
La dieta MIND es un enfoque nutricional que busca preservar la salud cerebral. Su nombre proviene de la sigla en inglés de “Mediterranean-DASH Intervention for Neurodegenerative Delay”. Este modelo combina elementos de la dieta mediterránea con pautas del plan DASH, diseñado para el control de la hipertensión.
La doctora Martha Clare Morris, junto con su equipo del Centro Médico de la Universidad Rush y la Escuela de Salud Pública de Harvard Chan, fue responsable de la publicación de dos estudios en los que se presentó esta dieta, que ha cobrado relevancia en el ámbito científico.
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Uno de los estudios exploró la relación entre el plan MIND y el desarrollo de demencia en diferentes grupos, a partir del análisis de datos de más de 93.000 participantes. Los resultados serán presentados en la conferencia NUTRITION 2025, organizada por la Sociedad Americana de Nutrición en Orlando, Florida.
Cuáles son los hallazgos del nuevo estudio

Song-Yi Park, PhD, de la Universidad de Hawái en Manoa, presentará un estudio que analizó la dieta y salud cognitiva de más de 93.000 adultos de entre 45 y 75 años en el marco del Multiethnic Cohort Study, iniciado en la década del 90.
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Los resultados destacan una reducción del 9% en el riesgo de desarrollar demencia entre los participantes con alta adherencia a la dieta MIND.
Además, las personas que a lo largo de 10 años aumentaron su adherencia al consumo de estos alimentos obtuvieron un riesgo un 25% menor de demencia en comparación a quienes no lo hicieron.
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“Los hallazgos de nuestro estudio confirman que los hábitos alimentarios saludables en la mediana y la vejez, y su mejora con el tiempo, podrían prevenir el Alzheimer y las demencias relacionadas. Esto sugiere que nunca es tarde para adoptar una dieta saludable y prevenir la demencia”, afirmó Song-Yi Park en un comunicado de la Sociedad Americana de Nutrición.
“Encontramos que la relación protectora entre una dieta saludable y la demencia fue más pronunciada entre los afroamericanos, latinos y blancos, mientras que no fue tan evidente entre los asiático-americanos y mostró una tendencia más débil entre los nativos hawaianos. Podría ser necesario un enfoque específico al evaluar la calidad de la dieta de las diferentes subpoblaciones”, agregó.
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Este hallazgo subraya que comenzar la dieta MIND en cualquier momento de la vida es beneficioso y destaca que el mensaje de que nunca es tarde para adoptar hábitos alimentarios que promuevan la salud cerebral.
Cómo es la dieta MIND

Según expertos de la Universidad de Harvard, la dieta MIND promueve el consumo regular de cereales integrales, vegetales de hojas verdes, otras verduras, frutos secos, frijoles, bayas, aves de corral y pescado. En cuanto a las grasas, se recomienda utilizar preferentemente aceite de oliva.
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También establece límites estrictos para el consumo de carnes rojas, manteca, queso, frituras y dulces, debido a su alto contenido de grasas saturadas, según datos de la organización estadounidense sin fines de lucro AARP.
Por supuesto, ante cualquier tipo de decisión de esta clase es fundamental consultar a un profesional.
Desde Mayo Clinic resaltan que “la dieta MIND no es peligrosa para la mayoría de personas gracias a que incorpora una amplia variedad de alimentos sanos”.
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Entre sus componentes clave se destacan los antioxidantes, flavonoides y carotenoides, los principales protectores contra los procesos oxidativos e inflamatorios.

Toda modificación en los hábitos alimentarios, incluida la adopción de la dieta MIND, debe ser consultada con un profesional de la salud, especialmente en personas con condiciones médicas preexistentes o necesidades nutricionales específicas. Según Mayo Clinic, “vale la pena que hable con el proveedor de atención médica antes de hacer cambios grandes en su alimentación”.
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Otros estudios realizados sobre la dieta MIND
Un estudio publicado anteriormente en la revista Neurology, proporcionó datos significativos sobre la efectividad de la dieta MIND en la prevención del deterioro cognitivo, especialmente en las mujeres. Este estudio incluyó a más de 14.000 adultos y se centró en la correlación entre la adherencia a la dieta y las funciones cerebrales.
Los hallazgos revelaron que una mayor adherencia a la dieta MIND está asociada con una menor incidencia de problemas de pensamiento, concentración y memoria.
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Específicamente, las mujeres que siguieron esta dieta de cerca presentaron una disminución del 6% en el riesgo de deterioro cognitivo, en comparación con aquellas que no la siguieron tan estrictamente. Estos beneficios no se manifestaron de manera similar en los hombres.
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