Del sistema inmune a la microbiota: beneficios de los alimentos fermentados avalados por la ciencia

Cada variedad aporta microorganismos distintos que producen vitaminas esenciales, protegen al organismo de bacterias dañinas y reducen el riesgo de enfermedades crónicas como la obesidad y la diabetes tipo 2

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Ilustración plana de cinco frascos de conservas alineados, conteniendo pepinillos, zanahorias, una col, aceitunas y morrones rojos y amarillos, sobre fondo amarillo pastel.
La incorporación de alimentos fermentados en la dieta favorece el metabolismo, fortalece el sistema inmunitario y equilibra la flora intestinal (Imagen Ilustrativa Infobae)

La incorporación de alimentos fermentados en la dieta ha generado interés por los efectos positivos que tienen sobre la salud. Distintos especialistas y entidades coinciden en que consumir regularmente estos productos puede favorecer tanto el metabolismo como el sistema inmunitario y la flora intestinal.

El papel de los alimentos fermentados en el cuerpo humano

Los beneficios provienen de los microorganismos vivos que proliferan durante el proceso. El doctor David S. Ludwig, profesor de nutrición en Harvard, explica que estos microbios enriquecen el microbioma intestinal, lo que ayuda a regular el sistema inmunitario y a prevenir la inflamación perjudicial.

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Este equilibrio puede reducir el riesgo de padecer afecciones crónicas como la obesidad, la diabetes tipo 2 y enfermedades neurodegenerativas. Además, investigaciones realizadas en Corea sobre el consumo de kimchi relacionan la ingesta de vegetales fermentados con una mejora significativa en el metabolismo de la glucosa, un sistema inmunitario más robusto, niveles reducidos de triglicéridos y un aumento del colesterol HDL.

Frasco de vidrio transparente herméticamente sellado lleno de pepinos en rodajas en conserva, colocado sobre una mesa de madera rústica bajo iluminación suave.
Investigadores de Harvard destacan que los microorganismos vivos de los alimentos fermentados enriquecen el microbioma y reducen el riesgo de enfermedades crónicas (Imagen Ilustrativa Infobae)

El consumo frecuente de verduras fermentadas también se asocia con una presión arterial más baja, lo que resulta llamativo considerando el contenido de sodio de estos productos. Según Robert Hutkins, microbiólogo de la Universidad de Nebraska en diálogo con Time Magazine, una posible explicación es que los beneficios de estos alimentos pueden contrarrestar los efectos negativos del sodio sobre la presión arterial. Además, los estudios citados por Hutkins destacan que estos alimentos conservan fibra, vitaminas y minerales, y que sus microorganismos vivos ofrecen ventajas adicionales sobre las versiones no fermentadas, como mayor apoyo a la salud intestinal y metabólica.

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En tanto, el doctor Gail Cresci, de la Cleveland Clinic, resalta que las bacterias beneficiosas del intestino, alimentadas por alimentos fermentados y fibra soluble, ayudan a descomponer carbohidratos complejos y generan compuestos útiles para el organismo. Asimismo, estas bacterias producen vitaminas esenciales, como las del grupo B y K, y protegen al organismo de bacterias dañinas al reducir el pH intestinal y secretar proteínas antimicrobianas. Cresci añade que una microbiota diversa está vinculada a un menor riesgo de enfermedades crónicas como obesidad, asma y enfermedad inflamatoria intestinal.

Un estudio publicado en Scientific Reports evaluó el impacto del consumo diario de encurtidos fermentados de origen vegetal en la microbiota intestinal y el perfil inmunológico de mujeres en edad reproductiva. A lo largo de 12 semanas, 223 participantes consumieron 50 gramos diarios de diferentes tipos de comidas en conserva, mientras se monitorearon parámetros clínicos, inflamatorios y la composición de la microbiota intestinal. Los resultados mostraron que en los grupos que consumieron variantes de cebolla y de limón, la diversidad bacteriana intestinal aumentó de forma significativa, mientras que en los grupos de rábano y zanahoria se observaron reducciones en leucocitos, neutrófilos y plaquetas, lo que sugiere un efecto modulador sobre la respuesta inmune y la inflamación.

Un primer plano de un frasco de vidrio transparente y herméticamente cerrado, repleto de aceitunas verdes rellenas con trozos de pimientos rojos.
Los expertos recomiendan consumir de dos cucharadas a tres cuartos de taza de verduras fermentadas por día para aprovechar sus beneficios saludables (Imagen Ilustrativa Infobae)

La investigación de 2025 demostró que estas comidas pueden modificar favorablemente la composición y diversidad de la microbiota intestinal, además de modular algunos biomarcadores hematológicos e inflamatorios en mujeres expuestas a condiciones de desnutrición. El cumplimiento con la intervención fue elevado y los efectos secundarios fueron leves y transitorios. Estos hallazgos sugieren que la incorporación de alimentos fermentados de origen vegetal, accesibles y culturalmente aceptados, podría representar una estrategia nutricional viable para mejorar la salud intestinal e inmunológica en poblaciones vulnerables.

