
Expertos señalan que la incorporación de melodías de tempo bajo en la rutina diaria puede favorecer la salud cardiovascular, con particular impacto en personas con prehipertensión o presión alta. De acuerdo con un estudio citado por VeryWell Health, escuchar música suave y lenta podría representar un aliado inesperado en el control de la presión arterial.
Aunque el efecto es principalmente temporal, la práctica regular de este hábito puede aportar beneficios concretos, sobre todo para quienes viven con prehipertensión o hipertensión.
La relación entre la música y la presión arterial se basa en la influencia que la música tiene sobre el sistema nervioso autónomo, encargado de regular funciones involuntarias como la presión sanguínea y la frecuencia cardíaca.

Según VeryWell Health, el tempo resulta determinante: melodías rápidas, superiores a 120 pulsaciones por minuto, activan el sistema nervioso simpático y estimulan la liberación de adrenalina, lo que conduce a un aumento de la presión arterial y del ritmo cardíaco.
Por el contrario, la música lenta —por debajo de 60 pulsaciones por minuto— estimula el sistema nervioso parasimpático a través del nervio vago, lo que genera una disminución tanto en la presión arterial como en la frecuencia cardíaca.
Factores que influyen en la respuesta a la música y la presión arterial
El género musical, el volumen, la preferencia personal y el tiempo de exposición influyen en la respuesta fisiológica. Por ejemplo, géneros como la música electrónica, el pop o el rock —caracterizados por ritmos veloces— suelen aumentar la presión arterial, mientras que estilos como la música de cámara o el jazz ambiental tienden a favorecer su descenso.

VeryWell Health advierte que el volumen extremo puede provocar reacciones adversas: volúmenes elevados incrementan la presión arterial, y los bajos tienden a reducirla.
Además, la familiaridad y el gusto por la música actúan como moduladores de la reacción; un estudio de 2015 mencionado por el medio señala que personas poco familiarizadas con la música clásica experimentaron un aumento de la presión arterial y una reducción del ritmo cardíaco al exponerse a piezas atonales.
La duración es igualmente relevante: escuchar música relajante por 30 minutos diarios durante cuatro semanas se asoció con una reducción del siete por ciento en la presión sistólica.
Resultados de estudios sobre la terapia musical e hipertensión

Los efectos de la música sobre la presión arterial suelen ser leves y pasajeros, con valores que retornan a la línea de base en pocos minutos. Sin embargo, la constancia puede potenciar estos beneficios, especialmente al integrarse con otras estrategias.
Un estudio citado por VeryWell Health evaluó a adultos con prehipertensión que siguieron una dieta DASH (Enfoques Dietéticos para Detener la Hipertensión) junto con terapia musical.
Tras cuatro semanas, quienes combinaron ambas intervenciones lograron una reducción promedio de 8,73 mmHg en la presión sistólica y 1,44 mmHg en la diastólica, en contraste con resultados menores en el grupo que solo adoptó la dieta (0,21 mmHg y 0,81 mmHg, respectivamente).

La respuesta fisiológica a la música depende del estado de salud de la persona. Investigaciones publicadas en el European Heart Journal indican que quienes tienen presión arterial normal son más sensibles a los estímulos musicales, tanto rápidos y fuertes como lentos y suaves, frente a quienes presentan hipertensión.
En este grupo, la reducción cardiovascular tras escuchar música de tempo lento es menos marcada. No obstante, la terapia musical mantiene relevancia para personas con hipertensión, aunque se resalta la importancia de un enfoque integral con dieta, actividad física, control del peso, manejo del estrés y, cuando se requiera, medicación antihipertensiva.
Para quienes muestran prehipertensión, la combinación de música, alimentación saludable y cambios en el estilo de vida podría retrasar y hasta evitar la progresión hacia la hipertensión.
Si bien la música no sustituye los tratamientos médicos convencionales, VeryWell Health destaca su valor como complemento en la gestión de la presión arterial. La exposición constante a melodías relajantes, sumada a una alimentación balanceada y ejercicio, puede amplificar los resultados y contribuir a un mejor control de la salud cardiovascular.
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