
La recuperación después del ejercicio se volvió un eje frecuente en las rutinas de bienestar, sobre todo entre quienes buscan sumar hábitos simples a la alimentación cotidiana.
En ese terreno, la sandía empezó a ganar atención por su posible vínculo con la recuperación muscular a partir de un componente específico: la citrulina.
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Ese interés no surge de una recomendación general ni de una pauta cerrada para cualquier persona. Se apoya en una publicación de Sport Life firmada por Yolanda Vázquez Mazariego, doctora en Ciencias Biológicas, naturópata y profesora de nutrición, que revisa qué datos se citan sobre esta fruta en relación con el alivio del dolor posterior al esfuerzo físico.

La relevancia del tema pasa por una pregunta concreta dentro del bienestar físico: qué lugar pueden ocupar ciertos alimentos en la etapa posterior al entrenamiento, cuando el foco deja de estar en el rendimiento inmediato y se traslada al descanso muscular.
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A partir de ese enfoque, la nota pone en primer plano el papel de la citrulina y un estudio citado por la autora sobre el consumo de jugo de sandía tras una actividad intensa.
En qué aspectos se pone foco
Según explicó Vázquez Mazariego, la sandía concentra una cantidad alta de citrulina, un aminoácido al que la especialista vincula con una recuperación más rápida de los músculos.
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De acuerdo con su artículo, ese compuesto se absorbe con facilidad a nivel intestinal y su presencia en esta fruta explica buena parte del interés que despierta en el terreno de la nutrición asociada al ejercicio.

La especialista señala que el consumo de sandía antes o después del entrenamiento puede favorecer esa recuperación y colaborar con la disminución del dolor muscular posterior.
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En ese marco, la profesional asocia ese posible efecto con una menor acumulación de lactato durante el ejercicio, aunque este compuesto no se considera responsable del dolor muscular de aparición tardía.
La misma autora aclara que el valor de la sandía dentro de este tema no se limita a una condición aislada. Según la profesional, se trata de una fruta que puede incorporarse en distintos momentos del día y cuyo interés, dentro de este enfoque, se relaciona con su composición y con el posible uso alimentario alrededor de la práctica deportiva.
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Qué estudio se menciona y qué dato aporta
De acuerdo con Vázquez Mazariego, la relación entre sandía y recuperación física aparece en un estudio realizado en colaboración con la Universidad Politécnica de Cartagena.
La autora indica que esa publicación académica sostiene una relación entre el consumo de jugo de sandía después del ejercicio, el rendimiento deportivo y la reducción del daño muscular.
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El dato puntual que recupera la especialista es que ese trabajo observó una disminución del dolor muscular a las 24 horas de una actividad deportiva intensa.

La autora también añade que un aporte extra de citrulina en la dieta puede favorecer la eliminación del excedente de ión amonio derivado del uso energético de proteínas a través del ciclo de la urea.
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Ese proceso participa en la eliminación de sustancias de desecho del metabolismo proteico. En el texto de la profesional, esa explicación funciona como parte del marco fisiológico con el que respalda el interés por este aminoácido.

La sandía antes y después del ejercicio
Si bien la sandía suele asociarse con el período posterior a la actividad física, la autora señala que también puede consumirse antes del ejercicio. Según explica, una porción de esta fruta podría ayudar a reducir el riesgo de hipoglucemia y elevar la concentración de ácidos grasos en sangre.
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Dentro del artículo, esa referencia amplía el posible uso alimentario de la sandía en la rutina de entrenamiento, aunque el eje principal sigue puesto en la recuperación muscular.

El texto firmado por la profesional suma además otros datos sobre su composición. La autora recoge que algunos especialistas la han llamado “el oro rojo de los deportistas” por su contenido de licopeno, el antioxidante que explica su color.
Asimismo, la publicación añade que la sandía contiene una proporción de licopeno 2,5 veces mayor que la del tomate.
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