
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en la actualidad más de 55 millones de personas en el mundo tienen demencia y, cada año, hay casi diez millones de casos nuevos. La demencia engloba varias enfermedades que afectan a la memoria, el pensamiento y la capacidad para realizar actividades cotidianas. El Alzheimer representa entre el 60 y el 70 por ciento de todos los casos de demencia.
La enfermedad de Alzheimer es dos veces más común en mujeres que en hombres. Factores como la mayor esperanza de vida en las mujeres, las diferencias hormonales, la respuesta inmunitaria y las oportunidades educativas pueden influir en el desarrollo de la enfermedad.
Pero podría agregarse otra razón. Según un nuevo estudio, las mujeres con Alzheimer presentan niveles significativamente más bajos de ácidos grasos omega en sangre, una diferencia que no se observa en los hombres con la misma enfermedad.
Este hallazgo destaca la importancia de considerar las diferencias de género en la investigación y el abordaje de esta patología.
Alzheimer, omega 3 y mujeres

El análisis incluyó muestras de sangre de 306 personas con Alzheimer, 165 con deterioro cognitivo leve y 370 individuos cognitivamente sanos. Los resultados mostraron que las mujeres con Alzheimer tenían un 20% menos de ácidos grasos omega en comparación con las mujeres sin la enfermedad.
Además, presentaban niveles más altos de lípidos saturados y más bajos de lípidos insaturados, un patrón que no se observó en los hombres estudiados. Los investigadores no detectaron niveles bajos de ácidos grasos omega en varones con Alzheimer, lo que sugiere que la enfermedad podría afectar de manera diferente según el sexo.
La doctora Cristina Legido-Quigley, autora principal del estudio y especialista del King’s College de Londres, señaló que la diferencia entre sexos fue el resultado más inesperado de la investigación. Explicó que existen indicios de que una menor cantidad de estos compuestos podría estar relacionada causalmente con el desarrollo del Alzheimer, aunque subrayó la necesidad de realizar ensayos clínicos para confirmarlo.
Legido-Quigley indicó que, si los cambios en el hígado o el metabolismo son responsables de esta diferencia, probablemente lleguen menos ácidos grasos omega al cerebro de las mujeres, lo que podría afectar la nutrición cerebral.
Ácidos grasos omega-3 y su función en la salud cerebral

Los ácidos grasos omega-3, entre los que se encuentran el ALA, el DHA y el EPA, cumplen un papel esencial en la salud del cerebro.
- El ALA se encuentra en alimentos vegetales como semillas de chía, linaza y nueces.
- El DHA y el EPA provienen principalmente del pescado.
Estos lípidos insaturados se consideran beneficiosos para el organismo, a diferencia de los saturados, que suelen asociarse a efectos negativos para la salud.
El Servicio Nacional de Salud del Reino Unido (NHS) recomienda consumir dos porciones de 140 gramos de pescado a la semana, una de ellas de pescado azul, para asegurar una ingesta adecuada de DHA y EPA. Ejemplos de pescado azul son el salmón, la trucha, el atún, el arenque, la caballa y las sardinas.

Estudios previos han vinculado las dietas ricas en ácidos grasos omega-3, como la dieta mediterránea, con beneficios para la salud del corazón y el cerebro.
Una investigación publicada en 2022 reveló que las personas de mediana edad con niveles elevados de omega-3 en sangre mostraban una mejor función cognitiva. Sin embargo, varios ensayos han concluido que administrar suplementos de omega-3 a personas mayores no mejora la función cognitiva ni incrementa la capacidad mental en quienes ya han sido diagnosticados con demencia.
Ante la falta de evidencia concluyente sobre el efecto de los suplementos, la doctora Legido-Quigley propone la realización de ensayos clínicos específicos para evaluar si estos productos pueden retrasar el avance del Alzheimer, especialmente en mujeres con niveles bajos de ácidos grasos insaturados.

La investigadora sugiere que la disminución de estos compuestos podría comenzar a partir de los 50 años y recomienda a las mujeres asegurarse de incluir ácidos grasos omega en su dieta habitual.
La doctora Julia Dudley, de Alzheimer’s Research UK y cofinanciadora del estudio, subrayó la importancia de profundizar en las diferencias de sexo para comprender los mecanismos que subyacen a la enfermedad. Dudley considera fundamental investigar si los cambios en el estilo de vida, incluida la alimentación, pueden contribuir a la prevención del Alzheimer y adaptar los tratamientos a las características específicas de cada paciente.
Comprender cómo el Alzheimer se manifiesta de manera diferente en las mujeres podría allanar el camino hacia tratamientos y recomendaciones de salud más personalizados en el futuro.
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