
*Grupo INECO es una organización dedicada a la prevención, diagnóstico y tratamiento de enfermedades mentales. A través de su Fundación INECO, investiga el cerebro humano.
En los primeros meses del año, es común que las personas se fijen nuevos propósitos y metas, diseñando planes para alcanzarlos. Algunos ejemplos frecuentes incluyen pasar más tiempo con seres queridos, comer más sano, mejorar la calidad del sueño, realizar ejercicio con mayor regularidad y gestionar mejor el dinero, entre otros.
La doctora María Roca, coordinadora Científica de Fundación INECO y directora de INECO Organizaciones, afirmó que “crear nuevos hábitos saludables no es simplemente cuestión de fuerza de voluntad, sino de entender cómo funciona nuestro cerebro.

La evidencia y diversos estudios sobre el cerebro indican que muchas de las decisiones que tomamos en el día a día se basan en atajos cognitivos y procesos automáticos, con el fin de ahorrar recursos y energía para enfrentarnos al día a día. Asimismo, hay una tendencia natural a elegir actividades aprendidas y repetidas, lo cual puede hacer que en ocasiones nos cueste cambiar los comportamientos sobreaprendidos.”
En línea con lo mencionado, la profesional agregó que “es importante tener presente que todo cambio implica un proceso de esfuerzo y de desgaste, salir de lo conocido y de la zona de confort. Esto debe ser tenido en cuenta para favorecer el desarrollo de metas de forma prudente y realista”.
A continuación, la doctora Roca presentó cuatro claves respaldadas por la neurociencia para establecer metas y objetivos que se sostengan en el tiempo.

El cambio en las rutinas puede generar sensaciones de malestar o resistencia. Esto es completamente normal, ya que el cerebro busca la eficiencia y prefiere lo conocido. Reconocer esta incomodidad como parte natural del proceso ayuda a no desistir al primer obstáculo.

La repetición es esencial para formar nuevos hábitos. Al repetir una acción, el cerebro refuerza las conexiones neuronales necesarias para automatizar esa conducta. Con el tiempo, esta acción se vuelve un hábito.

Dividir un objetivo grande en pequeños logros facilita su cumplimiento y reduce la sensación de fracaso. Cada pequeño paso logrado refuerza el compromiso. Más aún, es preferible centrarse en un hábito a la vez, permitiendo que cada uno se consolide antes de pasar al siguiente.

Si bien la perseverancia es fundamental, también es necesario ser capaz de adaptarse a las circunstancias del entorno. Mantener un objetivo fijo sin ajustarlo a las condiciones cambiantes puede dificultar el éxito. La flexibilidad permite reajustar las metas sin perder de vista el propósito final.
La aplicación de estos principios basados en la neurociencia no solo facilita la adopción de nuevos hábitos, sino que también aumenta las probabilidades de que estos se mantengan en el tiempo, contribuyendo a una vida más equilibrada y saludable.
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