Qué cambia en el cuerpo entre los 35 y los 45 años, y cuáles son los hábitos que recomienda una especialista para cuidar la salud

Una cirujana ortopédica explicó en el podcast On Purpose de Jay Shetty por qué esta etapa resulta clave para preservar la densidad ósea, movilidad y capacidad aeróbica. Además, detalló las principales pautas de descanso, ejercicio y alimentación que pueden favorecer el bienestar

Un hombre de tez morena, arrodillado sobre suelo de madera, sostiene su rodilla derecha. La rodilla presenta una ilustración de los huesos de la articulación con un brillo rojo.
La densidad de los huesos llega a su nivel máximo a los 30 años y requiere estímulos físicos junto a nutrientes para conservarse (Imagen Ilustrativa Infobae)
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A partir de los 35 años, algunos procesos relacionados con la masa muscular, los huesos, el sueño y la composición corporal comienzan a adquirir mayor relevancia. Estos cambios no se presentan de la misma manera en todas las personas, pero pueden influir en la capacidad física con el paso del tiempo.

La cirujana ortopédica Vonda Wright planteó en el podcast On Purpose de Jay Shetty que esta etapa ofrece una oportunidad para incorporar prácticas que acompañen esos cambios y contribuyan a conservar la autonomía en edades posteriores.

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Su propuesta abarca desde la calidad del descanso y el entrenamiento de fuerza hasta el ejercicio cardiovascular, el equilibrio y una alimentación adecuada.

La década para consolidar hábitos de salud

Wright cuestionó la idea de que envejecer implique una pérdida inevitable de vitalidad. “Podemos cambiar la trayectoria de nuestro futuro al invertir en nosotros mismos hoy”, afirmó. Para la especialista, el cuidado cotidiano de la movilidad, el descanso, la alimentación y los vínculos personales puede alejar a las personas de un deterioro progresivo.

Una mujer con gafas de marco rojo habla frente a un micrófono negro en un estudio con estanterías de libros al fondo
Los mecanismos celulares de reparación pierden eficiencia y disminuyen la capacidad metabólica cerca de los 40 años (Captura de video: YouTube/@JayShettyPodcast)

La médica identificó esa franja como una etapa de relevancia particular. “Hay un gran impacto biológico cerca de los 40”, explicó. Según su descripción, los mecanismos celulares de reparación se vuelven menos eficientes y el organismo pierde parte de su capacidad para procesar productos del metabolismo.

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Aun así, Wright aclaró que los hábitos pueden modificar parte de ese escenario. Por ese motivo, recomendó llegar a la mitad de la vida con rutinas ya instaladas. “Llamo al período entre los 35 y los 45 años la década crítica para establecerlo todo”, señaló durante la conversación en On Purpose.

Dormir bien, antes de exigirse más

La primera prioridad, según la Dra. Wright, debe ser el sueño. “Hay que descubrir cómo dormir durante toda la noche”, indicó. La médica sostuvo que la falta de descanso limita la energía y la capacidad de sostener otras conductas, como el entrenamiento de fuerza o el trabajo cardiovascular.

Para ordenar el descanso, propuso mantener horarios estables para acostarse y levantarse. También sugirió terminar de comer varias horas antes de ir a la cama y reducir el alcohol, al que definió como un factor que altera las fases profundas del sueño, aunque pueda generar somnolencia inicial.

Un hombre y una mujer duermen en una cama junto a una ventana por la que entra luz solar, cerca de una mesa de noche con una lámpara.
El establecimiento de horarios estables para dormir ayuda a ordenar el descanso durante la noche (Imagen Ilustrativa Infobae)

Wright dedicó un punto aparte a los cambios hormonales. Explicó que muchas mujeres pueden notar alteraciones del descanso entre los 40 y los 45 años debido a las variaciones de estrógeno propias de la transición hacia la menopausia.

En los hombres la testosterona puede descender desde los primeros años de esa década, aun cuando permanezca dentro de los valores considerados normales.

Músculo, huesos y composición corporal

La especialista puso el foco en la diferencia entre bajar de peso y modificar la proporción entre músculo y grasa. “Para mí, el peso no es la medida. Es la composición corporal”, expresó. Advirtió que una persona puede verse delgada y, al mismo tiempo, tener poca masa muscular y un porcentaje alto de tejido adiposo.

Un hombre levanta una barra con discos de pesas y una mujer realiza una sentadilla con una banda elástica alrededor de sus piernas
El entrenamiento de fuerza con cargas altas busca modificar la proporción entre masa muscular y grasa en el organismo

En ese contexto, recomendó el entrenamiento de fuerza con movimientos que involucren varias articulaciones, como sentadillas, peso muerto, ejercicios de empuje y tracción. Su propuesta para adultos de mediana edad incluye cargas altas, pocas repeticiones y una frecuencia de al menos dos sesiones semanales.

“Vamos a construir músculo y, al hacerlo, reemplazaremos grasa por músculo”, afirmó. Wright subrayó que el número que marca la balanza puede permanecer estable mientras cambia la estructura del cuerpo, un proceso que también puede beneficiar el metabolismo.

La salud ósea ocupó un lugar central en sus recomendaciones. La densidad de los huesos alcanza su punto máximo cerca de los 30 años, según explicó, por lo que los años posteriores exigen sostener estímulos que ayuden a conservar esa reserva. “Necesitamos los huesos más gruesos y fuertes porque vivimos de ellos el resto de nuestra vida”, subrayó.

Mujer de mediana edad comiendo brócoli de un plato grande con salmón, ensalada, garbanzos y aguacate, con más alimentos frescos en una cocina moderna.
Una dieta con proteínas, vitamina D, magnesio y otros minerales contribuye al mantenimiento de los huesos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para ello, mencionó una alimentación con proteínas, vitamina D, magnesio y minerales presentes en los alimentos. También resaltó el valor de los ejercicios de impacto, como saltar, subir escaleras o correr, siempre de acuerdo con las posibilidades físicas de cada persona.

El entrenamiento cardiovascular y la prevención de caídas

Wright propuso distribuir el ejercicio aeróbico con una fórmula de 80% de actividad a baja intensidad y 20% de trabajo de alta exigencia. Diferenció los sprints breves de las sesiones repetidas de alta intensidad que pueden favorecer lesiones si se realizan con demasiada frecuencia.

Sesión de yoga con posturas para fortalecer cuerpo y mente, práctica de meditación y estiramiento. - (Imagen Ilustrativa Infobae)
Ejercicios como el yoga, el pilates y el tai chi ayudan a mantener activas las articulaciones y mejorar el control corporal (Imagen Ilustrativa Infobae)

También recomendó ejercitar el consumo máximo de oxígeno, conocido como VO2 max, un indicador de la capacidad aeróbica. La médica advirtió que este valor disminuye con la edad si no existe entrenamiento y lo vinculó con la capacidad de mantener la independencia en edades avanzadas.

La movilidad y el equilibrio completaron su esquema. Propuso incorporar movimientos diarios de todas las articulaciones, además de prácticas como yoga, pilates o tai chi. Para entrenar la estabilidad, sugirió una acción sencilla: pararse sobre una pierna mientras se lavan los dientes.

“Debemos volver a entrenar el equilibrio”, afirmó. También recomendó mejorar la velocidad de reacción de los pies mediante ejercicios de agilidad, con el objetivo de disminuir el riesgo de caídas.

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