
La epilepsia es una de las enfermedades neurológicas más antiguas y extendidas, con registros que se remontan al año 4000 a.C. y una prevalencia que afecta a 50 millones de personas en todo el mundo, según la Organización Mundial de la Salud.
Esta patología, caracterizada por convulsiones recurrentes y episodios de pérdida de conciencia, sigue siendo objeto de estudios científicos en busca de nuevas herramientas diagnósticas y terapéuticas.
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En este contexto, un equipo argentino ha dado un paso relevante al identificar alteraciones metabólicas en la sangre de pacientes epilépticos, lo que abre la puerta a posibles biomarcadores para la enfermedad.
Un biomarcador es una característica biológica que se puede medir de manera objetiva y utilizada como indicador de un proceso fisiológico, una condición patológica o una respuesta a un tratamiento terapéutico. Permiten un diagnóstico más temprano, el monitoreo de enfermedades y la personalización de los tratamientos.
El hallazgo de científicos argentinos

El doctor en Ciencias Biológicas Martín Arán, investigador del CONICET y director del área de Resonancia Magnética Nuclear de la Fundación Instituto Leloir, lideró el primer estudio de metabolómica en Argentina, publicado en Scientific Reports, del grupo de la revista Nature, que compara la sangre de personas sanas con la de pacientes epilépticos, así como la de estos últimos antes y después de una crisis.
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“Obtuvimos muestras de sangre 32 pacientes y de 28 personas sanas (controles), lo que se llama una cohorte de descubrimiento. Al analizarlas en el resonador, encontramos 14 metabolitos con alteraciones significativas entre los dos grupos, y 7 metabolitos cuyos niveles cambiaban de manera notable en los pacientes antes y después del ataque”, señaló Arán a la Agencia CyTA-Leloir.
El análisis de los metabolitos, productos resultantes de las reacciones químicas celulares (metabolismo), permite obtener una instantánea precisa del estado metabólico del organismo. Sus niveles se pueden medir en sangre y orina para determinar la presencia de una enfermedad o la respuesta a un tratamiento, por ejemplo.
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Según los autores del estudio, “A pesar de la disponibilidad de medicamentos anticonvulsivos, aproximadamente el 30% de los pacientes presentan resistencia a los fármacos, lo que subraya la necesidad urgente de estrategias terapéuticas alternativas para la epilepsia”.
La importancia del descubrimiento

El doctor en Ciencias Biológicas Leonardo Pellizza, también investigador del CONICET y coautor del trabajo, explicó a la Agencia CyTA-Leloir: “Analizando los metabolitos se puede ver una foto de las reacciones del organismo y su estado”.
Entre ellos, los más conocidos son la glucosa, colesterol o creatinina, pero el equipo detectó otros menos habituales como hipurato, piroglutamato o isovalerato, que resultaron especialmente llamativos en el contexto de la epilepsia.
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El impacto de estos hallazgos fue destacado por el médico neurólogo del Hospital Italiano de Buenos Aires (HIBA) y coautor de la investigación, Juan Carlos Avalos, quien manifestó: “Si bien para validar nuestras conclusiones hay que aumentar el número de casos, la estadística arrojó números tan fuertes que es imposible no ilusionarse. Realmente no esperaba esos resultados”, en declaraciones a la Agencia CyTA-Leloir.
Avalos vislumbra la posibilidad de desarrollar un kit diagnóstico rápido: “Hoy en el triage se hace de rutina el hemoglucotest para ver si un paciente sufrió un pico glucémico por diabetes; si tenemos disponible algo similar para epilepsia, la conducta terapéutica puede cambiar de manera notable”.
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Para Avalos, algo muy importante a destacar del trabajo es que se realizó en un ambiente controlado, como es la una unidad de videoelectroencefalograma del HIBA.

“Allí el paciente está internado y es registrado electrofisiológicamente todo el tiempo, de modo que de manera inequívoca uno puede hacer el diagnóstico de epilepsia. Eso nos permitió, primero, ver cuáles eran sus firmas metabólicas en estado basal para compararlo con las de un control en la misma circunstancia. Y luego pudimos hacer la medición del metabolismo post crisis epiléptica”, explicó.
El equipo logró identificar patrones metabólicos distintivos en cada paciente antes y después de una crisis. “En una misma persona pudimos ver qué patrones de metabolitos se elevan o descienden post crisis poniéndoles ya una firma. Una misma persona en los dos estados, antes y después. Eso es genial, porque nos permite hacer el análisis comparativo”, aseguró Avalos.
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La metabolómica, disciplina que estudia el conjunto de metabolitos en un sistema biológico bajo condiciones específicas, se posiciona así como una herramienta clave para el diagnóstico y el desarrollo de nuevas terapias.

“Es el estudio de todos los metabolitos de un sistema biológico en una dada condición o tiempo. Y se puede hacer a través de dos técnicas: RMN o espectrometría de masa”, explicó Arán, quien detalló que emplearon un resonador de 600 MHz (alto campo) de la Fundación Instituto Leloir, uno de los pocos disponibles en el país.
Según Arán, “la principal ventaja de esa técnica es que requiere una preparación de muestras relativamente sencilla, permite analizarlas en condiciones muy cercanas a su estado original y ofrece una cuantificación directa y altamente reproducible”.
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La colaboración entre ciencia básica y clínica fue destacada por los autores como un factor diferencial. “Cuando me propuse ver en sangre qué cambiaba, surgió esta posibilidad de integración entre ciencia básica y la clínica. Es un verdadero privilegio poder juntar investigadores con un médico que atiende pacientes. No todo el mundo lo puede hacer”, enfatizó Avalos. En la misma línea, Pellizza valoró: “Para nosotros como biólogos que trabajamos en ciencia básica es un salto enorme haber publicado un paper de investigación clínica”.
De cara al futuro, los investigadores consideran prioritario ampliar la muestra y sumar más centros al estudio. “Y que finalmente todo eso dé por resultado un kit. Sería genial involucrar a la industria para desarrollarlo en conjunto”, se esperanzó Avalos.
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