
Charles Duhigg, periodista estadounidense, escritor y autor del best seller “El poder de los hábitos”, es reconocido internacionalmente por su investigación sobre el comportamiento y la formación de hábitos.
Ganador del premio Pulitzer y exreportero de The New York Times, dialogó con Mel Robbins en The Mel Robbins Podcast sobre cómo los hábitos, gestionados conscientemente, pueden cambiar la vida de cualquier persona.
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¿Cómo se forma un hábito?
Según Duhigg, entre el 40% y el 45% de nuestras acciones diarias corresponden a hábitos automáticos. “Somos lo que hacemos repetidamente”, citó Duhigg a Aristóteles, subrayando la importancia de los hábitos en la vida cotidiana.
Estas conductas automáticas se originan en los ganglios basales, una zona cerebral que permite automatizar tareas, ahorrar energía y liberar recursos mentales. “Sin hábitos, tendríamos que pensar cada vez cómo caminar o qué comer”, explicó Duhigg.

Todo hábito se compone de tres elementos: una señal que dispara la conducta, una rutina que es el comportamiento, y una recompensa que cierra el ciclo. Comprender esta estructura permite modificar hábitos ya existentes o crear otros nuevos. “Si podemos diagnosticar la señal y la recompensa de una conducta, podemos cambiar ese hábito o construir uno nuevo”, puntualizó Duhigg.
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Este proceso, presente en humanos y animales, se observa en ejemplos como el entrenamiento de un perro, donde la señal, la rutina y la recompensa están claramente identificadas. En los humanos, el cerebro enlaza este ciclo hasta que la conducta se vuelve automática.
Tres hábitos clave con efecto dominó
Duhigg identificó tres “hábitos clave” capaces de desencadenar una reacción positiva en distintas áreas de la vida:
1. Ejercicio físico
El ejercicio físico encabeza la lista de hábitos transformadores. “El ejercicio es un hábito clave porque desencadena otros comportamientos positivos”, explicó Duhigg. Investigaciones muestran que quienes adoptan una rutina de ejercicio tienden a comer más sano, gastar menos y viajar menos en el trabajo, sin haberlo planeado.
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La clave, según Duhigg, está en definir con claridad los tres componentes del bucle: escoger una señal (dejar las zapatillas junto a la cama o pactar salir con alguien), realizar la rutina (salir a correr o caminar) y disfrutar de una recompensa inmediata (bebida, ducha o marcar el logro en el calendario). “El error más común es no planificar estos tres componentes y no disfrutar la recompensa”, advirtió. Incluso una sola sesión semanal puede cambiar la autopercepción.

2. Rutina matutina y método ARC
El segundo hábito es la rutina matutina, que puede “transformar el resto del día” siguiendo el método ARC: anticipación, relajación y conexión.
- Anticipación: pensar en algo positivo que ocurrirá ese día.
- Relajación: disfrutar de una taza de café o una ducha plácida.
- Conexión: vincularse con una persona, una mascota o uno mismo mediante meditación.
Acciones simples, como hacer la cama, pueden cumplir con los tres componentes si se realiza con intención y presencia. Duhigg resaltó que “no es la acción en sí, sino la intención y la presencia en el momento lo que genera el impacto”. Recomienda incluir en la rutina organizar la casa, desayunar, compartir con la familia o meditar brevemente. “El objetivo es ser intencional y planificar el día, lo que ayuda a tomar mejores decisiones y evita distracciones”, sostuvo.
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3. Seguimiento de conductas
Por último, el seguimiento o registro de una conducta ayuda a mantener la intención y la presencia. Para Duhigg, anotar datos sencillos (consumo de agua, comidas o gastos) mejora el enfoque y facilita detectar patrones. “Cuando rastreamos algo, nos recordamos el porqué de esa acción. Nos mantenemos presentes e intencionales”, explicó.
No se necesita un registro exhaustivo; basta con elegir el área clave y asociarla a un propósito concreto. “El simple hecho de escribir lo que comemos o revisar los gastos una vez por semana puede generar cambios significativos”, afirmó.
Cómo cambiar hábitos indeseados
Duhigg propuso la “regla de oro”: en lugar de intentar eliminar un hábito, hay que identificar su señal y su recompensa y sustituir la rutina por otra que mantenga esa recompensa. Por ejemplo, si se busca distracción con snacks nocturnos, se podría reemplazar por llamar a un amigo o practicar una nueva actividad.
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Aconseja planificar estos cambios cuando la mente está en calma y escribir el nuevo ciclo: señal, rutina y recompensa. “La clave es decidir de antemano qué hacer cuando aparezca la señal, para que la respuesta sea automática”, afirmó.
Durante la charla, Duhigg y Robbins compartieron ejemplos prácticos, recomendaron enseñar a los niños a reconocer sus hábitos y remarcaron la importancia de la autopercepción. “Cuando nos vemos como personas disciplinadas o saludables, es más fácil mantener los hábitos positivos”, destacó Duhigg. El seguimiento puede adaptarse a cualquier ámbito: alimentación, dinero o gestión emocional.
La reflexión final es clara: “Cualquier hábito puede ser cambiado. Podemos ser la persona que queremos ser cambiando nuestros hábitos.” Incluso los patrones negativos pueden transformarse si se reconoce el ciclo y se interviene. El verdadero poder de los hábitos radica en la posibilidad de rediseñar la identidad propia y construir la vida deseada.
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