Consejos para el consumo y la variedad

Añadirlos a la dieta puede realizarse de manera sencilla y segura, siempre que se sigan ciertas recomendaciones sobre la cantidad y la diversidad de productos consumidos. Hutkins, microbiólogo de la Universidad de Nebraska, sugiere que la cantidad diaria ideal oscila entre dos cucharadas y tres cuartos de taza de verduras fermentadas. Esta es la franja que ha mostrado beneficios en los estudios científicos citados. Superar esa cantidad podría acarrear problemas, principalmente por el contenido de sodio de estos productos.

Para quienes desean incorporarlos de forma habitual, los expertos invitan a optar por una variedad de conservas como pepinos, repollo, zanahorias y pimientos. La diversidad es clave porque cada tipo de verdura aporta distintos microorganismos, ampliando el repertorio microbiano que llega al intestino. Este principio explica, según Hutkins, por qué recetas pueden ser particularmente beneficiosas para la salud. El surtido microbiano resultante se considera un enfoque más protector y saludable, aunque aún se requieren más estudios para determinar su impacto preciso en la salud general.

Frasco de vidrio hermético con morrones rojos y amarillos en tiras, aceite, romero, laurel y granos de pimienta. Se asienta sobre una superficie de madera.
Las conservas industriales pasan por controles sanitarios rigurosos, mientras que las preparaciones caseras requieren normas de higiene estrictas para evitar riesgos (Imagen Ilustrativa Infobae)

El consumo debe equilibrarse con productos frescos y bajos en sodio, como frutas y vegetales de hoja verde, para evitar un exceso de sodio, advierte la nutricionista Frances Largeman-Roth a Time Magazine. Incluso entre los productos fermentados, es preferible buscar aquellos con menor contenido de sal y revisar las etiquetas para elegir opciones más adecuadas. También recomiendan consumir pepinillos después de actividades que impliquen sudoración intensa, como el ejercicio o sesiones de sauna, ya que en estos casos la sal ayuda a reponer electrolitos perdidos.

La Cleveland Clinic insiste en que la fibra soluble de legumbres, avena y frutas favorece el desarrollo de la microbiota intestinal cuando se combina con alimentos fermentados. Por otro lado, la fibra insoluble de cereales integrales, aunque saludable, no promueve de manera significativa la diversidad microbiana intestinal.

En cuanto al consumo industrial o casero, cada método presenta diferencias claves tanto en la seguridad como en el valor nutricional. Cuando se realizan en fábricas, los productos pasan por controles sanitarios rigurosos, lo que minimiza el riesgo de contaminación bacteriana.

La preparación en el hogar permite seleccionar ingredientes frescos y controlar los aditivos, pero implica riesgos si no se siguen protocolos estrictos en cuanto a la higiene. Por ello, organismos como la Organización Mundial de la Salud y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades recomiendan seguir normas precisas al preparar conservas en casa para evitar riesgos para la salud.

Cuatro frascos de vidrio sellados, con pepinillos, aceitunas mixtas, pimientos rojos y amarillos, y cebolla en rodajas, sobre una mesa de madera clara.
Diversificar entre pepinillos, morrones, cebollas y otras conservas fermentadas amplía el repertorio microbiano intestinal y brinda mayor protección para la salud (Imagen Ilustrativa Infobae)

Alimentos en conserva recomendados

  • Pepinillos fermentados: uno de los más populares. Aportan microorganismos vivos, siempre que no hayan sido acidificados solo con vinagre.
  • Chucrut: elaborado a partir de col fermentada, es tradicional en la cocina alemana y de Europa central. Es fuente de vitamina C y probióticos. Su consumo regular se asocia con beneficios metabólicos y digestivos.
  • Kimchi: originario de Corea, el kimchi combina col china con otras verduras como rábanos y cebollas, junto a ajo, jengibre y especias. Esta mezcla potencia la diversidad microbiana, lo que podría incrementar sus efectos protectores y de apoyo al sistema inmunitario.
  • Aceitunas fermentadas: muy presentes en la dieta mediterránea, pasan por un proceso de conserva que mejora su sabor y aumenta su conservación. Aportan grasas saludables, fibra y compuestos antioxidantes.
  • Verduras variadas fermentadas: zanahorias, rábanos, coliflor, pimientos y otras hortalizas pueden prepararse en conserva mediante fermentación, lo que permite prolongar su vida útil y sumar diferentes microorganismos a la dieta.

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