
Es más común que el autismo y que cualquier otra dificultad del desarrollo, se trata del Trastorno del Desarrollo del Lenguaje (TDL), una condición que afecta al 7 por ciento de los niños. Cada vez se reciben más consultas por dificultades en la comunicación y en un aula de 30 chicos, entre 2 y 3 presentan este trastorno.
El TDL se manifiesta tanto con dificultades para entender y para hablar, como solamente para hablar.
En cuanto a su origen, es un trastorno de base neurobiológica que puede ser heredado o que también se presente aunque no haya nadie en la familia que lo tenga.
Implica la falta de una habilidad personal, como quien no tiene oído musical, no puede dibujar o practicar un deporte. El problema es que justamente se trata del lenguaje, una herramienta que necesitamos y usamos mucho para nuestro desempeño general. No poder hablar o entender repercute en muchos otros aspectos de la vida diaria, como la socialización, la conducta, la inteligencia y el aprendizaje.

Muchos chicos presentan trastorno del lenguaje silencioso. Como hablan bien, claro y sin problemas de pronunciación, no es tan obvia la dificultad. Pero puede que no entiendan las órdenes largas o la información abstracta, o que tengan una comprensión literal, o que no sepan organizar lo que quieren decir.
Por ejemplo, al contarles un cuento, les pedimos que lo relaten y no pueden. Les preguntamos qué hicieron en el colegio y no saben por dónde empezar a contar. Estos niños con trastornos silenciosos en general llegan al diagnóstico más tarde, en la primaria, cuando empiezan con problemas para leer o escribir.
Estamos viendo cada vez más casos de retraso del lenguaje en el Servicio de Fonoaudiología del Hospital Universitario Austral. Chicos de 2 o 3 años que no hablan, no porque tengan un trastorno del desarrollo, sino por falta de estimulación.
Es importante tener en cuenta que el lenguaje depende de la estimulación, y hoy sucede que los adultos tenemos menos tiempo para dedicarle al juego y a hablar con los hijos. Pero la televisión o la tablet no reemplazan la comunicación interpersonal. Solo se aprende a hablar en situaciones de necesidad comunicativa, donde hay un ida y vuelta real con otra persona. Necesitamos que otro nos hable para aprender.

Recibimos consultas por chicos que aprenden el abecedario completo, letras en chino o todos los números, pero no saben decir “me duele”, “mamá” o “papá”. No se saben comunicar. Se ha demostrado que un chico de entre 2 y 3 años expuesto a pantallas tendrá un riesgo 3.5 veces mayor de padecer un retraso en el lenguaje.
Si además de TDL, ese chico está hipoestimulado, el problema es doble. Aparte de las terapias, la familia tendrá que modificar su funcionamiento.
Consejos para detectar el TDL
De 1 a 2 años, observar si el niño cumple con estas pautas:
- Responde al sonido (por ejemplo, se asusta ante un timbre o una bocina fuerte).
- Responde a su nombre.
- Balbucea, hace sonidos con la boca.
- Tiene intención de comunicar algo, aunque no hable. Señala, rechaza con la cara o la mirada, lleva a la mamá de la mano para conseguir lo que quiere, etc.
Si todo esto está, podemos decir que el desarrollo de la comunicación va bien. Si alguna de estas cosas falta, hay que consultar al pediatra.

De 2 a 3 años, consultar si el niño:
- No tiene intención para comunicarse. Por ejemplo, llora y no sabe decir qué le duele.
- No responde a órdenes sencillas: “dame, tomá, vení”.
- No usa al menos 50 palabras sueltas.
- Presenta una regresión o estancamiento en el lenguaje. En el caso de la regresión, significa que el niño decía varias palabras pero a los pocos meses las perdió. El estancamiento consiste en la falta de avances.
La detección temprana es fundamental, porque el chico aprende más rápido, y tiene menos exigencias sociales y académicas. No hay presión del colegio, no hay plazos que cumplir y reducimos las consecuencias indeseadas. Un trastorno del lenguaje que no es tratado a tiempo empieza a sumar dificultades y complejidad.
La primera recomendación es consultar a tiempo y, una vez diagnosticado el trastorno, tener continuidad con las terapias. Hay que ser muy paciente, seguir los lineamientos de los profesionales y saber que esto tiene una duración limitada. Las ayudas que los chicos necesitan recibir hoy no son eternas. Y esas ayudas los llevarán a tener una vida independiente, en la mayoría de los casos.

En TDL tenemos tres modelos de evolución posible: un tercio de los chicos se normalizan y tienen una vida completamente normal. Otro tercio logran una normalización “funcional”: tienen un lenguaje en apariencia normal y hacen vida normal, pero si les toman alguna prueba específica del lenguaje puede que obtengan un puntaje más bajo. En general, son chicos que orientarán su carrera hacia oficios que no se relacionan con el lenguaje. El último tercio de los niños tendrán dificultades más severas y crónicas, pueden presentar algún grado de discapacidad intelectual y necesitarán más apoyo.
Los padres tienen que saber que es agobiante al principio y puede implicar mucho esfuerzo, pero la gran mayoría de los chicos van hacia una vida completamente independiente.
*La doctora Verónica Maggio es directora de la Diplomatura en Trastornos del Lenguaje Infantil de la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral.
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