
La pandemia del COVID-19 enfrentó a la humanidad con una patología de consecuencias desconocidas. Con el tiempo, avanzaron las investigaciones en busca de paliar la gravedad de los contagios y de encontrar un tratamiento efectivo contra el virus. La ciencia, en ese sentido, tuvo y tiene un papel preponderante. Uno de los focos de preocupación para los expertos es la situación de las embarazadas que contraen el SARS-CoV-2.
Los estudios realizados hasta el momento arrojaron conclusiones diferentes. Por un lado, hay quienes sostienen que el virus no produce un daño considerable en el desarrollo fetal, mientras que otros trabajos alertaron de lo contrario.
Una investigación realizada recientemente por expertos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington, en Estados Unidos, encontró que las mujeres que contrajeron COVID-19 durante el embarazo sufrieron daños en la respuesta inmunitaria de la placenta a otras infecciones. “Lo que estamos observando es que la placenta es vulnerable al virus y que la infección cambia la forma en que funciona. Esto, a su vez, puede que afecte el desarrollo del feto”, profundizó la doctora Kristina Adams Waldorf, una de las autoras del estudio. “Parece que, después de contagiarse en el embarazo, la placenta se agota por la infección y no puede recuperar su función inmunológica”, agregó.
Para este trabajo se analizaron 164 embarazos, entre los cuales 140 presentaban un cuadro de SARS-CoV-2. Luego de observar los resultados, estos especialistas sugirieron que los bebés nacidos de madres infectadas con COVID-19 deberán ser monitoreados a medida que crezcan, ya que su hallazgo es “la punta del iceberg” del daño que, según dijeron, produce el virus en la gestación.

La disyuntiva
Más allá de las conclusiones presentadas por la Universidad de Washington, hay otros trabajos científicos que niegan la relación entre el coronavirus y el daño fetal y, por lo tanto, contradicen esa visión. En enero de 2022, un estudio realizado por el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos (NIH) y por la Universidad de Michigan observó que la placenta activó su respuesta inmune ante la infección, protegiendo de esta forma la vida intrauterina.
“Es importante destacar que el SARS-CoV-2 no se detecta en los tejidos de la placenta, ni la esterilidad de la placenta se ve comprometida por la infección viral materna”, publicaron estos expertos, que reclutaron a 23 mujeres embarazadas, de las cuales once estaban contagiadas.
Como se ve, no hay una conclusión definitiva ni común en el ámbito científico sobre la influencia del virus durante el embarazo y sobre un posible daño al desarrollo fetal. Infobae conversó sobre este disyuntiva con la doctora Nancy Alé, del área de diagnóstico e internación del Servicio de Obstetricia en el Hospital Fiorito de Avellaneda. “Hasta ahora, con los registros que tenemos nosotros, no hay ningún indicio de daño fetal al contraer el virus. Vamos a tener que esperar mucho tiempo para saber las verdaderas secuelas que puede haber. Por el momento, tener exactitud con algunos estudios científicos es difícil. En los casos que hemos trabajado, no hay enfermedades o complicaciones de este tipo como consecuencia del coronavirus”.

Una cuestión de semanas
Alé informó que la mayoría de los embarazos “con un contagio antes de la semana 16 no prospera”. En algunos casos, un factor que podría presentarse en paralelo —si una mujer se contagia en los primeros días de gestación, como mencionó Alé— es el COVID prolongado, definido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como un cuadro con síntomas persistentes durante un mínimo de 12 semanas.
De todas formas, “si la infección se da después de la semana 16, las consecuencias son distintas”, aseveró Alé, e indicó que están “atentos a la situación y a los nuevos estudios que puedan aparecer al respecto”.
El doctor Marcelo Correa Viera, jefe del Servicio de Maternidad del Hospital Gandulfo de Lomas de Zamora, sumó su visión en un diálogo con Infobae. “La información que hay hasta el momento es contradictoria. Por un lado hay estudios que sostienen que hay daño fetal, mientras que otros dicen que eso no sucede. Claramente, los cambios a nivel placentario existen. En los estudios de la placenta se ha visto que hay trombosis, y eso podría estar relacionado con un menor crecimiento de los fetos”, dijo.
De todas formas, Correa Viera aclaró: “También es cierto que hay muchas pacientes que tienen estos trastornos a nivel placentario y no sufren alteraciones en el feto. Es decir que no necesariamente la alteración placentaria se manifiesta clínicamente. Habría que hacer estudios mas profundos”. Y agregó: “Aquellas embarazadas que cursaban la infección durante los primeros meses, tenían más posibilidades de perder el embarazo. En ese caso sí tiene que ver con la respuesta inmune de la placenta. Cuanto más tardíamente se da el contagio, menos complicaciones le genera a la gestación”.

El futuro
Correa Viera recordó que durante la primera ola de contagios “no se realizaron muchos estudios a nivel placentario” en Argentina. “Se hicieron más en la segunda ola, con otras variantes del COVID”, informó. “Muchos de los trabajos disponibles actualmente hacen la observación placentaria pero no aclaran si esas madres sufren de otras patologías además del coronavirus. Hay muchas otras enfermedades que puede presentar la paciente y que no están registradas. Generalmente, cuando hay daño fetal se trata de cuestiones multicausales. Por lo tanto, nos falta mucho trabajo para llegar a una conclusión al respecto”, postuló.
Finalmente, el experto advirtió que aquellos bebés nacidos luego de embarazos atravesados por un contagio “van a tener que ser observados a largo plazo para ver si hay alguna afección que no se manifestó hasta ahora y que puede aparecer en el futuro”.
Así las cosas, los años subsiguientes serán determinantes para llegar a conclusiones más claras. Mientras tanto, no hay certezas comunes o consensuadas que confirmen la relación entre el COVID-19 y el daño fetal.
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