
Un equipo de investigación de la Universidad James Cook (JCU) en Australia, junto con su sede en Singapur, desarrolló un tipo de pescado cultivado en laboratorio con niveles de alérgenos significativamente reducidos.
El estudio, presentado durante el Congreso Mundial de Alergia, reveló que la anguila japonesa (Unagi) cultivada en células contiene más de diez veces menos alérgenos que su versión convencional, con reducciones de hasta mil veces en el caso de la parvalbúmina, la principal proteína responsable de las alergias al pescado.
Este hallazgo podría cambiar la dieta de entre el 3 % y el 5 % de la población mundial que sufre alergias alimentarias graves. Los mariscos son una de las principales causas de reacciones anafilácticas relacionadas con alimentos, especialmente en niños y jóvenes.

La posibilidad de consumir productos del mar con un riesgo inmunológico mucho menor abre nuevas perspectivas para este grupo vulnerable.
Reducción sin precedentes de proteínas alergénicas
La investigación fue liderada por el profesor Andreas L. Lopata, director del Laboratorio de Investigación de Alergias Moleculares (MARL) de la JCU, quien precisó que el equipo lleva casi una década trabajando con pacientes con historial clínico de alergia a peces óseos, indicó Phys Org.
“Contamos con un banco de datos de más de 100 niños con alergias confirmadas al pescado y hemos demostrado que en los peces cultivados en células hay muy poca o ninguna reactividad a los alérgenos conocidos”, explicó el investigador, en un comunicado de la universidad.
El equipo se enfocó en medir la presencia de parvalbúmina, un alérgeno altamente resistente al calor y la digestión, responsable de gran parte de las reacciones adversas. Los resultados sorprendieron a los científicos, al observar niveles extremadamente bajos sin necesidad de alterar el genoma del pez.
Este comportamiento, inesperado en el desarrollo del cultivo celular, sugiere que el entorno de laboratorio podría influir directamente en la expresión de ciertas proteínas.
Tecnología sin ingeniería genética
El método utilizado consiste en tomar células madre del pez y cultivarlas en un entorno controlado hasta que alcanzan una estructura comestible. A diferencia de otros productos alimentarios experimentales, este proceso no involucra modificación genética ni edición de ADN.
La baja presencia de alérgenos se logra exclusivamente a través del cultivo celular, lo que representa un avance técnico importante en términos de aceptación regulatoria y social.

Según Lopata, la comunidad científica asumía que el perfil de alergenicidad sería idéntico al del pescado común. “Nos sorprendió bastante que los niveles de alérgenos presentes en los peces cultivados en células fueran tan bajos”, afirmó.
Alianzas científicas y comerciales
El proyecto cuenta con el apoyo del Good Food Institute (GFI) y la empresa biotecnológica Umami Bioworks, con sede en Singapur. La colaboración busca avanzar hacia la comercialización de productos seguros, sostenibles y accesibles.
Los investigadores estiman que las primeras versiones disponibles en el mercado serán albóndigas de pescado cultivado, un formato que permite controlar el proceso de producción y evaluación.
Los productos conservarán el sabor característico del pescado tradicional, así como sus beneficios nutricionales, incluyendo niveles normales de ácidos grasos omega-3. Esto facilitaría su aceptación entre los consumidores, incluso aquellos sin restricciones alimentarias, según Phys Org.
Aprobaciones regulatorias en curso
Singapur lidera actualmente la aprobación de alimentos cultivados, siendo el primer país en autorizar la venta de pollo y codorniz cultivados. Según el profesor Lopata, se espera que la Autoridad de Normas Alimentarias de Australia y Nueva Zelanda (FSANZ) siga el mismo camino pronto.

A nivel global, la industria de proteínas alternativas recibió inversiones estimadas entre 10.000 y 12.000 millones de dólares estadounidenses en los últimos años. Este respaldo financiero refleja el interés comercial y político por soluciones alimentarias sostenibles.
Evaluación del riesgo y análisis del proteoma
Uno de los aspectos más relevantes del proceso de aprobación es el análisis del proteoma, es decir, el conjunto completo de proteínas presentes en el alimento. El equipo de la JCU realizó comparaciones sistemáticas con los patrones alergénicos conocidos para detectar cualquier posible riesgo no identificado.
“Puede haber incertidumbres sobre la alergenicidad, pero ahí es donde entramos nosotros, como expertos en el campo”, afirmó Lopata. El objetivo es garantizar que no aparezcan nuevos compuestos inmunorreactivos como resultado del cultivo.
Este enfoque científico busca ofrecer a los consumidores un nivel de seguridad igual o superior al de los productos convencionales.
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