El estrés puede manifestarse en la piel con ronchas, placas o erupciones que, al hacerse visibles, generan más ansiedad y agravan el problema. Tres afecciones cutáneas tienen en el estrés un factor que activa o intensifica sus síntomas, según explicaron especialistas a Women’s Health.
El cerebro y la piel integran el denominado sistema neuroinmunocutáneo-endocrino (NICE), en el que los sistemas nervioso, inmunitario y endocrino se comunican de manera constante. Cuando una persona está bajo presión, el organismo libera cortisol y adrenalina: hormonas que promueven la inflamación y debilitan la barrera cutánea, lo que facilita la penetración de irritantes.
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El estrés también activa los mastocitos, células que liberan histamina, leucotrienos y prostaglandinas, sustancias asociadas a la hinchazón, el enrojecimiento, la picazón y el aumento del flujo sanguíneo.

“Se convierte en un círculo vicioso”, afirmó la Dra. Keira Barr, dermatóloga con doble certificación y especialista en trauma somático. También explicó que “cuando notas una nueva descamación, un grano o enrojecimiento, tu sistema nervioso lo interpreta como una amenaza. Entonces aumentan las hormonas del estrés, se activan las vías inflamatorias y la piel continúa inflamándose”.
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Urticaria crónica espontánea
La primera afección es la urticaria crónica espontánea (UCE), caracterizada por la aparición repetida de ronchas con picazón, hinchazón y manchas durante al menos seis semanas, sin que sea posible identificar un desencadenante claro.
Más frecuente en mujeres de entre 20 y 40 años, los brotes de la UCE son impredecibles: suelen aparecer durante unas 24 horas y desaparecen, solo para reaparecer en otro lugar del cuerpo.
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El Dr. Jonathan A. Bernstein, alergólogo inmunólogo certificado y profesor de medicina, señaló a Women’s Health que el estrés no actúa como un desencadenante directo, sino que genera cambios físicos, entre ellos el aumento de la temperatura corporal, la elevación del cortisol y la producción de neuropéptidos, que activan los mastocitos y empeoran los síntomas.
Psoriasis
La psoriasis se manifiesta con placas gruesas, rojas y con escamas plateadas que aparecen principalmente en codos, rodillas, cuero cabelludo y zona lumbar. La afección ocurre cuando el sistema inmunitario se vuelve hiperactivo y provoca que las células de la piel se renueven a un ritmo anormalmente acelerado.
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El estrés incide en esta enfermedad al estimular la producción de citocinas inflamatorias, proteínas que coordinan la respuesta inmunitaria, y suprimir al mismo tiempo las citocinas antiinflamatorias, lo que altera la función de barrera de la piel. Este mecanismo explicaría por qué los síntomas de la psoriasis tienden a acentuarse durante períodos de tensión emocional.

Eccema
El eccema, también llamado dermatitis atópica, es una afección inflamatoria que puede agravarse en contextos de estrés. Sus síntomas varían según el tono de piel: en personas con piel oscura, las erupciones suelen ser marrones, grises o moradas; en las de piel más clara, tienden al rosa o al rojo. Las manchas pueden ser abultadas, escamosas o con ampollas, y aparecen en cualquier parte del cuerpo.
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“El eccema se debe a una disfunción de la barrera cutánea y a una desregulación inmunitaria”, explicó la Dra. Barr a Women’s Health, y las investigaciones vinculan ambos factores con el estrés, lo que dificulta el control de los síntomas durante los episodios de mayor presión emocional.

Cuándo consultar a un médico
Ante cualquiera de estas afecciones, los especialistas recomendaron acudir a un dermatólogo, inmunólogo o alergólogo certificado cuando los síntomas afecten la calidad de vida, el sueño o las actividades cotidianas.
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La Dra. Barr advirtió que los remedios encontrados en redes sociales pueden resultar contraproducentes si no se conoce el diagnóstico preciso.
Para orientar la consulta, los médicos sugieren llegar preparados con información sobre el historial médico personal y familiar, los medicamentos en uso y detalles sobre los síntomas: cuándo comenzaron, qué porcentaje del cuerpo afectan, la intensidad del picor o el dolor, y si existe algún factor que los agrave.
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El médico y el paciente deben acordar el tratamiento, con atención a las preferencias de cada persona: algunos medicamentos son sistémicos y pueden tener efectos secundarios más amplios, mientras que otros son más localizados pero de acción más lenta.
Reducir el estrés también forma parte del abordaje. La especialista aconsejó estrategias como pasar tiempo con personas cercanas, practicar la respiración abdominal profunda y salir a caminar. “Esto contribuye a regular la respuesta inflamatoria del organismo y a aumentar la resistencia frente a los desencadenantes de un brote”, explicó la Dra. Barr a Women’s Health.
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