
En el nuevo episodio del pódcast de Mel Robbins, la experta en bienestar entrevista a la Dra. Sarah McKay, neurocientífica de la Universidad de Oxford con más de treinta años de experiencia.
Juntas abordan cómo el entorno y la educación influyen en el cerebro, desmintiendo el mito de que existen diferencias fundamentales entre cerebros masculinos y femeninos. También exploran etapas clave en la vida de las mujeres y comparten claves prácticas para fortalecer la salud mental.
El cerebro no tiene género: la evidencia científica
La neurociencia contemporánea ha comenzado a desmantelar la idea de que el cerebro femenino y el masculino son estructuras esencialmente distintas. Según la Dra. Sarah McKay, doctora en neurociencia por la Universidad de Oxford, el cerebro humano es un órgano moldeado principalmente por las experiencias, el entorno y las interacciones sociales, más que por el sexo biológico.

Durante su conversación con Mel Robbins, McKay desmintió afirmaciones comunes como que las mujeres son más emocionales o los hombres más racionales. “Falso. Falso. Falso. Falso”, respondió ante estas ideas.
Aseguró que no hay evidencia científica que respalde la existencia de cerebros con capacidades diferenciadas por sexo. “Los hombres sienten emociones y yo soy bastante lógica”, afirmó, añadiendo que la intuición no es exclusiva de un género, sino una capacidad compartida por todos los seres humanos.
Estereotipos tempranos y desigualdad de oportunidades
También abordó el estereotipo de que las niñas tienen menor aptitud para las matemáticas. Según explicó, niñas y niños muestran las mismas capacidades desde temprana edad, pero los mensajes implícitos en la familia, la escuela y los medios refuerzan la idea de que la brillantez está ligada a los varones. A los cinco años, ambos grupos creen que pueden ser inteligentes, pero a los siete muchas niñas ya dudan de su propio potencial.

En cuanto a diferencias anatómicas, McKay señaló que, si bien el cerebro masculino es entre un 5% y un 10% más grande en promedio, esta diferencia está relacionada con el tamaño corporal general y no con el funcionamiento. “Un neurocirujano no podría distinguir a simple vista si un cerebro es de un hombre o una mujer”, explicó en el pódcast.
El entorno moldea el cerebro
La experta subrayó el impacto del entorno en el desarrollo cerebral. Citó un estudio de 2023 que analizó casi 8.000 resonancias magnéticas de jóvenes en 29 países. El estudio reveló que, en sociedades con mayor igualdad de género, los cerebros masculinos y femeninos eran más similares, mientras que en contextos con más desigualdad, los cerebros femeninos mostraban mayores diferencias.

“El acceso a la educación y el estrés de vivir en una sociedad sexista parecen influir en la organización cerebral”, sostuvo McKay. Para entender cómo se moldea el cerebro, propuso un marco de tres factores: biología (bottom up), entorno (outside in) y pensamientos (top down). El primero se refiere a señales internas del cuerpo, como hormonas o nutrición.
El segundo abarca estímulos externos, como el ambiente o las relaciones sociales. El tercero incluye procesos mentales como las creencias o experiencias previas. Estos tres elementos interactúan constantemente y pueden influirse entre sí.
Hábitos que fortalecen la salud cerebral
La Dra. McKay también compartió estrategias para mantener la salud cerebral a lo largo de la vida. Destacó la importancia del descanso y las relaciones personales. “El sueño y las relaciones sociales son claves para la salud cerebral”, afirmó. La falta de sueño puede afectar la memoria, el estado de ánimo y aumentar el riesgo de enfermedades neurodegenerativas.
Datos citados por la experta indican que hasta un 45% de los casos de demencia podrían prevenirse modificando hábitos de vida, y un 5% se relaciona directamente con la educación temprana. Además, advirtió que la pérdida auditiva no tratada en la mediana edad está vinculada con un mayor riesgo de Alzheimer, debido a la reducción de estimulación sensorial y social.

También recomendó prestar atención a la alimentación, el ejercicio físico y, especialmente, a la calidad de los vínculos humanos. “Nuestro cerebro es un órgano social y necesita interacción en todas las etapas de la vida”, explicó. El apoyo social y la pertenencia a redes de cuidado fortalecen la resiliencia y protegen la salud mental.
Al final del episodio, la Dra. McKay dejó un mensaje contundente: “Nos han contado durante siglos que el cerebro femenino es inestable, caótico y disfuncional, pero la neurociencia demuestra que es resiliente y adaptable”. Según concluyó, lo que verdaderamente marca la diferencia es el acceso a oportunidades, la estimulación adecuada y el entorno emocional. “La clave para un cerebro sano está en las relaciones con otras personas”, afirmó.
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