
Según varias investigaciones el café puede reducir el riesgo de padecer una serie de afecciones graves, como diabetes tipo 2, enfermedad del hígado graso y algunos tipos de cáncer. Así lo demostraron los resultados de un estudio de diez años publicado recientemente, que aseguró que el consumo moderado de café está relacionado con un menor riesgo de enfermedad cardiovascular y muerte prematura por cualquier causa.
Nuevas investigaciones sugieren que según el tipo de café que se beba, puede aumentar el riesgo de padecer colesterol elevado y/o sufrir un infarto.
Científicos noruegos observaron cómo el tipo de café que bebe una persona afecta su colesterol, que puede acumularse en la sangre y causar obstrucciones que conducen a enfermedades cardíacas. Así, recomendaron: “Los bebedores de café deben cambiar a café filtrado para reducir el riesgo de enfermedades cardíacas”.
Es que los beneficios conocidos de esta infusión se asocian principalmente con el café molido. Además de la cafeína, el café contiene minerales, en particular magnesio (de gran ayuda para huesos y función muscular saludables), potasio (que desempeña un papel en la presión arterial) y vitamina B3 (necesaria para liberar energía de los alimentos y un sistema nervioso saludable). ¿Dónde radican entonces los riesgos? Según el flamante estudio esto puede deberse a la forma en que se prepara la bebida.

Para el trabajo, cuyas conclusiones fueron publicadas en la revista Open Heart, los investigadores interrogaron a más de 20.000 personas sobre la cantidad de café que bebían y el tipo que preferían, mientras que los científicos analizaron su sangre en busca de colesterol.
Por cantidades, los científicos agruparon el consumo de café en categorías: ninguno, una o dos tazas, de tres a cinco tazas, o más de cinco tazas al día. Mientras que el tipo de café era ninguno, filtrado, cafetera, espresso de una máquina o monodosis e instantáneo.
Por género, los científicos hallaron que las mujeres bebían un promedio de poco menos de cuatro tazas de café al día, en tanto los hombres bebían casi cinco, en promedio. No analizaron para el trabajo el tamaño de taza, aclararon los autores del trabajo, según publicó The Telegraph.
El grupo que consumía de tres a cinco tazas al día los investigadores vieron que cubrió la ingesta promedio de hombres y mujeres. Para esta cohorte, se encontró que el café filtrado es el que menos aumenta el colesterol, con aumentos de sólo 0,04 y 0,07 milimol (mmol) por litro para hombres y mujeres, respectivamente, por encima de la línea de base establecida por los abstemios del café.

Por el contrario, el café de émbolo como el de una cafetera aumentó el colesterol en 0,25 y 0,18 mmol por litro. Por su parte, se encontró que el café expreso de una máquina aumentaba el colesterol en 0,16 y 0,09 mmol por litro y el café instantáneo registró 0,08 y 0,1 para hombres y mujeres, respectivamente.
“Las cifras son pequeñas pero significativas”, reconocieron los investigadores, y agregaron que “debido al alto consumo de café, incluso los pequeños efectos en la salud pueden tener consecuencias considerables para la salud”.
“Nuestros hallazgos con respecto al café hervido/de émbolo son los mismos que en la década de 1980, lo que apunta a que los resultados son generalizables”, escribieron los investigadores en su informe. Para ellos, “esto respalda las recomendaciones de salud anteriores para reducir la ingesta de café hervido o de émbolo debido a su capacidad para aumentar los niveles de colesterol”.
Los científicos dijeron que las sustancias químicas que aumentan el colesterol, como los diterpenos, el cafestol y el kahweol, estaban presentes en todo el café, pero son los diferentes métodos de preparación los que alteran la preponderancia que éstos tengan en el producto final.

Los investigadores no pueden explicar por qué los hombres se ven más afectados por el café que las mujeres en lo que respecta a los niveles de colesterol. Tom Sanders es profesor emérito de nutrición y dietética en el King’s College de Londres, y si bien no participó en el estudio, dijo que es probable que la discrepancia de género se deba a las diferencias en el comportamiento de consumo de café y no a una diferencia fisiológica.
Y tras agregar que para los consumidores de baja cantidad, aquellos que toman menos de dos tazas al día, el tipo de café que prefieran debería ser de poca preocupación, remarcó que “los fanáticos del café que beben más de tres tazas al día deberían prestar atención a la investigación”.
“Si bien la variación en la asociación entre el consumo de café y los niveles de colesterol observados al estratificar la población por sexo y método de preparación del café son interesantes, se debe tener precaución tomados en la interpretación de los efectos causales”, ahondó por su parte el doctor Dipender Gill, profesor de farmacología clínica y terapéutica en St George’s, Universidad de Londres.
“Por ejemplo, las diferencias observadas podrían explicarse por factores de confusión que dan lugar a asociaciones espurias -consideró-. Específicamente, los hombres y las personas con preferencia por cierto tipo de café pueden tener también otros factores de estilo de vida que afectan sus niveles de colesterol”.
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