
Explorar cómo el cerebro aprende, se adapta y perfecciona sus conductas es uno de los grandes desafíos de la ciencia actual. Ahora, un grupo de científicos japoneses logró descifrar parte de este misterio al descubrir que no existen rutas fijas para adquirir reglas y habilidades: la clave está en la reconfiguración constante de la actividad neuronal.
Investigadores de la Universidad de Toyama demostraron que el cerebro aprende y aplica reglas no siguiendo siempre los mismos caminos, sino reorganizando de manera dinámica las señales entre sus neuronas.
Así lo confirma un estudio publicado en Molecular Brain, donde el equipo dirigido por el profesor asistente Shuntaro Ohno comprobó que, en ratones, la corteza prefrontal medial (una región clave en el cerebro) ajusta constantemente sus mensajes internos a medida que los animales aprenden, lo que permite una adaptación flexible del comportamiento.

Imagina el cerebro como una orquesta que interpreta una melodía. No siempre los mismos instrumentos tocan las mismas notas: según la pieza y la etapa de aprendizaje, el director (en este caso la corteza prefrontal) asigna diferentes músicos o cambia el ritmo para lograr la armonía perfecta.
Herramienta iSeq y análisis de secuencias neuronales
En este estudio, los investigadores entrenaron a los ratones en una tarea en la que debían esperar una luz y luego ir hasta un recipiente de agua; si lamían en el momento correcto, recibían una recompensa.
Tras varios días de práctica, los ratones se volvieron más rápidos y eficientes, aunque el camino que seguían no cambió. Lo que sí varió fue la “melodía” interna de sus neuronas.
Gracias a una técnica especial (imagenología de calcio), los científicos observaron con gran detalle cómo se comunicaban cientos de neuronas durante el proceso de aprendizaje. Para analizar estos datos, diseñaron una herramienta llamada iSeq, como si fuera una cámara ultra precisa que graba cada movimiento de los músicos en una orquesta sin necesidad de saber la partitura.
Así, descubrieron que, al principio, los patrones neuronales no permitían saber si el ratón tendría éxito. Pero después de varios días, los cambios en estas “secuencias” servían de anticipo: se podía prever si conseguiría la recompensa antes incluso de que actuara.

Ohno explicó que iSeq permitió ver el funcionamiento interno del cerebro con un nivel de detalle nunca antes alcanzado. Descubrieron que, a medida que los ratones aprendían, la corteza prefrontal iba reorganizando sus señales internas para destacar las acciones que llevaban regularmente a una recompensa.
Y algo aún más sorprendente: las neuronas encargadas de cada “parte de la melodía” cambiaban con el tiempo, lo que significa que el cerebro no utiliza siempre los mismos grupos de células, sino que reprograma sus propios circuitos cuando el comportamiento mejora.
“El cerebro no almacena una regla como si fuera una fotocopia estática. Más bien, actualiza los patrones de actividad para conectar señales, acciones y resultados”, manifestó el profesor.
¿Por qué es importante este descubrimiento?
Estos resultados muestran que las reglas que siguen el cerebro durante el aprendizaje no son fijas ni se guardan de una sola manera, sino que son cadenas de eventos que cambian con cada experiencia. Esta flexibilidad permite que respondamos mejor y seamos más habilidosos cuanto más practicamos una tarea.
Entender cómo ocurre esto nos da nuevas ideas sobre el control mental, la formación de hábitos y la capacidad de adaptarnos.

Además de ayudarnos a comprender cómo pensamos y aprendemos, este estudio abre nuevas líneas para crear mejores tratamientos de rehabilitación tras lesiones cerebrales y para diseñar sistemas de inteligencia artificial capaces de imitar la flexibilidad biológica. Herramientas como iSeq permitirán, en el futuro, investigar estas dinámicas cerebrales tanto en otras partes del cerebro como en distintos animales.
Aunque la investigación se centró en ratones, los autores creen que sus descubrimientos ofrecen una base para entender cómo el cerebro humano aprende reglas y modifica conductas.
Al final, el estudio demuestra que lo fundamental para la flexibilidad y el aprendizaje no es tanto la estructura fija de las conexiones cerebrales, sino los patrones temporales de actividad, que cambian y se adaptan constantemente para que podamos aprender y mejorar.
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