
Los efectos del estrés no siempre se notan de inmediato. A veces se acumulan silenciosamente hasta que el cuerpo colapsa. Así lo describió Jamin Brahmbhatt, urólogo y cirujano robótico de Orlando Health y profesor adjunto en la Facultad de Medicina de la Universidad de Florida Central, en un artículo para CNN.
Tras años de afrontar con firmeza las exigencias del quirófano, terminó por verse afectado en aspectos tan diversos como el sueño, la salud cardíaca, la libido y la función urinaria.
PUBLICIDAD
El cuerpo y su respuesta automática
Para entender cómo el estrés actúa sobre el cuerpo, primero hay que diferenciar entre dos tipos: el estrés agudo, que es momentáneo y puede ser útil, y el estrés crónico, que permanece en el tiempo y desgasta.

Ante una amenaza percibida, el cerebro activa lo que se conoce como la respuesta de lucha o huida. El hipotálamo coordina la liberación de adrenalina y, más tarde, de cortisol.
PUBLICIDAD
La adrenalina actúa rápidamente: acelera el pulso, dilata las vías respiratorias, aumenta el flujo sanguíneo a los músculos y agudiza los sentidos.
El cortisol, en cambio, tiene efectos más sostenidos: eleva el azúcar en sangre, mejora la memoria y relega funciones como la digestión, la fertilidad y la inmunidad.
PUBLICIDAD
Cuando este sistema se activa con frecuencia, como ocurre en el estrés crónico, el cuerpo no recupera su equilibrio. Los niveles altos y sostenidos de cortisol terminan por dañar órganos y funciones esenciales.
El sueño interrumpido como señal de alerta
Uno de los primeros signos que destacó Brahmbhatt fue la alteración del sueño. Contó que él mismo pasaba noches dando vueltas en la cama, se despertaba con frecuencia y no lograba sentirse descansado.
PUBLICIDAD
Lo atribuyó al trabajo nocturno y a la cafeína, pero el malestar persistía. Luego, vinieron el aumento de peso y la fatiga durante el día, a pesar de una rutina física constante.
En CNN explicó que los niveles elevados de cortisol interfieren directamente con el sueño profundo y reparador. Sin descanso adecuado, la recuperación física y mental se interrumpe, y el ciclo se refuerza: más estrés, peor sueño, más agotamiento.
PUBLICIDAD
La vejiga como víctima silenciosa
Otra manifestación inesperada fue el impacto del estrés en su vejiga. En cada presentación pública o intervención televisiva, sentía una necesidad urgente e incontrolable de orinar.
El especialista lo interpretó como una reacción corporal al estrés, una respuesta que ahora entiende en términos fisiológicos. Los nervios que controlan la vejiga son sensibles a la sobrecarga emocional, lo que puede causar urgencia, aumento de la frecuencia urinaria e incluso pérdidas.
PUBLICIDAD
De acuerdo con el artículo de CNN los síntomas de vejiga hiperactiva tienen una correlación directa con la ansiedad sostenida. Incluso un estudio respaldó la explicación del experto.
Intimidad bajo amenaza hormonal
El estrés prolongado también afecta la vida sexual. No por una falta de interés racional, sino por una desconexión fisiológica.
PUBLICIDAD
Los niveles altos de cortisol reducen la producción de testosterona en hombres y estrógenos en mujeres. Esto afecta la libido, la excitación y la capacidad de alcanzar el orgasmo.

Además, el estrés compromete el flujo sanguíneo necesario para una respuesta sexual saludable, y el mal dormir agrava el desequilibrio hormonal.
PUBLICIDAD
En ese sentido, CNN citó una investigación que sitúan al estrés psicológico como una de las principales causas de disfunción sexual en adultos que no presentan otras patologías.
“Cuando estás estresado, la intimidad y la conexión suelen quedar relegadas a un segundo plano”, lo resumió Brahmbhatt.
Enfermedades asociadas al estrés crónico
El estrés crónico hace que con el tiempo la situación empeore. Ya no afecta el sueño del día a día o el deseo sexual. Enfermedades graves entran en juego. Brahmbhatt, cuando comenzó a notar cambios raros en sus palpitaciones, se realizó estudios y el resultado fue estrés.
Según la Asociación Americana del Corazón, el estrés eleva la presión arterial, deteriora la salud cardiovascular y fomenta hábitos nocivos como el tabaquismo, la mala alimentación y la inactividad física.
También puede acelerar enfermedades como el cáncer, al debilitar el sistema inmunitario, y favorecer condiciones como la diabetes, la ansiedad y la depresión.
En su artículo para CNN, el experto subrayó que el estrés crónico no es un estado emocional pasajero, sino un factor de riesgo biológico con efectos sistémicos. Aunque el cuerpo puede adaptarse a crisis puntuales, vivir bajo tensión constante sin abordarla puede convertirse en una amenaza para la salud a largo plazo.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
El café negro se asocia con la reducción de la grasa visceral, según expertos
La bebida, consumida sin azúcares ni cremas añadidas, favorece la movilización de ácidos grasos y contribuye al control glucémico, elementos que podrían ayudar a prevenir enfermedades metabólicas, de acuerdo a varios organismos científicos

Un estudio reveló que el café, incluso descafeinado, mejora el bienestar emocional y cognitivo
Investigaciones difundidas por New Scientist y Nature Communications revelan que esta infusión favorece la memoria, la atención y la reducción del estrés, gracias a la acción conjunta de la cafeína y los polifenoles sobre el microbioma intestinal

El envejecimiento humano da saltos bruscos a los 44 y 60 años
Un estudio de la Universidad de Stanford revela que el cuerpo experimenta cambios moleculares abruptos en dos etapas, replanteando la visión tradicional sobre el paso del tiempo y abriendo nuevas vías para la medicina preventiva y la gestión de la salud

Estornudos al mirar el sol: qué explica la ciencia sobre el síndrome ACHOO
Un reflejo hereditario y poco conocido hace que ciertas personas reaccionen de forma involuntaria al exponerse repentinamente al brillo intenso

Ducharse después de tener relaciones: qué beneficios puede aportar y qué errores recomiendan evitar los especialistas
Rutinas sencillas, la selección adecuada de productos y la importancia de ciertos hábitos contribuyen al bienestar corporal después de la actividad sexual



