Gimnasia emocional, cómo entrenar lo que sentimos para vivir mejor

La psicóloga Emily Anhalt propone prácticas para ordenar las preocupaciones y desarrollar recursos ante momentos de tensión, un enfoque que dialoga con estudios sobre pensamientos repetitivos

Un hombre sentado con las piernas cruzadas sostiene dos mancuernas de las que salen nubes, rodeado por cintas elásticas y más pesas.
La práctica de autocuidado ofrece herramientas de bienestar pero no reemplaza la atención profesional de salud mental (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Las decisiones, los vínculos y la capacidad de responder ante situaciones difíciles están atravesados por las emociones. Frente a una preocupación persistente, el desafío no consiste en eliminar lo que se siente, sino en desarrollar recursos para reconocer los pensamientos repetitivos y ordenar la respuesta emocional.

La conversación pública sobre la salud mental ganó espacio en los últimos años y redujo parte del estigma que rodeaba a los malestares psíquicos. Sin embargo, la difusión de herramientas de bienestar también exige una distinción necesaria: una práctica de autocuidado puede resultar útil en determinadas circunstancias, pero no reemplaza la atención profesional cuando el malestar desborda la vida cotidiana.

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En ese marco, la psicóloga estadounidense Emily Anhalt propone entender el cuidado de la mente como un entrenamiento sostenido. Su planteo, difundido por G1, utiliza la imagen de la actividad física para pensar en habilidades emocionales que pueden ejercitarse antes de una situación de crisis.

El enfoque apunta a fortalecer recursos antes de una crisis

Dos mujeres sentadas en sillones conversan junto a una mesa con una caja de pañuelos, una taza y una libreta.
La psicóloga Emily Anhalt cofundó el proyecto Coa para desarrollar habilidades emocionales previas a una crisis (Imagen Ilustrativa Infobae)

Anhalt es cofundadora de Coa, una institución que presenta como una academia destinada a desarrollar la aptitud emocional. Según publicó G1, la psicóloga sostiene que la mente puede entrenarse de una manera comparable al cuerpo, con prácticas orientadas a identificar estados internos y a responder ante ellos con mayor claridad.

La especialista publicó en mayo de 2025 Flex Your Feelings: Train Your Brain to Develop the 7 Traits of Emotional Fitness, un libro centrado en la idea de aptitud emocional. Aunque la nota de G1 no enumera los siete rasgos a los que alude el título, sí desarrolla la metáfora de “flexionar” los sentimientos como una forma de entrenar recursos mentales para afrontar situaciones difíciles.

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La gimnasia emocional no plantea que las emociones incómodas deban desaparecer ni que una rutina personal garantice una vida sin conflictos. El enfoque de Anhalt apunta a reconocer lo que se siente y contar con herramientas para atravesar momentos de tensión. Esa distinción es importante porque la frustración, la incertidumbre o el miedo pueden tener múltiples causas y no se procesan de la misma manera en todas las personas.

La comparación con el acondicionamiento físico ayuda a entender la propuesta. Así como entrenar el cuerpo no evita por completo una lesión o una enfermedad, trabajar sobre las emociones tampoco impide que ocurra una experiencia dolorosa. La premisa es que una preparación previa puede ampliar los recursos disponibles cuando aparece una dificultad.

Del pensamiento circular a los aspectos sobre los que se puede actuar

Una mujer escribe con un bolígrafo en un cuaderno con dos listas tituladas Como puedo actuar y Fuera de mi control.
El libro Flex Your Feelings propone entrenar la mente mediante el fortalecimiento de la capacidad de respuesta ante emociones incómodas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Uno de los problemas que menciona Anhalt es la rumiación, un pensamiento que vuelve de manera insistente sobre una preocupación. G1 señala que este patrón suele estar presente en personas con ansiedad, que repasan escenarios, anticipan resultados adversos o intentan resolver mentalmente una situación sin llegar a una respuesta concreta.

La primera estrategia que propone la psicóloga es la lista de control. Consiste en anotar los factores relacionados con el problema y separar aquellos sobre los que existe una posibilidad de actuar de los que quedan fuera del propio alcance. Según explicó Anhalt en el artículo, tachar estos últimos puede reducir la carga que supone intentar controlar cuestiones que no dependen de una decisión individual.

El valor de este ejercicio está en trasladar una preocupación general a elementos concretos. La lista no modifica los hechos externos ni garantiza que un problema se resuelva, pero delimita el campo de acción. Así, ayuda a distinguir entre una tarea posible y una situación que no puede ser modificada de inmediato.

La segunda herramienta es la hora de la preocupación. Anhalt recomienda fijar un momento para pensar en el tema que inquieta, incluso para revisar sus posibles consecuencias negativas. Fuera de ese período, la propuesta es posponer el regreso a esos pensamientos y reservarlo para el horario establecido.

El planteo tiene antecedentes en intervenciones estudiadas en el ámbito clínico. Un ensayo clínico aleatorizado con 251 adolescentes y adultos jóvenes que presentaban niveles elevados de pensamiento negativo repetitivo evaluó durante seis semanas un programa cognitivo-conductual estructurado y completo, integrado por distintas estrategias para trabajar sobre ese patrón mental.

Según los resultados publicados en Behaviour Research and Therapy, la intervención redujo esos pensamientos y los síntomas de ansiedad y depresión frente al grupo que permaneció en lista de espera.

El estudio no analizó de forma aislada la práctica de asignar una hora a las preocupaciones, por lo que sus resultados no permiten atribuirle por sí sola esos efectos ni concluir que funcione de la misma manera en todas las personas. Sí aporta un contexto para comprender por qué los abordajes cognitivo-conductuales dirigidos a la preocupación persistente ocupan un lugar en la investigación sobre salud mental.

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