Estrés por frío: qué es y cómo prevenir impactos en la salud física y mental

La pérdida de calor puede verse superada en ambientes helados, húmedos o ventosos, activando los temblores y la vasoconstricción

Guardar
Google icon
Ilustración de figura humana encogida rodeada de círculos azules. Iconos de viento, gotas y termómetros. Manchas rojas y violetas en extremidades.
El estrés por frío ocurre cuando el cuerpo pierde calor más rápido de lo que puede producirlo por la exposición a ambientes fríos, húmedos o ventosos (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estrés por frío es una condición que se presenta cuando el cuerpo humano pierde calor a un ritmo superior al que puede producirlo, debido a la exposición a ambientes con baja temperatura, húmedos o ventosos. Ante esa situación, el organismo activa mecanismos fisiológicos y conductuales para conservar su equilibrio térmico, como el temblor, la vasoconstricción y la búsqueda de abrigo.

Si esas respuestas no alcanzan, pueden aparecer lesiones y enfermedades que no solo implican riesgos físicos inmediatos, sino que también pueden dejar daños permanentes en los tejidos.

PUBLICIDAD

Esta condición no solo afecta la salud física, sino que también puede impactar el rendimiento cognitivo. Estudios recientes muestran que incluso una exposición breve a bajas temperaturas puede producir deterioro transitorio en la atención, la velocidad de procesamiento y la toma de decisiones, aun cuando la temperatura corporal central no descienda de manera significativa.

El riesgo de desarrollarlo es mayor en personas con movilidad reducida, enfermedades crónicas, bajo nivel de grasa corporal, niños, adultos mayores y quienes carecen de ropa adecuada.

PUBLICIDAD

Mujer joven, pálida y con expresión de frío, abraza sus brazos vestida con un suéter grueso. Un brillo rojo emana de su pecho; al fondo, una ventana.
La hipotermia es la afección más grave del estrés por frío y aparece cuando la temperatura corporal baja de 35 ℃, con riesgo para el corazón y el cerebro (Imagen Ilustrativa Infobae)

Tipos y riesgos del estrés por frío

El estrés por frío se manifiesta principalmente en cuatro afecciones. La hipotermia destaca como la más peligrosa, ya que ocurre cuando la temperatura corporal desciende por debajo de 35 ℃ y puede comprometer órganos vitales como el corazón y el cerebro en cuestión de minutos u horas.

La congelación afecta la piel y tejidos subyacentes expuestos a temperaturas inferiores a 0 ℃, y puede derivar en daños nerviosos, parálisis o incluso la necesidad de amputación si el tejido se infecta.

El pie de inmersión, en cambio, suele producirse en presencia de humedad y frío sin llegar a la congelación, generando dolor intenso y, en algunos casos, ampollas y calambres. Los sabañones, por su parte, se presentan como manchas inflamadas y dolorosas en los dedos, y aunque no representan una amenaza vital, pueden resultar muy molestos durante días. Según las fuentes académicas consultadas, estas lesiones comparten síntomas como dolor, entumecimiento, hinchazón y alteraciones en la coloración o textura de la piel.

El riesgo de desarrollar estas afecciones aumenta si se trabaja o realiza ejercicio al aire libre, se carece de un refugio cálido, o no se dispone de ropa adecuada. Además, la interacción de frío, humedad y viento acelera la aparición de síntomas y agrava el pronóstico.

En todos los casos, la detección temprana de sensaciones anómalas en las extremidades, cambios en la piel, temblores, debilidad o confusión resulta clave para evitar complicaciones severas.

Cómo prevenir el estrés por frío

Las principales recomendaciones, según la Cleveland Clinic y la Universidad de Iowa, incluyen vestirse con varias capas de ropa holgada, preferiblemente de materiales que mantengan el aislamiento incluso en condiciones de humedad, como la lana. Es esencial cubrir todas las zonas expuestas del cuerpo utilizando gorros, guantes, bufandas y medias gruesas.

Una capa exterior impermeable aporta una protección adicional frente a la nieve, la lluvia o el viento, factores que aceleran la pérdida de calor y favorecen el desarrollo de afecciones como la hipotermia y la congelación.

Persona de espaldas con gorro gris, orejeras beige, bufanda mostaza y campera oliva, camina en vereda con charcos, hojas secas y fondo urbano desenfocado.
La prevención del estrés por frío incluye usar varias capas de ropa, cubrir las zonas expuestas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Limitar el tiempo al aire libre y organizar pausas frecuentes en lugares cerrados y cálidos son estrategias recomendadas para quienes deben permanecer en exteriores por trabajo o actividades recreativas. La Universidad Estatal de Ohio advierte que la exposición prolongada, incluso a temperaturas superiores a cero grados, puede ser peligrosa si se combina con humedad o viento.

Para mantener la temperatura corporal y evitar la deshidratación, se aconseja consumir bebidas calientes y evitar tanto el alcohol como la cafeína, ya que ambos pueden interferir con la capacidad del cuerpo para producir calor.

El acompañamiento es otra medida recomendada: realizar actividades en pareja o en grupo permite detectar rápidamente los signos tempranos de estrés por frío y actuar con mayor eficacia en caso de emergencia. Tanto la Cleveland Clinic como la Universidad de Iowa subrayan la importancia de la vigilancia mutua y de prestar atención a síntomas como temblores, entumecimiento, cambios en la coloración de la piel o confusión.

El impacto del estrés por frío en el rendimiento cognitivo

Un estudio publicado en 2026 en la revista Nature aportó evidencia sobre cómo la exposición breve a bajas temperaturas puede deteriorar de manera transitoria la atención, la velocidad de procesamiento y la toma de decisiones, incluso cuando quienes participan llevan ropa adecuada.

La investigación se llevó a cabo en condiciones controladas y replicables, utilizando una cámara ambiental en la que 24 voluntarios sanos fueron expuestos durante 15 minutos a temperaturas de 20 ℃, 5 ℃ y −10 ℃.

Una persona vestida de invierno en un paisaje nevado, con el cráneo parcialmente transparente mostrando un cerebro iluminado que indica activación por el frío.
15 minutos a −10 ℃ ralentizaron el tiempo de reacción y aumentaron los lapsos atencionales en 24 voluntarios sanos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los resultados del estudio mostraron que a −10 ℃, los participantes experimentaron tiempos de reacción más lentos y un mayor número de lapsos atencionales, mientras que la disposición a asumir riesgos se redujo. No se observaron diferencias entre hombres y mujeres en cuanto al deterioro cognitivo, ni tampoco variaciones significativas en la temperatura central o cutánea, lo que sugiere que la incomodidad sensorial inducida por el frío es el principal factor que desvía los recursos atencionales y explica la disminución del rendimiento.

Además, la frecuencia cardíaca y la percepción subjetiva de estrés aumentaron a temperaturas más bajas, acompañadas de una menor sensación de comodidad térmica.

La relevancia práctica de estos resultados es clara: quienes trabajan o realizan actividades recreativas en ambientes fríos pueden ver comprometida su capacidad para mantener la atención, reaccionar con rapidez o tomar decisiones adecuadas, aunque no desarrollen hipotermia.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD