
La hipertensión arterial se mantiene como una de las principales amenazas para la salud pública en Argentina y el mundo. Según datos recientes, la presión arterial elevada afecta a uno de cada tres argentinos, mientras que solo uno de cada cuatro logra controlar la enfermedad.
En el contexto del Día Mundial de la Hipertensión, que se conmemora cada 17 de mayo, instituciones médicas y expertos subrayan la urgencia de avanzar en estrategias de diagnóstico, prevención y tratamiento para reducir la mortalidad cardiovascular, la principal causa de muerte en América.
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Las estadísticas generales indican que la mitad de quienes padecen hipertensión desconocen su condición, lo que dificulta la intervención oportuna. La hipertensión arterial suele cursar en silencio durante años, sin síntomas, y su evolución progresiva aumenta el riesgo de complicaciones graves como accidente cerebrovascular, infarto agudo de miocardio y enfermedad renal.
“Es una enfermedad silenciosa que puede pasar desapercibida durante años. Por eso, el control periódico y la detección temprana son fundamentales para prevenir complicaciones cardiovasculares graves”, explicó a Infobae el doctor Miguel Schiavone, jefe de la Unidad de Hipertensión Arterial, Cardiometabolismo y Dislipemia del Hospital Británico.
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De acuerdo con la Federación Argentina de Cardiología (FAC), la medición correcta de la presión arterial es el método más eficaz para el diagnóstico. El cardiólogo Marcos Baroni recomendó a Infobae tomar la presión en un ambiente tranquilo y en silencio, después de al menos cinco minutos de reposo, sin haber fumado ni consumido café, y utilizando tensiómetros automáticos validados.
Además, sugirió apoyar la espalda en el respaldo de la silla, asegurarse de no tener ganas de orinar, colocar las plantas de los pies en el piso y medir la presión en ambos brazos para obtener resultados confiables.
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Diagnóstico temprano, hábitos y control

La hipertensión arterial se define como el aumento sostenido de la presión por encima de los valores normales, situando el umbral en 140 mmHg de presión sistólica y/o 90 mmHg de presión diastólica. En Argentina, cerca de 12,1 millones de personas viven con hipertensión arterial, y alrededor de 10,1 millones no logran mantenerla bajo control.
Los factores de riesgo más relevantes incluyen obesidad, sedentarismo, tabaquismo, estrés crónico, insomnio, consumo excesivo de sal y alimentos ultraprocesados.
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Según datos oficiales, la mortalidad cardiovascular en Argentina fue responsable de 433.500 fallecimientos en 2021, con casi la mitad de los casos asociados a presión arterial sistólica elevada. El riesgo de muerte prematura por enfermedades no transmisibles asciende al 13%, reflejando el peso persistente de la hipertensión en la salud pública nacional.

“Estos números nos muestran dónde debemos enfocar nuestros esfuerzos: en mejorar la concientización para un diagnóstico temprano y en optimizar el acompañamiento a los pacientes para que alcancen un control efectivo de su presión“, señaló a Infobae el doctor Pablo Rodriguez [N.M. 75816], Presidente de la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial (SAHA).
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”La obesidad y el sobrepeso juegan un rol central como los principales factores de riesgo, generando una alteración conocida como síndrome cardio-reno-hepato-metabólico, que conduce a la hipertensión“, agregó.
Si bien estos factores de riesgo impactan a toda la sociedad, su prevalencia no es uniforme. De hecho, la hipertensión no afecta a todos por igual. Mientras que hasta la menopausia los hombres la padecen con mayor frecuencia, a partir de los 50 años la incidencia en mujeres aumenta significativamente. Además, el factor socioeconómico es un elemento determinante. “Se sabe que, en las poblaciones con menores ingresos, la prevalencia de hipertensión es mayor y el control es menor“, advirtió el especialista.
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Un modelo internacional a seguir
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) promueven el modelo HEARTS como estrategia técnica integral para el manejo de enfermedades cardiovasculares, hipertensión, diabetes y dislipidemia desde la atención primaria.

