
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define a la actividad física como “cualquier movimiento corporal producido por los músculos esqueléticos, con el consiguiente consumo de energía”.
“La actividad física regular, como caminar, montar en bicicleta, pedalear, practicar deportes o participar en actividades recreativas, es muy beneficiosa para la salud. Es mejor realizar cualquier actividad física que no realizar ninguna”, postula la máxima entidad sanitaria del mundo.
En relación a quienes eligen no hacer ejercicio, la lista de riesgos y consecuencias es larga y puede variar según la persona y el tiempo. No por nada, la OMS informa que la inactividad física “es uno de los principales factores de riesgo de mortalidad por enfermedades no transmisibles”. Aquí, un repaso por algunas preguntas clave para tener en cuenta.

¿Cuál es la importancia de hacer ejercicio?
Tanto en niveles moderados o intensos, la OMS plantea que ejercitarse mejora la salud: “El ejercicio regular ayuda a prevenir y controlar las enfermedades no transmisibles, como las enfermedades cardíacas, los accidentes cerebrovasculares, la diabetes y varios tipos de cáncer. También ayuda a prevenir la hipertensión, a mantener un peso corporal saludable y puede mejorar la salud mental, la calidad de vida y el bienestar”.
En tanto, desde la Sociedad Estadounidense del Corazón, indican que la actividad física “realizada con regularidad puede reducir el riesgo de padecer muchos problemas médicos. Pero los beneficios no terminan ahí: es posible que te veas y sientas mejor, te fortalezcas y mejores tu flexibilidad, tengas más energía y reduzcas el estrés y la tensión”.
¿Qué pasa si no ejercitamos nuestro cuerpo?
En MedlinePlus, el sitio de la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos, señalan que cuando una persona tiene un estilo de vida inactivo puede sufrir algunas de las siguientes consecuencias. “
-Quema menos calorías, esto hace que tenga más probabilidades de subir de peso.
-Perder masa muscular y resistencia, porque no usa tanto sus músculos.
-Los huesos se debilitan y pierden algo de su contenido mineral.
-Su metabolismo puede verse afectado y su cuerpo puede tener más problemas para sintetizar grasas y azúcares.
-Su sistema inmunitario quizás no funcione tan bien.
-Puede tener una mala circulación de la sangre.

-Su cuerpo puede tener más inflamación.
-Puede desarrollar un desequilibrio hormonal.
“Un estilo de vida inactivo puede ser una causa de muchas enfermedades crónicas. Al no hacer ejercicio en forma regular, aumenta el riesgo de obesidad; enfermedades del corazón, incluyendo enfermedad coronaria e infarto; presión arterial alta; colesterol alto; accidente cerebrovascular; síndrome metabólico; diabetes tipo 2; ciertos tipos de cáncer, incluidos los de colon, seno y de útero; osteoporosis y caídas; y aumento de sentimientos de depresión y ansiedad”, apuntan desde MedlinePlus.
¿Cómo influye la falta de ejercicio en la obesidad?
De acuerdo a lo consignado por Mayo Clinic, “la obesidad no es solo un problema estético. Es un problema médico que aumenta el riesgo para muchas otras enfermedades y problemas de salud. Hay muchas razones por las que algunas personas tienen dificultad para perder peso. A menudo, la obesidad es el resultado de factores hereditarios, fisiológicos y ambientales, combinados con la alimentación, la actividad física y las opciones de ejercicio”.
Con respecto a la actividad física y las opciones de ejercicio, desde el centro de salud estadounidense amplían que realizar más actividad física o ejercicio es una parte fundamental del tratamiento contra la obesidad” e invitan, en estos casos, “a realizar al menos 150 minutos a la semana de actividad física de intensidad moderada. Esto puede ayudar a prevenir un mayor aumento de peso o a mantener la pérdida de una cantidad modesta de peso”.

¿Cómo empezar a hacer ejercicio después de mucho tiempo?
En muchos casos, retomar la actividad física luego de largos períodos de inactividad resulta desafiante. Por supuesto, se trata de un proceso paulatino que no debe precipitarse de un día para el otro: cada pequeño cambio es un avance y resulta fundamental. “Si usted ha sido sedentario, puede que tenga que comenzar lentamente.
Se puede seguir agregando más ejercicio en forma gradual. Cuanto más pueda hacer, mejor. Pero trate de no abrumarse y haga lo que pueda. Hacer poco ejercicio es siempre mejor que nada. Eventualmente, su meta podrá llegar a hacer la cantidad recomendada de ejercicio para su edad y salud”, sugieren en MedlinePlus.
Y añaden: “Hay muchas maneras diferentes de hacer ejercicio, lo importante es encontrar los tipos que sean mejores para usted. También puede tratar de añadir actividad física a su vida en pequeñas formas, como en la casa y el trabajo”.
En la misma línea, desde la Sociedad Estadounidense del Corazón aportan: “Anota los días que haces ejercicio. Escribe la distancia o la duración del ejercicio y da seguimiento a cómo te sientes después de cada sesión. También puedes aumentar el nivel de actividad que realizas en la casa haciendo quehaceres domésticos o trabajando en el jardín o en el patio. No tienes que inscribirte en un gimnasio ni comprar tu propio equipo para agregar actividad física a tu día. Identifica tus ejercicios preferidos — ya sea haciéndolos solo o acompañado, adentro o afuera — y la mejor hora del día para ti. Elige las actividades que te gusten y asegúrate de que sean convenientes. Ten un plan alternativo en caso de mal tiempo, como caminar en un centro comercial en los días lluviosos”.
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