Seis quesos que pueden aportar probióticos a la salud intestinal

Las variedades fermentadas o maduradas conservan microorganismos vivos, aunque conviene revisar el etiquetado, moderar las porciones y combinarlas con alimentos ricos en fibra

Porciones de queso en una tabla de madera y un disco transparente central que contiene figuras de bacterias multicolores.
Los quesos fermentados o estacionados aportan bacterias beneficiosas para el equilibrio de la salud intestinal (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Algunas variedades de queso pueden aportar bacterias beneficiosas a la alimentación. Una revisión de Verywell Health, respaldada por la dietista registrada Allison Herries, señala que los productos fermentados, estacionados o elaborados con cultivos vivos pueden contribuir al equilibrio de la microbiota intestinal, siempre que se consuman con moderación y dentro de una dieta variada.

El queso suele asociarse con su aporte de calcio y proteínas, pero ciertos productos lácteos también pueden contener probióticos, microorganismos vivos vinculados con la digestión y la composición de la flora intestinal. Su presencia depende del proceso de elaboración: el uso de cultivos bacterianos, el estacionamiento y la ausencia de tratamientos térmicos posteriores son algunos de los factores que pueden favorecer su conservación.

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Sin embargo, no todos los quesos contienen microorganismos vivos en cantidades relevantes. La pasteurización posterior a la fermentación y algunos procesos industriales pueden reducirlos o eliminarlos. Por eso, el etiquetado y el tipo de producto resultan determinantes al momento de elegir.

El queso suizo combina cultivos bacterianos y menor contenido de sodio

Una cuña de queso amarillo con agujeros sobre una tabla de madera, acompañada por un cuchillo de mango de madera y uvas rojas.
El queso suizo destaca por sus cultivos bacterianos y por su menor proporción de sodio en comparación con otros tipos curados (Imagen Ilustrativa Infobae)

El queso suizo se produce con cultivos bacterianos y pasa por un período de maduración. De acuerdo con la información recogida por Verywell Health, ese proceso puede favorecer la presencia de bacterias asociadas con la salud intestinal.

Además, esta variedad aporta proteínas y suele contener menos sodio que otros quesos curados. Esa combinación puede resultar útil para quienes buscan moderar el consumo de sal sin dejar de incorporar lácteos a sus comidas.

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Su sabor suave permite incluirlo en sándwiches, ensaladas, tortillas o preparaciones calientes. Aun así, las porciones deben adecuarse a las necesidades nutricionales de cada persona, en especial si existen indicaciones médicas sobre el consumo de grasas saturadas.

El provolone y el gouda se destacan por su maduración

Un trozo de queso provolone, un queso gouda con cubierta roja, uvas rojas y nueces sobre una tabla de madera.
El proceso de fermentación en los quesos no sustituye una dieta equilibrada ni constituye un tratamiento médico (Imagen Ilustrativa Infobae)

El provolone es otro queso estacionado que puede aportar probióticos. También contiene vitaminas del grupo B y proteínas de suero, nutrientes que participan en distintas funciones del organismo, entre ellas el mantenimiento de la masa muscular y de una alimentación suficiente en proteínas.

Por su parte, el gouda puede conservar microorganismos de interés cuando no ha recibido un tratamiento térmico que los elimine después de la elaboración. Algunas presentaciones de este queso tienen niveles elevados de grasa y sodio, por lo que conviene revisar la información nutricional y optar por versiones reducidas en grasa cuando estén disponibles.

La fermentación no transforma al queso en un tratamiento médico ni reemplaza una dieta equilibrada. El efecto sobre la microbiota también puede variar según el producto, la cantidad consumida y las características de cada organismo.

La mozzarella fresca puede aportar cultivos vivos

Queso mozzarella en bola y trozos, rodajas de tomate y hojas de albahaca sobre una tabla de madera con gotas de aceite de oliva.
La etiqueta de la mozzarella fresca permite identificar los productos que conservan cultivos vivos o activos (Imagen Ilustrativa Infobae)

La mozzarella fresca, elaborada habitualmente con leche de vaca, es una alternativa semiblanda con proteína y calcio. Algunas versiones contienen cultivos vivos que pueden favorecer la diversidad bacteriana del intestino.

Para identificar productos con probióticos, la recomendación es buscar en el envase expresiones como “cultivos vivos” o “cultivos activos”. Esa verificación cobra importancia porque dos quesos de la misma variedad pueden tener procesos de fabricación distintos.

La mozzarella puede combinarse con tomate, vegetales, panes integrales o legumbres. Este tipo de acompañamientos agrega fibra, un componente clave para la alimentación de las bacterias presentes en el intestino.

El parmesano auténtico tiene menos lactosa

Un bloque de queso parmesano y varios trozos pequeños sobre una tabla de madera.
La larga maduración del Parmigiano Reggiano reduce el nivel de lactosa y aporta la cepa Lactobacillus rhamnosus (Imagen Ilustrativa Infobae)

El Parmigiano Reggiano auténtico concentra proteínas y puede contener prebióticos y probióticos. La revisión menciona la presencia de cepas como Lactobacillus rhamnosus, relacionadas en investigaciones con la salud digestiva y la respuesta inmunitaria.

Su prolongada maduración también reduce la lactosa, el azúcar natural de la leche. Esto puede hacerlo más tolerable para algunas personas con dificultades para digerirla, aunque la respuesta depende de cada caso y no significa que sea adecuado para todos los casos de intolerancia o alergia a los lácteos.

Conviene distinguirlo del parmesano rallado industrial, que puede incluir otros ingredientes y no necesariamente conserva las mismas características microbiológicas.

El queso cottage depende de sus cultivos activos

Un tazón de cerámica contiene queso cottage con arándanos enteros, fresas rebanadas y una cuchara de metal sobre una superficie de madera.
El queso cottage suma selenio y proteínas cuando la elaboración incluye bacterias activas (Imagen Ilustrativa Infobae)

El queso cottage es valorado por su aporte proteico y su menor densidad calórica frente a otros quesos. Puede contribuir a la saciedad, aunque esa característica no sustituye el seguimiento profesional en planes de control de peso.

Algunas versiones incluyen cultivos vivos y activos, pero otras se elaboran sin las bacterias necesarias para ofrecer ese aporte probiótico. Leer la etiqueta sigue siendo el criterio más directo para diferenciarlas.

Este queso también contiene selenio, un mineral que interviene en diversas funciones del organismo y que, según estudios, se vincula con el mantenimiento de un microbioma intestinal equilibrado.

Para integrar queso en una pauta favorable para el intestino, la recomendación es acompañarlo con frutas, verduras, cereales integrales y legumbres, y limitar las alternativas ultraprocesadas, como el queso americano.

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