El acrónimo HEARTS resume seis pilares estratégicos: hábitos y estilos de vida saludables, evidencia clínica, acceso a medicamentos y tecnologías esenciales, enfoque en riesgo cardiovascular global, trabajo en equipo multidisciplinario y sistemas de monitoreo y evaluación.
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La OPS y OMS detallan que el modelo HEARTS busca estandarizar los protocolos, mejorar el control de estas condiciones y reducir la mortalidad prematura. Esto se traduce en la reorganización del primer nivel de atención, donde médicos, enfermeros y farmacéuticos trabajan colaborativamente para acompañar a los pacientes. La clave reside en la implementación de protocolos clínicos estandarizados y el seguimiento continuo de indicadores, fortaleciendo así la calidad en la atención y los resultados sanitarios.
El enfoque en estilos de vida saludables implica asesorar en dieta, actividad física y cese del tabaquismo. Las recomendaciones de especialistas incluyen reducir el consumo de sal —actualmente en 9 gramos al día en promedio, casi el doble de lo sugerido por la OMS—, priorizar frutas, verduras y fibra, y realizar al menos 150 minutos de actividad física semanal. La adopción de rutinas de sueño adecuadas y el control regular de la presión arterial completan las pautas preventivas.
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Las directrices del modelo HEARTS también enfatizan el acceso a medicamentos y equipos validados, como tensiómetros automáticos, para garantizar mediciones precisas tanto en consultorios como en el hogar. El cardiólogo Baroni desaconsejó el uso de dispositivos automáticos de muñeca, ya que suelen arrojar resultados inexactos. El registro domiciliario de la presión arterial resulta ideal para el seguimiento a largo plazo, facilitando la detección de variaciones y la adaptación de tratamientos.
Tecnología, inteligencia artificial y monitoreo remoto
El avance de la tecnología médica está transformando la manera de abordar enfermedades crónicas como la hipertensión arterial. La integración de soluciones digitales permite un monitoreo más preciso al combinar datos clínicos de múltiples fuentes, generando una visión más completa del paciente y facilitando decisiones clínicas oportunas. El análisis avanzado de información ayuda a identificar patrones de riesgo y anticipar complicaciones, lo que puede marcar la diferencia entre intervenciones tardías y prevención efectiva.
La incorporación de la inteligencia artificial (IA) está comenzando a optimizar procesos clínicos, facilitando la interpretación de grandes volúmenes de datos, reduciendo los tiempos de análisis y priorizando casos de mayor riesgo. Esta innovación aumenta la eficiencia operativa en hospitales y clínicas, además de aliviar la carga de trabajo del personal de salud. La IA permite que los profesionales se concentren en la atención directa al paciente, mejorando la adherencia al tratamiento y el control efectivo de la enfermedad.

El monitoreo remoto, otra tendencia destacada, brinda la posibilidad de realizar un seguimiento continuo de pacientes fuera del entorno hospitalario. Este enfoque promueve una participación más activa del paciente en el cuidado de su salud, mejora la adherencia a la medicación y permite detectar desvíos en tiempo real, lo que contribuye a un mejor control de la hipertensión arterial. El Hospital Británico sugiere utilizar tensiómetros validados en el hogar, en reposo y con el brazo a la altura del corazón, realizando al menos dos mediciones para obtener un promedio confiable.
La efectividad de estas innovaciones depende de la implementación adecuada. La interoperabilidad de sistemas, la usabilidad de las herramientas y su integración en la práctica clínica diaria resultan determinantes para obtener resultados sostenibles. La tecnología debe responder a las necesidades reales de quienes la utilizan, alineándose con prácticas preventivas y diagnósticas que permitan reducir la brecha entre tratamiento y control.
La hipertensión arterial exige una respuesta integral que combine prevención, diagnóstico oportuno, tratamiento adecuado y seguimiento continuo. La innovación tecnológica y la estandarización de protocolos internacionales, como HEARTS, ofrecen nuevas herramientas para acelerar el control de una enfermedad que afecta a millones y eleva el riesgo de muerte prematura.
La prioridad clínica y estratégica reside en detectar a tiempo, intervenir y sostener el control, en un esfuerzo conjunto entre sistemas de salud, profesionales y pacientes.
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