
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que aproximadamente 280 millones de personas sufren depresión. Este trastorno se diagnostica mediante la presencia de, al menos, cinco síntomas, entre los cuales se encuentran el estado de ánimo deprimido o la pérdida de interés o placer, durante un período mínimo de dos semanas.
“Otros síntomas pueden incluir cambios en el apetito o el peso, problemas de sueño, falta de energía, sentimientos de inutilidad o culpa, y dificultades para concentrarse”, explicó en una nota reciente en Infobae Irene Ampuero, psicóloga general sanitaria especializada en terapia infanto-juvenil y adultos del Instituto Psicológico Cláritas de Madrid, España.
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Sin embargo, algo que desvela a los científicos es qué sucede en el cerebro cuando una persona se deprime. Aunque existen nuevas técnicas como la resonancia magnética funcional (fMRI), los investigadores no habían podido encontrar diferencias importantes en la estructura o en las conexiones del cerebro entre personas sanas y deprimidas.
Un estudio reciente de un equipo internacional de científicos liderado por Charles Lynch y Conor Liston, de la Universidad Cornell (EE. UU.), identificaron una serie de regiones del cerebro que tienen casi el doble de tamaño en las personas con depresión.
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El trabajo, publicado en la revista Nature explicó que esa red cerebral específica, llamada saliencia frontoestriatal, presentó una mayor expansión en personas que sufren ese trastorno, comparadas con aquellas que no lo padecen. Este hallazgo podría proporcionar nueva información sobre los factores de riesgo ante el desarrollo de esta enfermedad.
En palabras de Conor Liston, autor principal del estudio del Weill Cornell Medicine, esta condición es, “por definición, un síndrome psiquiátrico episódico que se caracteriza por periodos de bajo estado de ánimo mezclados con periodos de bienestar”. Es por eso que es especialmente problemático estudiar la enfermedad.
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Cómo se hizo el estudio
Los investigadores utilizaron una novedosa técnica de mapeo funcional de precisión para analizar múltiples exploraciones de imágenes por resonancia magnética funcional (IRMf) de cada individuo a lo largo de varios meses. Este procedimiento permitió medir con exactitud el tamaño de las redes cerebrales de los participantes. El estudio incluyó a 141 personas con depresión y a 37 personas sanas, con el objetivo de obtener un promedio del tamaño de las redes cerebrales de cada grupo.

El análisis reveló que la red de saliencia frontoestriatal, una parte del cerebro vinculada a la atención y otros procesos cognitivos, estaba expandida en un 73% en promedio en los participantes con depresión en comparación con los individuos sanos. Este descubrimiento fue respaldado por un análisis de escaneos cerebrales individuales previamente recopilados de 932 personas sanas y 299 personas con depresión.
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“Tener una red de saliencia más grande parece aumentar el riesgo de depresión: El efecto es un orden de magnitud mayor de lo que solemos ver en los estudios de IRMf”, agregó Liston.
Como trabajos anteriores han relacionado la red de saliencia con el procesamiento cerebral de las recompensas, su implicación en la depresión “tiene sentido, porque uno de los principales déficits de la depresión es la anhedonia, es decir, la incapacidad de sentir placer y disfrutar de las actividades cotidianas”, agregó el también firmante de estudio, el doctor Charles Lynch.
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El experto explicó que esta expansión implica que esta red cerebral “ocupa más espacio en la superficie del cerebro de lo que vemos como típico en los controles sanos”. Además, señaló que este aumento de tamaño en la red de saliencia frontoestriatal resulta en una reducción del tamaño de otras redes cerebrales vecinas.
El equipo agregó que un análisis de escáneres cerebrales de 57 niños que desarrollaron depresión cuando eran adolescentes reveló que esta red cerebral se expandió años antes de que se desarrollaran sus síntomas, mientras que también creció en adultos con depresión de aparición tardía.
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Sin embargo, los investigadores dijeron que no estaba claro hasta qué punto esta red agrandada era el resultado de la genética o de las experiencias, y si la asociación con la depresión surgía de esta expansión o de que otras redes cerebrales eran, en consecuencia, más pequeñas.

Durante años, muchos investigadores asumieron que las redes cerebrales tenían el mismo aspecto en todo el mundo, pero los hallazgos de este trabajo se basan -dijo Lynch- “en un creciente cuerpo de investigación que indica que hay diferencias fundamentales entre los individuos”.
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Este descubrimiento aporta datos a la comprensión de la neurobiología de la depresión y abre nuevas posibilidades para identificar aquellos en mayor riesgo de desarrollar el trastorno.
Los investigadores creen que, a medida que se profundice en el conocimiento de cómo estas redes cerebrales se estructuran y funcionan en personas con depresión, se podrían desarrollar tratamientos más eficaces y personalizados.
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