
Los arándanos son frutos pequeños de color rojo o azul, originarios de regiones frías de América del Norte y conocidos por su sabor ácido. Se consumen frescos, en jugos o procesados.
Ya se sabe que el consumo de arándanos ayuda a prevenir infecciones urinarias al impedir que bacterias se adhieran al tracto urinario. Además, aportan antioxidantes que protegen las células del daño.
Científicos de Canadá descubrieron un beneficio nuevo: el jugo de arándano también potenciaría la eficacia del antibiótico fosfomicina contra la bacteria Escherichia coli y reduciría la aparición de patógenos resistentes.
El hallazgo fue publicado en la revista Applied and Environmental Microbiology y podría favorecer un mejor tratamiento de las infecciones urinarias.
La investigación fue desarrollada por Marie-Christine Groleau, Sébastien Houle, Ana C. Quevedo, Geoffrey McKay, Dao Nguyen, Charles M. Dozois, Nathalie Tufenkji y Eric Déziel. Forman parte del Instituto Nacional de la Investigación Científica y la Universidad McGill, de Canadá.
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Un fruto con historia

El arándano (cuyo nombre científico es Vaccinium macrocarpon) prospera en climas fríos y se distingue por su color rojo y sabor ácido. Desde hace varias décadas, se usa como barrera frente a infecciones urinarias.
Las proantocianidinas y la fructosa del arándano evitan que las bacterias se fijen a las células del tracto urinario. Así, los microbios encuentran obstáculos para desarrollar la infección.
El arándano contiene antioxidantes que protegen las células del daño. Por estos beneficios y su potencial médico, la investigación científica sigue explorando nuevas aplicaciones para este fruto.
Los expertos de Canadá intentaron comprobar si el jugo puro de arándano aumentaba la sensibilidad de cepas clínicas de Escherichia coli uropatógena a la fosfomicina, que es un antibiótico común para infecciones urinarias.
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Ciencia en un vaso

Con ese objetivo en mente, los científicos exploraron el efecto del jugo de arándano sobre bacterias responsables de infecciones urinarias, que afectan a más de 400 millones de personas cada año en todo el mundo, según otro estudio publicado en la revista Frontiers in Public Health.
Se estima que más de la mitad de todas las mujeres tendrá al menos una infección urinaria en su vida.
Los investigadores reunieron treinta y dos cepas clínicas de Escherichia coli, tomadas de pacientes reales, para analizar si el jugo podía modificar la eficacia del antibiótico fosfomicina.
Para el experimento, cultivaron las bacterias en dos tipos de medio: uno con jugo de arándano puro, suministrado por el Instituto Cranberry y diluido al 50%, y otro medio sin jugo de arándano.
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Buscaron simular condiciones similares a las que pueden presentarse en el tracto urinario de una persona que consume jugo de arándano.

El equipo utilizó pruebas de sensibilidad con discos impregnados en fosfomicina. En el 72% de las cepas estudiadas, el jugo de arándano amplió el área donde la fosfomicina impedía el crecimiento bacteriano. Esto indicó que el jugo facilitó la acción del antibiótico, volviendo a las bacterias más vulnerables.
Los investigadores también midieron la frecuencia con la que las bacterias desarrollaban resistencia a la fosfomicina, un reto habitual en los tratamientos actuales.
Detectaron que, en presencia de jugo de arándano, la cantidad de bacterias resistentes disminuyó de modo notable, con tasas cien mil veces menores que en los cultivos sin jugo.
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Para comprender este fenómeno, analizaron el ADN de los microorganismos que lograron sobrevivir al antibiótico. Descubrieron que los caminos genéticos para lograr resistencia cambiaban según la presencia o ausencia del jugo.
Sin jugo, las bacterias mutaban principalmente en el gen glpT. Con jugo, los cambios ocurrieron en genes vinculados al transportador uhpT, lo que sugiere mecanismos de defensa distintos.
El estudio plantea que la fosfomicina y ciertos azúcares entran a la bacteria por los mismos canales. El jugo de arándano modifica la forma en que la bacteria usa esos canales de entrada, lo que favorece la absorción del antibiótico y dificulta la aparición de resistencia.
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Aunque los resultados entusiasman, los investigadores aclaran que el estudio no demuestra si el jugo ofrece los mismos beneficios después de ser consumido.
No se sabe si los compuestos activos llegan efectivamente a la zona de la infección en el cuerpo, y se necesitan estudios para determinar qué cantidad de jugo sería necesaria para lograr un efecto clínico.

Este avance abre la posibilidad de que el jugo de arándano se use como complemento natural en el tratamiento de infecciones urinarias.
A diferencia de estudios previos realizados con extractos específicos, esta investigación se centró en el jugo que las personas realmente consumen.
El siguiente paso será identificar qué componentes del jugo generan estos efectos y confirmar si su consumo puede beneficiar a quienes sufren infecciones recurrentes.

Ezequiel Córdova, médico infectólogo del Hospital Argerich de Buenos Aires y miembro de la Sociedad Argentina de Infectología, comentó a Infobae tras leer los resultados de la investigación: “Es un estudio interesante, pero trasladar estos resultados a la práctica clínica resulta difícil”.
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Las concentraciones de jugo utilizadas no son fácilmente reproducibles en los seres humanos y “no se conoce con precisión qué componente genera el efecto”, acotó.
Además, “lo observado in vitro no necesariamente se traduce en un beneficio clínico ni es extrapolable a otros antibióticos usados para las infecciones urinarias. Por lo tanto, se necesitan estudios clínicos en pacientes antes de poder hacer recomendaciones”, sostuvo Córdova, quien también es especialista en farmacología clínica por la Universidad de Buenos Aires.
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