
El ejercicio físico regular transforma el corazón de deportista y lo vuelve más eficiente, aunque puede implicar ciertos riesgos en situaciones específicas, según advierten expertos de Harvard. Esta adaptación permite que dicho órgano sea más grande y fuerte, capaz de bombear más sangre con cada latido.
El entrenamiento habitual mejora la eficiencia de las células cardíacas y la conducción eléctrica, permitiendo contracciones más rápidas y eficaces. Además, las arterias ganan flexibilidad y el número de receptores beta-adrenérgicos en el corazón aumenta, mejorando la respuesta ante el esfuerzo físico. Pero en ocasiones deriva en situaciones no deseadas.
Riesgos cardíacos asociados al entrenamiento intenso
Sportlife señala que el ejercicio excesivo o un entrenamiento desproporcionado pueden provocar efectos adversos. “Puede causar estrés en el corazón y, en algunos casos, derivar en una sobrecarga crónica que puede desencadenar enfermedades cardíacas”, señalaron en la publicación.
Los deportes de alto impacto pueden aumentar la presión arterial durante la actividad, elevando el riesgo de enfermedad arterial coronaria. El desequilibrio entre beneficios y riesgos aparece especialmente cuando la exigencia supera la adaptación fisiológica.

La hipertrofia ventricular izquierda (HVI) se destaca como uno de los principales riesgos; consiste en un aumento del tamaño del ventrículo izquierdo fruto del entrenamiento intenso. Si bien puede mejorar el rendimiento, representa un factor de riesgo para disfunciones cardíacas, arritmias y, en casos extremos, muerte súbita.
El síndrome de QT largo (LQTS), un trastorno del ritmo cardíaco hereditario o adquirido, se caracteriza por una prolongación anormal del tiempo de repolarización ventricular. Los deportistas con LQTS tienen una probabilidad mayor de sufrir arritmias potencialmente mortales durante la actividad física. Estos riesgos no siempre se detectan sin estudios específicos.
Un estudio citado por sportlife y publicado en la Revista Española de Cardiología señala que el 96% de los casos de muerte súbita asociada al deporte ocurre en deportistas recreativos. La causa más frecuente, con un 63% de los casos, es la cardiopatía isquémica, que abarca infartos de miocardio y anginas de pecho.

El riesgo de muerte súbita es mayor en hombres, especialmente en quienes practican fútbol antes de los treinta y cinco años y en ciclistas o corredores a partir de los treinta y nueve años. Estos datos resaltan la necesidad de atender los factores de riesgo individuales y las particularidades de cada disciplina deportiva.
Prevención y vigilancia médica ante la práctica deportiva
Para reducir los riesgos cardíacos vinculados al deporte, sportlife recomienda realizar un examen médico completo antes de cualquier programa de entrenamiento. Estas evaluaciones pueden incluir pruebas de esfuerzo, electrocardiogramas y estudios genéticos para detectar posibles problemas cardíacos subyacentes.

Además, es fundamental que deportistas, entrenadores y personal médico sepan identificar y responder ante signos de emergencia cardíaca. La formación en primeros auxilios y el acceso a equipos de reanimación resultan determinantes en situaciones críticas. La preparación frente a emergencias puede salvar vidas en un entorno deportivo.
El corazón de quienes practican deporte se fortalece y se adapta para mejorar el rendimiento, pero no está exento de riesgos. La vigilancia médica y la prevención resultan esenciales para disfrutar de los beneficios de la actividad física sin comprometer la salud cardiovascular, como insiste sportlife.
Recientemente, un estudio realizado por la Universidad de Barcelona destacó que incorporar revisiones cardíacas anuales en deportistas amateurs redujo los episodios de complicaciones cardíacas severas un 40%. El seguimiento regular permite detectar afecciones silenciosas y ajustar el entrenamiento de forma más segura y personalizada.

También se recomienda fomentar una cultura de autocuidado y conciencia sobre la salud cardíaca entre los deportistas. Adoptar hábitos como escuchar las señales del cuerpo, no ignorar síntomas como dolor en el pecho, palpitaciones o fatiga inusual, y buscar atención médica ante cualquier anomalía, puede marcar la diferencia en la prevención de eventos graves.
La educación en salud y la comunicación abierta entre atletas, cuerpos técnicos y profesionales médicos fortalecen la seguridad en la práctica deportiva.
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