
Quienes habitualmente cuidan su ingesta, sea por cuestiones de peso o para conservar una nutrición saludable, tal vez no estén haciendo bien la tarea.
Existe una buena posibilidad de que consideren que están comiendo más sano de lo lo que en realidad ingieren, según ha indicado un nuevo estudio de la Universidad de Harvard que acaba de presentarse en las Sesiones Científicas de la American Heart Association 2022.
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Las personas que hacen dieta intentan activamente tomar decisiones más saludables, ya sea cambiando el postre por fruta o comiendo apio con manteca de maní en lugar de papas fritas. Pero la investigación encuentra que la mayoría de las personas conservan sus patrones de alimentación habituales al intentar cambiar su dieta.

“Descubrimos que, si bien la gente generalmente sabe que las frutas y las verduras son saludables, puede haber una desconexión entre lo que los investigadores y los profesionales de la salud consideran una dieta sana y equilibrada en comparación con lo que el público piensa que lo es”, dice la autora del estudio Jessica Cheng, investigadora postdoctoral en epidemiología en la Escuela de Salud Pública TH Chan de Harvard, quien, además es profesional del Hospital General de Massachusetts.
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Las personas que buscan modificar su dieta, intentan incorporar más frutas y verduras en sus comidas, lo cual es excelente para la salud del corazón y la longevidad.
El estudio actual evaluó qué tan efectivas pensaban las personas que su dieta era para perder peso versus la realidad de su proceso de pérdida del mismo. Para ello, los investigadores rastrearon las dietas de 116 adultos de 35 a 38 años que estaban en ese proceso.
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Todos los participantes se reunieron con un dietista para hablar sobre su nutrición y registraron su ingesta de alimentos y bebidas durante todo el año utilizando la aplicación Fitbit.
Al principio y al final del estudio, los investigadores calcularon la puntuación del índice de alimentación saludable (HEI) de cada persona. El HEI es una medida que les permite a los investigadores saber cómo los patrones dietéticos de alguien se alinean con las pautas de la OMS.
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Entre 0 y 100, cuanto mayor sea la puntuación, más saludable será la dieta. Se pidió a las personas que recordaran lo que comieron en los últimos dos días, y la puntuación subió para alimentos como frutas y granos integrales y bajó para opciones menos saludables.
Antes de recibir sus puntajes HEI, el equipo les pidió a los participantes que calificaran qué tan saludable sentían que era su dieta antes y después del estudio. Las personas cuya puntuación auto percibida estaba entre 6 puntos de su puntuación HEI se consideraron en “buen acuerdo”.
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Creer más que hacer
1 de cada 4 personas tenía una visión realista de sus dietas, ya que su auto puntuación coincidía estrechamente con su puntuación HEI. Sin embargo, 3 de cada 4 personas tenían percepciones engañosas sobre la calidad de su dieta.
Casi el 75% pensó que mantenía una dieta saludable y obtuvo una puntuación de 67,6. Pero en realidad, su puntaje HEI promedio fue de 56.4.
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Al evaluar su dieta después de un año, solo 1 de cada 10 personas tenía percepciones precisas de sus cambios. Después de que terminó el experimento, los investigadores calcularon que las puntuaciones HEI de las personas aumentaron en un punto. Sin embargo, la mayoría de las se calificaron a sí mismas como haciendo grandes mejoras, estimando que su puntaje aumentaría en 18 puntos.

“Las personas que intentan perder peso, los profesionales de la salud que los ayudan o los objetivos relacionados con la nutrición deben ser conscientes de que es probable que haya más margen de mejora en la dieta de lo esperado. Estudios futuros deberían examinar los efectos de ayudar a las personas a cerrar la brecha entre sus percepciones y las mediciones objetivas de la calidad de la dieta” informa Cheng.
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Una forma en que los individuos pueden ser más conscientes de lo que están comiendo es buscar información sobre qué áreas de su dieta se pueden mejorar y sobre las formas de hacer cambios nutricionales saludables.
“Sobreestimar la salubridad percibida de la ingesta de alimentos podría conducir a un aumento de peso, frustraciones por no cumplir con los objetivos personales de pérdida de peso o una menor probabilidad de adoptar hábitos alimenticios más saludables. Estos hallazgos brindan información para abordar las brechas en la percepción y respaldar intervenciones realistas y duraderas de comportamientos alimentarios saludables” informa el especialista.
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El estudio tiene algunas limitaciones que podrían dificultar la generalización de los hallazgos al público. Para empezar, más de las tres cuartas partes de los participantes son mujeres y el 84% son caucásicos. Esto omite los factores culturales que dan forma a la dieta de una persona y la percepción de los alimentos nutritivos.
Tampoco evaluaron las percepciones de la calidad de la dieta durante todo el año, lo que podría haber ayudado a comprender cuándo las personas se volvieron más realistas sobre el valor nutricional de sus elecciones dietéticas.
De la investigación también participaron Tina Costacou, Susan M Sereika, Bonny Rockettewagner, Andrea Marie Kriska, Mary Lou Klem, Margaret B Conroy y Lora E Burke.
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