
El 29 de septiembre del año 2000 se conmemoró por primera vez el Día Mundial del Corazón por iniciativa de la Federación Mundial del Corazón (WHF), que agrupa a 220 sociedades y fundaciones en más de 100 países. Desde entonces, cada año se celebra en esta fecha con el propósito de generar conciencia acerca de la importancia de las enfermedades cardiovasculares, promoviendo estrategias de prevención, control y tratamiento con el fin de disminuir la mortalidad por estas causas.
La adecuada alimentación, el ejercicio y el control de los factores de riesgo son las herramientas para mitigar el desarrollo de enfermedades cardiovasculares que incluyen el infarto de miocardio y los accidentes cerebrovasculares.
Como lo describe este año la Federación Mundial del Corazón, “el Día Mundial del Corazón es una oportunidad para que todos se detengan y consideren la mejor manera de usar el corazón para la humanidad, para la naturaleza y para usted. Vencer la enfermedad cardiovascular (ECV) es algo que le importa a todo corazón que late”.

Las enfermedades cardiovasculares son responsables de una de cada tres muertes a nivel global y se estima que en el mundo fallecen unos 18 millones de personas al año. A la vez, se calcula que para el 2030 causarán 22 millones de muertes al año.
Pese a los avances significativos en la identificación y control de los factores de riesgo modificables para la enfermedad cardiovascular, incluyendo el tabaquismo, hipertensión, diabetes y dislipidemias, la enfermedad cardiovascular sigue siendo la principal causa de muerte y discapacidad en todo el mundo, y responde por cerca del 32% de todas las muertes de acuerdo con datos de 2021 de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Además de ello, después de un evento cardiovascular, los pacientes pueden sufrir tanto de reducciones agudas como a largo plazo en la calidad de vida relacionada con la salud, incluyendo movilidad y funcionalidad disminuidas, bien como aumento de la ansiedad, depresión, fatiga y disfunción sexual.
Según los datos de la 4ta Encuesta Nacional sobre Factores de Riesgo (realizada en 2018 en una muestra de 42.000 hogares), en la Argentina más del 60% de la población adulta presenta sobrepeso, más del 40% tiene hipertensión arterial y más del 30% tiene elevado el colesterol habiéndose detectado un descenso del tabaquismo del 25% en 2005 a un 22% en la actualidad.

Todos estos datos ponen en evidencia la elevada prevalencia de los factores de riesgo cardiovascular y nos deben hacer reflexionar acerca de lo importante que es para nuestra salud tener control de estos tanto como individuos como en las políticas de salud.
La hipertensión arterial es considerada como el principal factor de riesgo para el desarrollo de la enfermedad cardiovascular por su alta prevalencia, estimándose que es responsable del 50% la enfermedad cardiovascular isquémica y accidentes cerebrovasculares.
El Registro Nacional de Hipertensión Arterial “RENATA II”, muestra que la prevalencia de hipertensión arterial en la Argentina es del 36,3%, 3 de cada 10 personas no creen tener presión elevada y son hipertensos; y 6 de cada 10 hipertensos no tienen adecuado control de su presión. En nuestro país, las enfermedades crónicas no trasmisibles producen el 73% de las muertes.

La buena noticia es que controlando los factores de riesgo y con el tratamiento es posible reducir la probabilidad de padecer eventos cardiovasculares. En la actualidad, se disponen de guías de práctica clínica que permiten abordar eficientemente la terapéutica en forma segura. Un componente vital, sin embargo, es la adherencia al tratamiento por parte de los pacientes que decae con el correr del tiempo y que representa un importante inconveniente.
Los estudios muestran que la misma disminuye significativamente durante los primeros 6 meses posteriores a la prescripción (hasta un 50% de los pacientes abandonan el tratamiento durante ese período).
Es muy importante entonces la implementación de estrategias que refuercen acciones de sostén del tratamiento. La estrategia de un adecuado tratamiento debe plantearse en superar una brecha entre el conocimiento y la acción superando barreras que pueden impedir un tratamiento adecuado entre los actores médicos, los pacientes y el sistema de salud.

En resumen, existen evidencias concretas de que la enfermedad cardiovascular es causante de una elevada mortalidad y que deberemos utilizar todos los recursos disponibles para el tratamiento temprano de los factores de riesgo, tanto a nivel individual como a nivel de salud reforzando las estrategias diagnósticas y prevención como así también las campañas de concientización y tratamiento a nivel poblacional.
Incorporemos a nuestra vida el mensaje para este año en el Día Mundial del Corazón: “Usa el corazón para cada corazón”. Cuidar nuestro corazón es un deber para con nosotros mismos.
En una reciente publicación se estimó que con el aumento del 1% en el control poblacional de la presión arterial se disminuirá un 2,9% de las muertes debidas a cardiopatía isquémica y 2,37% de las muertes por accidente cerebrovascular cada 100.000 personas, esto es equivalente a 25.639 y 9.650 muertes evitables respectivamente.
*Alejandro Meretta es cardiólogo, jefe de Cardiología Nuclear del Instituto Cardiovascular Buenos Aires (ICBA)
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