
El botulismo del lactante es una de las enfermedades infecciosas bajo vigilancia epidemiológica en Argentina. Se trata de un cuadro causado por la bacteria Clostridium botulinum, que puede afectar a niños menores de un año y se manifiesta principalmente a través de síntomas neuromusculares.
Entre 2019 y 2025, el Ministerio de Salud de la Nación confirmó 211 casos en todo el país, con una tendencia al aumento desde 2021. Los datos, publicados en el último Boletín Epidemiológico Nacional, permiten analizar los principales mecanismos de contagio, la distribución de los casos, los síntomas más frecuentes y las medidas implementadas para su prevención y vigilancia.
¿Qué es el botulismo del lactante?
El botulismo del lactante es una enfermedad causada por las neurotoxinas producidas por la bacteria Clostridium botulinum. Esta toxina afecta el sistema nervioso y puede provocar parálisis muscular. Según el Ministerio de Salud, la mayoría de los casos confirmados en el país corresponde a niños menores de un año, con una edad promedio de 17 semanas. El periodo más vulnerable se ubica entre las 5 y las 24 semanas de vida.

La enfermedad se manifiesta cuando las esporas de la bacteria ingresan al tracto digestivo del lactante y, debido a la inmadurez intestinal, germinan y liberan la toxina dentro del organismo.
¿Cómo se contagia el botulismo del lactante?
El contagio del botulismo del lactante ocurre por la ingestión de esporas de Clostridium botulinum presentes en el ambiente o en ciertos alimentos.
La miel es la fuente alimentaria más conocida, pero también se han identificado casos asociados a la exposición ambiental, principalmente en zonas rurales. Por su parte Mayo Clinic aseguró que “es más probable que sea la exposición a la tierra contaminada con la bacteria”.
El Boletín Epidemiológico Nacional precisó que “el botulismo del lactante es producido por la ingesta de esporas”, lo que diferencia esta forma del botulismo alimentario, que se produce por el consumo de toxinas ya formadas en alimentos contaminados. No existe transmisión de persona a persona.

Las esporas presentes en el polvo ambiental o en suelos pueden ingresar al organismo del lactante y, debido a la falta de una flora intestinal protectora, la bacteria encuentra las condiciones para multiplicarse y liberar toxinas.
Síntomas y diagnóstico
Los síntomas iniciales del botulismo del lactante pueden ser inespecíficos. Entre los más frecuentes se encuentran el estreñimiento, la dificultad para succionar o alimentarse, disminución del llanto, hipotonía muscular y debilidad progresiva. En casos avanzados puede observarse parálisis flácida y compromiso respiratorio. También según la Organización Mundial de la Salud (OMS) pueden ser “fatiga intensa, debilidad y vértigo”.
El diagnóstico requiere la identificación de la toxina botulínica o la bacteria en las heces del paciente. El Ministerio de Salud confirmó que durante el período de 2019 a 2025 no se registraron fallecimientos entre los casos confirmados, lo que atribuye al acceso temprano al diagnóstico y tratamiento específico.
Evolución de los casos en Argentina
Entre el 1 de enero de 2019 y el 31 de diciembre de 2025, Argentina confirmó 211 casos de botulismo del lactante sobre un total de 446 notificados como sospechosos, según el Boletín Epidemiológico Nacional. El informe señaló que a partir de 2021 se registra una tendencia al aumento de los casos: 37 en 2023, 33 en 2024 y 44 en 2025.

La distribución geográfica mostró que el 80% de los confirmados se concentró en las regiones Centro, Sur y Cuyo. El 77% de los lactantes afectados tenía menos de seis meses. Los especialistas atribuyen esta tendencia a la persistencia de condiciones ambientales y a la mayor detección por la vigilancia epidemiológica activa en zonas con antecedentes de presencia de la bacteria.
Prevención y vigilancia
La prevención del botulismo del lactante se basa en evitar la exposición de los bebés a fuentes de esporas de Clostridium botulinum. El Ministerio de Salud recomienda no dar miel a menores de un año y extremar la higiene en los entornos donde se crían niños pequeños, especialmente en áreas rurales o con antecedentes de la enfermedad.
El sistema de vigilancia nacional realiza un seguimiento telefónico diario de los casos y mantiene comunicación con los equipos de epidemiología de las provincias para asegurar el acceso al tratamiento y la disponibilidad de insumos médicos. El Boletín Epidemiológico Nacional subrayó que “la vigilancia activa y la pronta notificación son claves para controlar la enfermedad y reducir el impacto en la población infantil”.
El seguimiento de los pacientes confirmados se realiza de manera nominal a través del Sistema Integrado de Información Sanitaria (SISA).
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