deban a diversos tipos de vesículas y moléculas, lo que abre nuevas líneas de investigación.
Así, en cada movimiento, no solo se cuida el cuerpo, sino que también se contribuye a la vitalidad y creatividad del cerebro, como concluye Enrico Castroflorio en su análisis de este avance científico.
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