
Correr 40 kilómetros ya representa un desafío físico enorme. Pero completar 171 kilómetros en terreno de montaña lleva el cuerpo a un límite poco habitual. Ahora, una investigación sugiere que ese esfuerzo extremo no solo agota músculos y articulaciones: también impacta directamente en los glóbulos rojos, las células encargadas de transportar oxígeno en la sangre.
El estudio, dirigido por Travis Nemkov en la Universidad de Colorado Anschutz y publicado en Blood Red Cells & Iron, muestra que las carreras de ultrafondo pueden acelerar el envejecimiento celular y provocar alteraciones estructurales medibles en los glóbulos rojos.
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Más que anemia: una mirada profunda
Desde hace años se sabe que los corredores de larga distancia pueden desarrollar anemia, una condición asociada a la disminución de glóbulos rojos. Sin embargo, los mecanismos detrás de ese fenómeno no estaban del todo claros.
Para investigarlo, el equipo analizó a 23 atletas que participaron en dos competencias exigentes: una de 40 kilómetros y otra de 171 kilómetros (el Ultra Trail de Mont Blanc). Se tomaron muestras de sangre antes y después de las pruebas, lo que permitió comparar los cambios celulares provocados por el esfuerzo.

Los investigadores examinaron miles de proteínas, lípidos y metabolitos en el plasma y en los glóbulos rojos, con el objetivo de detectar señales de daño.
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Pérdida de elasticidad y estrés oxidativo
Tras completar las carreras, las células sanguíneas mostraron una disminución en su elasticidad. Este rasgo es fundamental: los glóbulos rojos deben deformarse para atravesar capilares muy estrechos. Cuando pierden flexibilidad, su capacidad para circular y transportar oxígeno se ve comprometida.
El deterioro parece estar vinculado a dos factores principales. Por un lado, el estrés mecánico generado por las variaciones de presión y el impacto repetido del ejercicio prolongado. Por otro, el estrés oxidativo, un proceso en el que se acumulan moléculas que dañan componentes celulares cuando los sistemas antioxidantes no logran neutralizarlas.

Incluso después de una carrera de 40 kilómetros ya se detectaban cambios. En distancias de ultramaratón, el daño era más marcado. “En algún punto entre la maratón y la ultramaratón, el daño realmente comienza a arraigarse”, explicó Nemkov.
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¿Efecto transitorio o riesgo a largo plazo?
A pesar de los hallazgos, los investigadores advierten que aún no está claro si estas alteraciones son completamente reversibles o si pueden tener consecuencias duraderas. El estudio no busca desalentar la práctica del ultrafondo, sino comprender qué ocurre a nivel celular cuando el cuerpo es llevado al extremo.
Los resultados no solo interesan a la medicina deportiva. También podrían aportar información valiosa para los bancos de sangre.
Los glóbulos rojos almacenados para transfusiones sufren un proceso de deterioro con el tiempo. En muchos países, su uso está limitado a unas seis semanas debido a cambios estructurales que reducen su funcionalidad.
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Comprender cómo el ejercicio extremo acelera procesos similares podría ayudar a identificar mecanismos compartidos y, eventualmente, mejorar las condiciones de almacenamiento.
El profesor Angelo D’Alessandro, coautor del estudio, destacó que estas células son resistentes, pero muy sensibles a factores físicos y oxidativos. Ajustar protocolos de entrenamiento, recuperación y nutrición podría reducir el impacto observado en atletas.
Próximos pasos
El trabajo presenta algunas limitaciones, como el número reducido de participantes y la evaluación en solo dos momentos (antes y después de la carrera). Los investigadores planean ampliar la muestra, realizar seguimientos más prolongados y analizar si las células recuperan completamente su estado original con el tiempo.
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El hallazgo abre una nueva línea de estudio sobre cómo el esfuerzo extremo modifica procesos biológicos básicos. También plantea una pregunta más amplia: hasta qué punto el cuerpo humano puede adaptarse al límite sin dejar huellas invisibles.
Por ahora, la evidencia muestra que los ultramaratones no solo ponen a prueba la resistencia física y mental, sino también la capacidad de las células sanguíneas para soportar condiciones extremas.
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