
Expertos en ciencia deportiva y entrenamiento de alto rendimiento aseguran que el cardio no es el factor más importante en la pérdida de peso. La clave para adelgazar radica, en primer lugar, en mantener un déficit calórico. Es decir, para perder peso es imprescindible consumir menos calorías de las que se gastan, independientemente del tipo de ejercicio realizado.
Según la revista especializada en deportes, Runners World, el experto en ciencias del deporte, entrenamiento de fuerza y la hipertrofia muscular Aitor Zabaleta-Korta, explica que lo fundamental es la base de la “pirámide de adelgazamiento”: el equilibrio energético. Si una persona consume más calorías de las que gasta, ganará peso; si gasta más de las que ingiere, lo perderá. Todas las estrategias, ya sea correr, caminar o reducir la ingesta de alimentos, apuntan a ese objetivo. A partir de ahí, las elecciones que se tomen pueden hacer el proceso más eficaz y sostenible.
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El especialista recomienda priorizar alimentos saciantes para evitar el hambre prolongada. Entre las opciones más recomendadas se encuentran los vegetales integrales y los alimentos ricos en fibra, que ayudan a mantener la saciedad durante varias horas. El índice de saciedad de Holt, publicado en el European Journal of Nutrition, destaca la papa cocida como uno de los alimentos más efectivos para reducir el apetito.
El rol del ejercicio y la flexibilidad en la dieta
En el siguiente nivel de importancia se sitúa la actividad física, donde el cardio cumple un papel relevante, pero no exclusivo. Zabaleta-Korta señala que ser activo a lo largo del día, por ejemplo aumentando la cantidad de pasos diarios, contribuye tanto a la quema de calorías como a la salud general. Además, subraya la importancia del entrenamiento de fuerza, ya que el músculo actúa como órgano endocrino y metabólico, influyendo directamente en el gasto energético y la composición corporal.
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El experto destaca que la flexibilidad en la dieta es esencial para evitar la sensación de restricción excesiva. Poder permitirse saltarse la dieta de forma ocasional y adaptar el consumo de grasas y proteínas para aumentar la saciedad ayuda a mantener la adherencia a largo plazo y a evitar el abandono del proceso.
En conclusión, adelgazar de manera eficiente requiere un enfoque integral que combine déficit calórico, una alimentación adecuada en nutrientes y saciedad, actividad física regular —incluyendo ejercicios cardiovasculares y de fuerza—, y una actitud flexible hacia la dieta. Así, la pérdida de peso se vuelve más sostenible y menos dependiente de una única estrategia.
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El papel del entrenamiento de fuerza en la pérdida de peso
El entrenamiento de fuerza no solo complementa el ejercicio cardiovascular, sino que cumple un rol clave en el proceso de adelgazamiento. Según el experto, el músculo es un órgano metabólico y endocrino que influye directamente en el gasto energético diario.

Al desarrollar masa muscular a través de ejercicios de fuerza, el cuerpo incrementa su capacidad para quemar calorías, incluso en reposo. Este efecto es importante porque, durante un déficit calórico, existe el riesgo de perder tanto grasa como músculo; incluir fuerza en la rutina ayuda a preservar la masa muscular.
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Además, el entrenamiento de fuerza mejora la sensibilidad a la insulina y contribuye a una mejor composición corporal, ya que facilita la reducción de grasa y la conservación del tejido magro. Por estos motivos, los especialistas recomiendan combinar ejercicios cardiovasculares con rutinas de fuerza para conseguir una pérdida de peso más eficiente, sostenible y saludable.
Alimentos que favorecen la saciedad y ayudan a perder peso
Incorporar alimentos saciantes es una estrategia eficaz para controlar el apetito y facilitar la pérdida de peso. Hay opciones que se destacan por su capacidad para reducir la sensación de hambre durante varias horas. La papa hervida ocupa el primer lugar en el ranking, seguida por alimentos ricos en fibra como las legumbres, frutas enteras, verduras y cereales integrales.
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Estos productos aportan volumen, requieren más tiempo de digestión y ayudan a mantener estables los niveles de glucosa en sangre. Optar por proteínas magras —como huevos, pescados, carnes blancas y lácteos descremados— también incrementa la saciedad, ya que su digestión es más lenta y contribuye a conservar la masa muscular durante el déficit calórico. Elegir estos alimentos como base de la alimentación diaria puede facilitar el control del apetito y hacer más sencillo sostener una dieta orientada a la reducción de peso.
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