
Los hombres tienen una mayor predisposición a desarrollar pérdida auditiva en comparación con las mujeres, y las razones detrás de esta disparidad abarcan factores biológicos, ocupacionales, sociales y de salud. Según investigaciones de la Universidad de Florida, estas diferencias son resultado de un conjunto de causas innatas y conductuales que afectan de manera desproporcionada en diversos contextos.
Entre las causas más evidentes se encuentran las diferencias en los estilos de vida y las actividades ocupacionales que históricamente han sido dominadas por hombres. Ellos tienden a participar con mayor frecuencia en actividades de ocio y trabajo que implican altos niveles de ruido, como caza, motociclismo y asistencia a conciertos de rock. Además, según lo que explica la Universidad de Florida, en el ámbito laboral, los hombres representan una mayoría en industrias como la construcción, el transporte y la manufactura, todas ellas caracterizadas por la exposición a ruidos intensos y prolongados.

La relación entre estas ocupaciones y el daño auditivo es clara: un entorno laboral con alta exposición al ruido puede acelerar la pérdida auditiva, a menos que se implementen medidas efectivas de protección. Aunque la protección auditiva puede mitigar algunos de estos riesgos, no siempre se utiliza de manera adecuada, lo que amplifica el daño a largo plazo.
Por otro lado, factores genéticos y biológicos también juegan un papel crucial en esta disparidad. El Doctor Shin Someya, de la Universidad de Florida, destaca que las mujeres, al poseer dos cromosomas X, parecen beneficiarse de una mayor resistencia genética frente a la pérdida auditiva asociada al envejecimiento.
Esta ventaja cromosómica, combinada con la longevidad promedio más alta de las mujeres, podría explicar parcialmente por qué ellas presentan una menor incidencia de problemas auditivos en etapas avanzadas de la vida. Además, las investigaciones han sugerido que los niveles de estrógeno podrían tener un efecto protector sobre el sistema auditivo, mientras que la disminución de esta hormona tras la menopausia se relaciona con un aumento en la pérdida auditiva en mujeres mayores.

En un contexto más amplio, las enfermedades crónicas también desempeñan un papel importante. Los hombres tienen una mayor prevalencia de afecciones como la diabetes tipo 2, que se ha vinculado directamente con la pérdida auditiva. Según ese estudio de la universidad, esta enfermedad puede ocasionar daños en los vasos sanguíneos y nervios del oído interno, lo que contribuye a un deterioro auditivo progresivo. Además, las condiciones cardiovasculares, más comunes en hombres, están asociadas con una disminución en la capacidad auditiva debido a la reducción del flujo sanguíneo hacia las estructuras auditivas.
La investigación científica sobre las diferencias de sexo en la pérdida auditiva ha avanzado en las últimas décadas, aunque persisten lagunas importantes en el conocimiento. Por ejemplo, estudios no clínicos en modelos animales han revelado diferencias fundamentales en la respuesta de los sexos a factores como la exposición al ruido y los agentes ototóxicos.
En estos estudios, los machos suelen mostrar mayor susceptibilidad a la pérdida auditiva inducida por ruido en frecuencias altas, mientras que las hembras tienden a ser más resistentes, al menos hasta la menopausia.

En cuanto a la investigación clínica, aunque se ha progresado en la inclusión de hombres y mujeres en estudios financiados por el Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos desde 1993, la comprensión de los mecanismos subyacentes aún es limitada. Estudios longitudinales, como el realizado en Baltimore, han demostrado que la pérdida auditiva en hombres progresa el doble de rápido que en mujeres, especialmente en las frecuencias altas. Sin embargo, incluso cuando se controlan variables como la exposición al ruido, los hombres siguen mostrando peores resultados auditivos, lo que subraya la necesidad de más investigaciones enfocadas en las bases biológicas de esta disparidad.
El impacto social y psicológico también varía entre los sexos. Según el estudio de la Universidad de Florida, las mujeres tienden a reportar mayores niveles de aislamiento social y depresión vinculados a la pérdida auditiva en comparación con los hombres, aunque estos últimos son menos propensos a buscar tratamiento temprano. Las diferencias en el uso de dispositivos auditivos, como audífonos, son notables: las mujeres suelen utilizarlos con más frecuencia y reportan mayores expectativas de mejora, mientras que los hombres tienden a abandonar su uso debido a frustraciones relacionadas con la funcionalidad.

Últimas Noticias
La calidad del descanso no depende solo de cuántas horas dormimos: cómo los sueños pueden marcar la diferencia
Científicos de Italia analizaron la actividad cerebral y los relatos oníricos de 44 adultos tras más de mil despertares en laboratorio. Qué encontraron

La base lunar de la NASA: claves de la ciencia, la tecnología y la cooperación en el espacio
La agencia espacial estadounidense confirmó que busca instalar la primera base permanente antes de 2030. El plan, basado en el programa Artemis, cuenta con la participación de Japón, Italia y Canadá. La opinión de un experto a Infobae

Consumir ultraprocesados en la gestación puede afectar el tamaño embrionario y la fertilidad masculina
Un estudio publicado en la revista Human Reproduction demostró que el consumo de estos alimentos durante el embarazo no sólo influye en el crecimiento embrionario durante la gestación, sino que también está vinculado con una menor capacidad reproductiva en los varones en el futuro

Descubren nuevos beneficios de la dieta mediterránea para la salud del corazón y el cerebro
Un estudio científico analizó el impacto de este plan alimentario en el organismo. La relación entre su consumo y la presencia de proteínas celulares asociadas a un mejor funcionamiento cardiovascular y cerebral en personas mayores

La prevalencia de la esclerosis múltiple en Inglaterra se duplicó en las últimas dos décadas, según un estudio
El análisis de la University College London mostró que los casos por cada 100.000 habitantes pasaron de 107 a 232 entre 2000 y 2020, un aumento que se explica por diagnósticos más tempranos y mayor supervivencia


