
La ex tenista Mónica Seles contó que fue diagnosticada con una enfermedad poco frecuente, la miastenia gravis, hace tres años, según informó a la agencia AP.
Seles fue campeona de nueve torneos de Grand Slam y se retiró en 2003. En 1993, la atacaron con un cuchillo en pleno partido y su vida cambió para siempre. Hoy tiene 51 años y decidió hacer pública su condición antes del próximo US Open con el objetivo de aumentar la concientización sobre este trastorno, que provoca debilidad muscular y para el que actualmente no existe cura.
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“Me llevó bastante tiempo realmente absorberlo y hablarlo abiertamente, porque es difícil. Afecta mucho mi día a día”, reconoció Seles.
Los primeros síntomas aparecieron hace aproximadamente cinco años, cuando notó dificultades al jugar tenis con niños o familiares. “Veía dos pelotas. Son síntomas que no puedes ignorar”, relató.
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La miastenia gravis es una enfermedad autoinmune que afecta la unión neuromuscular y se manifiesta principalmente a través de debilidad muscular. Aunque puede presentarse en cualquier persona, es más frecuente en mujeres jóvenes y en hombres de edad avanzada.
Si bien no existe una cura definitiva, los avances médicos han permitido que quienes reciben un diagnóstico y tratamiento adecuados puedan llevar una vida plena.
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Por qué se desarrolla la miastenia gravis

Esta patología se origina cuando el sistema inmunológico produce, por error, anticuerpos que atacan los receptores de acetilcolina en la unión entre los nervios y los músculos.
En condiciones normales, la acetilcolina actúa como un neurotransmisor esencial para la contracción muscular.
En casos de miastenia gravis, los anticuerpos bloquean o destruyen estos receptores, lo que impide la transmisión efectiva de la señal nerviosa y provoca que los músculos se contraigan de manera débil o insuficiente.
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Según la neuróloga Valeria Salutto, del Instituto de Investigaciones Médicas Alfredo Lanari y directora médica de CADIMI, este proceso es el responsable de los síntomas característicos de la enfermedad.
A quién afecta más la miastenia gravis

La miastenia gravis se considera una enfermedad rara. Las estadísticas globales indican que afecta a entre 20 y 30 personas por cada 100.000 habitantes. En Argentina, estiman una prevalencia de aproximadamente 35 casos por cada 100.000 habitantes, cifra que se encuentra en línea con los registros internacionales.
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Aunque puede diagnosticarse a cualquier edad, la enfermedad suele detectarse con mayor frecuencia en mujeres menores de 40 años y en hombres mayores de 60 años. Existen también formas infantiles y neonatales, aunque estas son poco comunes.
Cuáles son los síntomas de la miastenia gravis

Los síntomas de la miastenia gravis varían en intensidad y pueden fluctuar a lo largo del día. La debilidad muscular y la fatiga son los signos más notorios.
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Entre los síntomas más frecuentes se encuentran la caída de los párpados, visión doble (diplopía), dificultades para masticar, tragar o hablar, y debilidad en las extremidades que puede dificultar actividades cotidianas como caminar, peinarse o sostener la cabeza.
En más de la mitad de los casos, los primeros síntomas se presentan en los músculos oculares.
En otros casos, los músculos de la cara y la garganta resultan afectados, lo que puede alterar la voz y la capacidad de gesticulación.
Cómo se diagnostica la miastenia gravis

El diagnóstico de la miastenia gravis requiere una evaluación neurológica exhaustiva. Los especialistas suelen iniciar el proceso con un examen clínico detallado, especialmente cuando los síntomas afectan los músculos oculares.
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Además, se realizan análisis de sangre para detectar la presencia de anticuerpos anti-receptores de acetilcolina, presentes en más del 80% de los pacientes.
Otras pruebas incluyen estudios de imagen, como tomografía computarizada o resonancia magnética del tórax, y pruebas electrofisiológicas para evaluar la función neuromuscular.
En cuanto al tratamiento, las opciones disponibles se dividen en dos grandes grupos: terapias sintomáticas y tratamientos que buscan modificar el curso de la enfermedad.
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Los tratamientos sintomáticos incluyen medicamentos que mejoran la transmisión de la señal nerviosa al músculo y facilitan la contracción muscular.
Por otro lado, los tratamientos inmunosupresores, como los corticoides, buscan reducir la actividad anómala del sistema inmune.
En algunos casos, se recomienda la timectomía, una cirugía para extraer el timo, glándula que puede estar implicada en la producción de los anticuerpos patológicos.
En los últimos años, se han incorporado terapias biológicas, como los anticuerpos monoclonales, que ofrecen nuevas alternativas para modular la respuesta inmune y mejorar el control de la enfermedad.
El pronóstico para las personas con miastenia gravis ha mejorado notablemente gracias a estos avances.
La expectativa de vida es similar a la de la población general, siempre que el diagnóstico sea oportuno y el tratamiento se administre de manera adecuada.
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